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Category: Reflexiones

Reflexiones VIII: ¿Qué vas a hacer con los plátanos?

¿Conoces la historia de los monos y los plátanos? Dice así:

En el año de no sé qué década, unos científicos encerraron a 5 monos en una jaula y, en medio de ella, colocaron una escalera con una ristra de plátanos colgando del techo. En un primer momento, todos los simios se abalanzaron sobre la escalera para intentar alcanzar la comida, pero se llevaron un buen susto cuando fueron propulsados hacia atrás por un fuerte chorro de agua. Cada vez que alguno lo intentaba, los científicos le hacían caer a base de chorros a propulsión, con lo cual los monos aprendieron la lección: los plátanos eran inalcanzables; y dejaron de intentarlo.

Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los macacos por otro diferente, nuevo, completamente ajeno a la situación. ¿Qué ocurrió? Ya puedes imaginar al mono creyendo ser el más ingenioso: plátanos a unos saltos de la escalera, 2 congéneres quitándose los piojos el uno al otro, un mono durmiendo y el otro rascándose el trasero, ¿de verdad a ninguno le importaba aquel manjar? Pues raudo él se abalanzó sobre la escalera, la boca agua, la excitación corriendo por sus venas… Para recibir golpes, gruñidos, arañazos y empujones de sus semejantes en cuanto le vieron precipitarse tan decidido. Obviamente, sabían lo que le ocurriría: un dios enfurecido descargaría su rabia contra él; si no quería morir ahogado, más le valdría estarse quietecito y alabar los plátanos de lejos. El nuevo mono aprendió la lección y no lo volvió a intentar.

Al poco tiempo, los científicos volvieron a sustituir a otro de ellos y volvió a repetirse la escena; este también aprendió. Y así, poco a poco, fueron sustituyendo a todos los macacos de manera que ya no quedó ninguno de aquellos primeros que recibieron el chorro de agua propulsada. Los científicos siguieron sustituyendo a los simios, de manera que llegó un momento en que ya ninguno sabía el porqué original de la prohibición de coger los plátanos, aún a sabiendas de que constituían un alimento. Ni se lo cuestionaban.”

La gran alegoría del ser humano y la sociedad explícitamente expuesta en un experimento con macacos.

¿Qué es lo que nos pasa?

Vamos a la escuela y nos dicen que las cosas son así. Nos rebelamos contra el mundo en la adolescencia y nuestros padres nos dicen que las cosas son así. Vamos a la universidad o decidimos no ir y aprendemos abriéndonos al mundo que las cosas son así. Llegamos al trabajo y debemos aguantar lo que sea porque las cosas son así. Y seguimos haciendo lo que hacen los demás porque las cosas son así. Aceptamos el sistema general que nos rodea y que gobierna nuestras acciones cotidianas como si no pasara nada porque nos han enseñado que las cosas son así. Incluso cuando planteamos una nueva pregunta o intentamos coger uno solo de los plátanos, obtenemos por toda respuesta que las cosas son así, aprendiendo por tanto que la única actitud que nos mantiene con vida es la resignación.

Me pregunto qué habría pasado si en esa jaula de monos hubieran inyectado un virus cuya única vacuna estuviera en el nutriente de los plátanos. ¿No harían todos una cadena para aguantar con la fuerza de la unión el chorro que les cayera y conseguir así los plátanos y, por tanto, la salvación?

¿No es esto acaso lo que está ocurriendo ahora, hoy, mientras estás leyendo esto?

Mientras nos siguen diciendo desde las altas esferas que las cosas son así, somos los ciudadanos de a pie los que estamos construyendo cadenas de ayuda mutua: empresas que han modificado su maquinaria para construir respiradores; que han puesto todos sus recursos personales y materiales para la fabricación de equipos de protección; diseñadores, vendedores de ropa y particulares que han cogido sus máquinas de coser y se han volcado en tejer mascarillas y batas para el personal sanitario, enfermos y cuidadores; voluntarios jóvenes y adultos que se han puesto al servicio de sus mayores; artistas que amenizan las horas de encierro y que hacen más llevadero el duelo, un duelo que ni siquiera da tiempo a asimilar porque muy probablemente tampoco hubo despedida. Incluso grandes fortunas que han donado y traído materiales de fuera mientras nuestros gobernantes siguen barajando las cartas de la burocracia y retrasando la llegada de material. Gobernantes y políticos que, por cierto, no se han recortado el sueldo, ni han hecho ERTE a los cientos de diputados que están en sus casas sin hacer nada, ni tampoco han salido a hacer voluntariado para ayudar a tanta gente necesitada.

