Negociar Comida María Tudela Terapia Ocupacional NORMALI

El momento de la comida es una de las batallas clásicas entre padres e hijos; y si el niño tiene algún tipo de dificultad añadida – como pudiera ser el TEA – más todavía. Muchas veces, lo que se vive en la mesa durante la comida es una auténtica negociación en toda regla.

¿Cómo podemos afrontar este momento? La persuasión y el chantaje, sin duda, no son de los mejores métodos para conseguir que un niño coma; pero, si el niño es excesivamente inflexible por carácter o porque tiene algún tipo de trastorno, muchas veces pueden ser una herramienta útil.

1- Empieza pidiendo un poquito de lo que le cuesta a cambio de mucho de lo que le gusta.

Lo ideal es que el niño coma porque entiende que es algo necesario y bueno; y no motivado únicamente por recompensas externas. No obstante, los niños con TEA aprenden muy bien con consecuencias directas, por lo que si negociamos que para comer algo que le gusta mucho (por ejemplo, patatas fritas) tiene que comer un poquito de algo que no le gusta (por ejemplo, arroz). Es un medio por el que muy probablemente el niño acceda a comer.

2- Es importante que la recompensa sea suficientemente motivante y que lo que le pidamos no sea demasiado exigente  para él.

Hay que tener en cuenta que la comida que le guste sea suficientemente motivante, para lo que ayuda mucho que el niño tenga hambre, y que lo que le estamos pidiendo sea algo factible para él con un poquito de esfuerzo. No debemos pedirle imposibles, como pedirle a un niño que nunca ha masticado que de repente mastique un trozo de pechuga.

3- No tengas miedo de empezar “regalando”.

No tengáis miedo a ser demasiado blandos al principio, ofreciendo mucha recompensa por poco esfuerzo ya que, poco a poco y casi sin que el niño se de cuenta, podréis ir aumentando la exigencia. Cuando lo que le pidáis ya no le cueste casi esfuerzo, le pediréis entonces un poquito más de lo que le cuesta antes de lo que le gusta y así, progresivamente conseguiréis que vaya comiendo más cosas poco a poco.

Recuerdo un caso que trabajé durante el curso pasado con un niño con TEA. No aceptaba de ningún modo las verduras; por contra, le encantaban las hamburguesas y todo tipo de carne. ¿Qué hicimos? Comenzamos proponiéndole un pacto casi ridículo: “te comes dos guisantes y puedes tomar tu hamburguesa”. Aunque suene ridículo; lograr que accediese a comer esos dos guisantes en un plato enorme, lo cual los hacía más pequeños, no era cosa fácil. Sin embargo, lo exagerado de la recompensa hizo que el niño accediera a pesar de lo que le repugnaban.

Poco a poco, la cantidad de verdura que debía tomar antes de su plato favorito, iba aumentando muy progresivamente. Con este método, en tres meses era capaz de tomar un primer plato de verduras antes de pasar a la carne.

María Tudela. Terapeuta Ocupacional. Num. Col. 074

Ilustración: Szende Brassai

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