alimentación+comer+método+maríatudela+post

Cuando un niño no come, los padres son capaces de hacer cualquier cosa con tal de que lo haga. A continuación, exponemos según la descripción de Illingworth algunos métodos erróneos  muy utilizados por padres en apuros.

La descripción le Illingworth

  1. Método de distracción: consiste en distraer con la televisión, un hermano que baila o un sonajero que se agita para que el niño coma. El nivel más elevado de este método puede ser perseguir al niño mientras juega dándole la  comida.

  2. Amenazas: muchos padres han amenazado a sus hijos con promesas que nunca han cumplido (“si no comes, te abandonaré…”,”vendrá el coco…”,”no crecerás…”), por lo que suelen tener escasa repercusión.

  3. Comer a la fuerza: la fuerza física (cerrarle la nariz al niño, abrirle la boca…) de los padres suele acabar contrarrestada con un vómito del niño o una cuchara por el aire y a la larga, incluso desarrollando una fobia a la comida.

  4. Comer a la carta: algunos padres permiten que sus hijos “malos comedores” elijan entre un menú de posibilidades, lo que algunas veces ha desembocado en comer siempre lo mismo.

  5. Comer entre comidas: ya que el niño es poco comedor, se le permite “picar” entre comidas (leche, bollos…) con lo que obviamente no querrá comer después.

  6. Método de la persuasión: se trata de persuadir al niño para que coma porque los alimentos le reportarán beneficios que el niño no entiende, o porque así se cumplirá algún deseo (vendrá el padre, los Reyes Magos se alegrarán…) que a veces son difíciles de comprobar.

  7. Método del chantaje: si el niño come, se le permiten determinadas cosas (juguetes, dulces…) o tiempo libre (se le dejará despierto más tiempo…)

El mejor método.

Y es que la mejor forma de que un niño coma y desarrolle el apetito es que coma cuando tiene hambre. El problema es que los niños no llegan a pasar hambre porque las madres les dan de comer sí o sí, tengan hambre o no.

Si un día llegásemos a casa cansados y por lo que sea nos sintiéramos hinchados o con el estómago cerrado y no quisiéramos comer y viniera alguien, nos pusiera delante un plato de comida poco atrayente y nos obligara a comer, cogeríamos bastante aversión a ese plato. Sin embargo, si nos presentan ese mismo plato después de haber pasado dos días sin comer, seguro que lo comemos de buen gusto y nos parece delicioso.

El último recurso debe ser forzar o engañar al niño para que coma. Siempre que hayamos descartado problemas médicos y sensoriales (en tal caso siempre digo que es necesario acudir a un especialista) debemos jugar con dos bazas a nuestro favor: el intervalo de tiempo que el niño pasa sin comer y el tipo y la cantidad de comida que le presentamos. Cuanto más tiempo pase el niño sin comer, más hambre tendrá, y cuanto más apetitoso y atrayente sea el plato que le presentemos (colores, personajes que le gusten, etc…) más atracción tendrá por el plato. Es recomendable poner pequeñas cantidades para que le resulte fácil al niño acabarse el plato, siempre estará a tiempo de repetir y es mucho peor ponerle más cantidad y que se acostumbre a dejarse comida.

Basta con ser consecuente y tener muy claro que el niño sólo puede comer a la hora, en el lugar y la comida que los padres determinen y no pueden comer NADA entre horas. El hambre puede más que el carácter, si sois consecuentes y fuertes y cuando haya acabado el tiempo de comer (30 minutos aproximadamente) le retiráis el plato,  sin enfadaros porque el niño ha decidido no comer, porque no tiene suficiente hambre, el niño asumirá su responsabilidad y ya no verá el hecho de comer como una “neura” de sus padres, sino como un beneficio que si no aprovecha traerá como consecuencia unas horas de hambre hasta la siguiente toma. Pronto empezará a comer por voluntad (y hambre) propia y no por imposición de sus padres.

El DR. Julián Lirio explica muy bien este método el en libro “Niños, ¡A comer!” muy recomendable para aquellas familias con hijos caprichosos cuyo problema con la alimentación es principalmente de conducta.

Lo más importante: Querer es poder. Si realmente creéis que es importante, tenéis que haceros a la idea y buscar la mejor temporada para conseguirlo, viéndoos fuertes y capaces de mantenernos firmes, y por supuesto sabiendo que todos los adultos que convivís con el niño estáis de acuerdo y podéis emplear el método de forma uniforme, ya que si no, el niño aprovechará las disconformidades para ganaros la batalla.

¡Animo!

María Tudela. Terapeuta Ocupacional. Núm. Col. 074

Ilustración: Nick Charberlin.

Add Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>