¿Y qué pasa mientras tanto fuera de esta jaula? Las aguas vuelven a aclararse, los delfines vuelven a las costas, algunas especies vuelven a reproducirse, la atmósfera se limpia, los animales campan a sus anchas, la naturaleza vuelve a respirar.

Y si, me pregunto, ¿y si conseguimos alcanzar los plátanos y salir de la jaula? ¿Qué pasaría?

¿Vamos a quedarnos de nuevo con la resignación como forma de vida? ¿O vamos a entender de una vez que los plátanos NO son un ideal inalcanzable al que mirar de lejos sino que son un alimento básico para nuestro desarrollo?

Dejemos de creernos a pies juntillas que las cosas son así porque otros lo dicen y preguntémosles por qué caramba son así. ¿Recuerdan el principio originario? Ajá, que no te sorprenda si ni ellos mismos tienen la respuesta. Entonces, ¿por qué no cuestionarlo TODO y formular un nuevo planteamiento que nos permita a todos alcanzar los plátanos sin matarnos a porrazos?

Lo que estamos viviendo hoy debería suponer un nuevo orden mundial puesto que, de no ser así, no habríamos aprendido absolutamente nada y entonces, permíteme al menos evocar a Mafalda y bajarme con ella del mundo. Si no aprendemos nada, los pobres saldrán más pobres y los ricos seguirán siendo los más ricos. Como siempre, podrán con nosotros unos cuantos chorros.

Y no me refiero a abrazarnos y besarnos con más sinceridad, ni a apreciar más la compañía de otros, ni a valorar más el momento presente, ni a cuidarnos más física y mentalmente, ni a ser más altruistas [porque hemos demostrado que lo somos], ni a visitar más a la familia ni a perseguir nuestros sueños. Todo esto espero que lo hagamos, que seamos conscientes de que no hay mayor regalo que el presente porque en cualquier momento llega una brisa y nos barre. Este cambio personal que algunos tanto necesitaban espero de veras que sea perenne. Sin duda, en esto sí habremos aprendido algo. Pero no hablo de esa índole personal, puesto que de todo ello ya te has ido dando tú cuenta a medida que han ido pasando los días de cuarentena; el nivel personal lo cubre cada uno a su medida.

Sugiero ir más allá y llegar a ese nivel social que nos hace crecer como especie; y a ese otro nivel natural o ecológico que nos hace estar en esta Tierra.

Esta crisis nos ha demostrado que las profesiones normalmente menos valoradas o más castigadas en esta sociedad de jefazos han sido, precisamente, las que nos están salvando el culo: limpiadores para desinfectar, agricultores, ganaderos y pescadores para el sustento; transportistas y repartidores para abastecer los mercados y los hogares, personal de supermercado, trabajadores sociales, maestros y profesores… la lista es inmensa. Y, por supuesto, los sanitarios. Todos ellos dando el callo día a día porque la clase política, mientras tanto, no han sabido estar a la altura. Parte de mí no les culpa [a los políticos], ¡es tan fácil decir “yo habría hecho esto o lo otro”! ¿Quién, en su situación, habría tenido el coraje de decir la verdad desde el principio, de reconocer que no existen medios, de anunciar miles de muertes, de cerrar el país entero desde el minuto en que se supo la progresión en el país vecino? Solo uno entre un millón lo hubiera hecho [porque los hay así, valientes, pero son muy pocos] y mucho me temo que hay más héroes de boquilla que de carne y hueso. Pero otra parte de mí quiere exigirles la responsabilidad que asumieron cuando tomaron sus puestos de presidente de tal o de ministro de cual.

Y al hilo de esto pende Europa. Sí, así me la imagino, pendiendo de un hilo que sujeta una mano verde y azul. Las discrepancias entre los países europeos se hacen cada vez más patentes. La UE se creó para la paz y la prosperidad de los pueblos; si no hay prosperidad, no queda nada para que la paz se rompa. Esto no es nuevo: ya lo hemos visto a lo largo de los últimos años con la partición social provocada por los independentismos nacionales e internacionales (véase el Bréxit). Ya nos costó recuperarnos de la crisis financiera de 2008, apenas veíamos la luz del túnel en el último par de años. ¿Qué va a pasar tras esta crisis sanitaria? Por favor, ¡que no vuelvan a venderte plátanos de plástico! En aquel momento, fue más importante salvar a los bancos y la gente de a pie fuimos castigados con recortes asfixiantes. Recortes que afectaron, principalmente, a esos profesionales que mencionaba antes… ¿ves la cadena? Y ahora, ¿a quiénes van a salvar? Si pretenden volver a sus piscinas climatizadas y sus mansiones con jardines exóticos, no hace falta que yo te conteste la pregunta. Cuando eso pase, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a quedarte en tu casa sentado en el sofá y cambiando los canales de la tele porque las cosas son así?

Nos hemos acostumbrado a tenerlo todo chas, así de fácil, a vivir demasiado cómodos, con un sofá donde poder apalancar nuestro trasero, un móvil de última generación que dura 2 años y enseguida desechamos cuando deja de ir tan rápido; uno, dos o tres coches por familia; una pantalla de TV en cada habitación además del salón. No controlamos el gasto energético que hacemos con el simple hecho de “estar en casa”, no entendemos los procesos y mecanismos que han hecho posible que tengas esa pantalla entre tus manos; ni mucho menos conocemos la jerárquica cadena que ha llevado a cabo esos mecanismos, empezando por el pobre explotado que libera una guerra cada día por extraer ESE material en concreto.

Damos por hecho también que tendremos hoy no solo un plato de comida en la mesa sino además una copita de vino, una cerveza, que no falten los picos y las aceitunitas. ¡Ah! Y el postre. Y la merienda. Y el picoteo después. Y la cena.

Estamos tan acostumbrados a que un pantalón cueste 30€ que no nos planteamos cuántas horas de trabajo hemos echado para ganar ese dinero, sino que directamente sacamos el billete de plástico de la cartera, como si nada.

Porque las cosas son así y no hace falta hacerse tantas preguntas, ¿no?

Estamos tan acostumbrados a la comodidad de nuestro sofá que no nos planteamos cuál fue el origen de tal o cual acción que hoy damos por sentado y nosotros mismos decimos que las cosas son así cuando viene otro joven e inexperto a importunar con sus preguntas nuestro aburguesamiento, como si la mera duda rompiera nuestra comodidad. ¿No es acaso eso precisamente lo que ocurre? ¿Que vemos peligrar nuestro confort y por eso seguimos resignándonos? Qué fácil es criticar desde el sofá, con tu cerveza en la mano y el posa vasos debajo no se te vaya a estropear la mesa del IKEA.

¡Despierta!

Ya hay, desde hace años, propuestas de economías verdes, como la economía circular, que han pasado deliberadamente desapercibidas porque a unos pocos ricachones no les conviene, porque produce más dinero destruir el planeta y seguir explotando a las personas. ¿Hace falta que te recuerde que esas pocas fortunas son solo el 1% de la población mundial? Quizás ha llegado el momento de que escuchemos a los expertos en economía ecológica y les demos prioridad a ellos antes que al puñado de burgueses que, sin tener siquiera formación académica, gobiernan nuestros pueblos. Ya que estamos, ¿no deberían ellos también pasar por las pruebas de admisión más duras, por los exámenes más difíciles, estudiando durante años y años para que al final quienes queden sean realmente los más aptos de la sociedad? Ah, pero es que las cosas son así, y los exámenes se dejan para los jueces, los médicos, los docentes y los policías, se me olvidaba.

Entonces, ¿qué propongo? Que pienses bien qué vas a hacer con los plátanos. Que te preguntes por qué son inalcanzables, cómo puedes llegar a ellos, a quién puedes ayudar en el camino y cómo o quién puede ayudarte a ti, qué medios has de poner para ello. Una vez que los tengas, comprueba si son de plástico o si son reales. Huélelos, ábrelos, explóralos, dales un bocado, cómete uno entero, convierte la cáscara en arte o en combustible, espachurra otro contra algún vecino aún adormilado, guarda uno como provisión. Recuerda, es en la responsabilidad individual donde yace la base y el mantenimiento de cualquier sociedad.

Vuelvo a preguntarte: ¿qué vas a hacer con los plátanos?

Relatos VI: Feliz no-cumpleaños / Stories VI: Happy non-birthday

Feliz no-cumpleaños.

Ayer enterramos a mi abuela.
Cuando iba camino a su casa temprano en la mañana, vi en un kiosko un libro de Antonio Machado, lo cogí y lo abrí por una página cualquiera. El poema decía algo así como “hoy te he visto cogerme de la mano y llevarme por la blanca vereda de la esperanza”… Y pensé que no era casualidad haber visto ese libro en ese kiosko en ese momento y encontrar justo ese poema de buenas a primeras. Las casualidades no existen.

Fui la última en despedirme por última vez,  antes de llevarla a la iglesia: “Felicidades, abuela, por toda una vida.” Le susurré al oído. Ayer también era su cumpleaños, el sacerdote tuvo el detalle de mencionarlo en la misa.

Después del funeral, me llevé a mi primo pequeño al Parque de los Príncipes, el parque de mi infancia. Él, mi primo, tiene 4 años. En realidad es el hijo de una prima mía pero no conozco el término para ese parentesco. Me da igual: él no tiene término, él es Andrés.

– ¿Sabes que hoy es un día especial? – le pregunto.
– ¿Por qué? – pienso en los últimos meses, en los últimos días, en la tormenta, en ella, en la calma, en el cementerio y toda la familia allí… le miro a los ojos y me embriaga su sencillez. Qué fácil parece todo de repente, el fin y el principio, todo a la vez. Respondo:
– Porque es mi cumpleaños
– ¿Y cuántos cumples?
– ¡Adivina!
– Hmm… ¡100! – qué maravilla, podría ser cierto, quién sabe cuántas vidas llevo dentro.
– ¿Compramos gusanitos?
– ¡¡Sí!! – su entusiasmo contagia; con una sonrisa completa su frase, como constatando el día – Porque hoy es un día especial.

Sí, lo era. También era el cumpleaños de mi abuela, su bisabuela; y su entierro. Qué poético. ¿Lo he dicho ya?

Compramos gusanitos y llegamos al parque. Andrés miraba el verde de los árboles, el movimiento de los columpios, las fuentes de piedra… Todo le maravillaba. Nos sentamos en un banco al sol a comernos los gusanitos.
– María, ¿por qué los bancos son verdes?
– Pues creo que los han pintado así para que hagan conjunto con el parque. Porque mira, Andrés, ¿de qué color es el césped, y los arbustos, y los árboles?
– ¡Verde! Aaaaaaaaaahhhh…. – abre los ojos entusiasmado – ¡Claro! ¡Para que tengan el mismo color que los árboles! ¡Qué bonito!
– ¿Verdad que sí?
Coge 4 hojas del suelo, y me pregunta:
– María, ¿por qué una hoja es verde, otra amarilla, otra marrón, y otra marrón más oscura?
– Pues creo que es porque se han caído en momentos diferentes y entonces algunas son más viejas que otras.
– Oohh…. entiendo… como ese árbol de ahí que es más pequeñito, ¿verdad? Cuando crezca, también se le caerán hojas marrones – Asiento, sonriendo, ha comprendido perfectamente en un momento con 4 hojas que la vida nace, crece, y se va. Entonces, se acerca a un arbusto- ¡Y mira las flores! ¡Blancas, amarillas, rosa! ¡Mira qué bonitas! – Me trae una, muy pequeñita, y con mucho mucho cuidado la posa en la palma de mi mano y dice:
– ¡Qué delicada es! – ¿De verdad tú tienes 4 años, Andrés? Creo que él también podría tener 100. Se sienta a mi lado de nuevo, cogiendo gusanitos del paquete, ahora dice que es una ardilla y se coloca los gusanitos de colmillos. Vuelven los 4 años como una ola a azotarme de alegría.
– ¿Escuchas los pájaros? – Preguntamos a la vez. Nos reímos.
– Sí, qué bonito, ¿verdad, María? Me gustan. – Sigue comiendo gusanitos, buscando los pájaros con la mirada.
– Vamos a dar un paseo, te voy a enseñar mi árbol favorito.
Llegamos, es un árbol de caucho de raíces gigantes que solía trepar cuando era pequeña.
– ¡Es el árbol más grande del mundo! – exclama, lanzándose hacia él. Entre saltos por las raíces encuentra una mariquita, quiere llevarla a casa y regalársela a mamá.

En el camino de vuelta, le digo que me voy a comer su comida y me contesta que se va a comer mi sol.
-¿Ah, sí? ¿Y a qué sabe el sol?
-¡A pera!
– ¿Ah sí? ¡Qué rico! ¡Voy a probarlo! – Y, justo antes de entrar, nos paramos en mitad de la calle, levantamos la cabeza al sol y lo saboreamos.

Una extraña sensación agridulce de calor con sabor a pera me acompañó el resto del día.

Mi abuela no llegó a los 100, pero casi. Entre su vida y las vidas que nacieron de ella sumamos más de mil años. ¡Habrá que celebrarlos!

Qué poética es nuestra existencia, aunque algunos no lo vean. Hay explosiones de música y colores por todas partes, empezando dentro de nosotros mismos. A partir de ahora, celebraré todos y cada uno de mis no-cumpleaños, porque la vida hay que celebrarla siempre, aunque a veces duela; y oler las flores y regalar mariquitas y preguntar por qué y maravillarse con los colores de las hojas. Empezaré hoy, dando las gracias:
– por existir,
– por la familia,
– por tod@s aquell@s que han decidido quedarse a mi lado por elección propia,
– a tod@s aquell@s que han cuidado de mi abuela especialmente en los últimos meses, incondicionalmente,
–  y a tod@s aquell@s que ayer dedicaron un momento a felicitarme. Porque quizás ellos no lo sabían, pero precisamente ayer me llegó más que nunca saber que me regalaron un poquito de su tiempo.

[Ah, el tiempo…]

Y tú, ¿te has parado ya a saborear el sol?

Stories VI: Happy non-birthday

Happy non-birthday.

Yesterday we buried my grandma. When I was walking to her house soon in the morning, I saw in a kiosk a poem’s book by Antonio Machado, I took it and opened it on just any page. The poem said something like this: “today I saw you taking my hand and taking me through the white path of hope…” And so I thought that it could not be a casualty to have seen that book at that exact moment and to have found that poem just by chance. Casualties don’t exist.

I was the last one to say goodbye for the last time, before taking her to the church: “Congratulations, grandma, for a whole life” , I whispered in her ears. Yesterday it was her birthday too, the priest was nice to mention it during the mass.

After the funeral, I took my younger cousin to the park where I spent my childhood. He, my cousin, is 4 years old. Actually, he is the son of a cousin of mine but I don’t know the term for this relation. I don’t care, he doesn’t need a term, he is Andres.

– Do you know that today is a special day?- I ask him.

-Why? – I think about the last months, the last days, about the storm, about her, about the calmness, about the cemetery and all the family there… I look at him in the eyes and his simplicity filled me with joy. How easy seems everything in a sudden! The end and the beginning, all at once. I answer:

– Because today is my birthday.

– And how old are you now?

– Guess it.

– Hhmm… 100! – what a wonderful reply, it could be true, who knows how many lives I live inside.

– What if we buy some popcorns?

– Yes! – his enthusiasm is contagious. He finishes his sentence with a huge smile, as if confirming the relevance of the event – because today is a special day.

Yes, it was indeed. It was also my grandma’s birthday, her great grandma; and her funeral. So poetic… have I said it yet?

We bought popcorns and arrived to the park. Andres stared at the green colors of the trees, the movement of the swings in the playground, the stone fountains… Everything delighted him. We sat down on a bench under the sun to eat the popcorns.

– Maria, why are the benches green?

– Well, I think they have painted them that way so they fit with the park. Because…look, Andres, what color is the grass, and the bushes, and the trees?

– Green! Aaaaaahhhh!! – he opened his eyes enthusiastically- of course! So they have the same colors of the trees! What a nice idea!

– Nice, isn’t it?

He grabs 4 leaves from the ground and asks me:

– Maria, why is this leaf green, this other one yellow, the other one brown and the other one even brownner?

– Well, I think it’s because they fell in different moments so some of them are older than the others.

-Oohh… I see… like that little tree over there, right? When it grows older, brown leaves will fall from it too – I nod, smiling; he has perfectly understood in a moment and with only 4 leaves that life is born, grows old, and goes away. Then, he approaches a bush: – look these flowers! White, yellow, rose! Look how beautiful they are! – he brings to me one flower, a very small one, and very carefully he places it over my hand palm, saying:

– How delicate she is! – Are you really 4 years old, Andres? I think he could be 100 as well. He sits down by my side again, taking popcorns from the bucket, now he says he is a squirrel and he puts some popcorns as canines. His 4 years of life come back in a sudden wave to lashed me with his joy.

– Do you hear the birds? – we ask at the same time. We laugh.

– Yes, how nice, isn’t it, Maria? I like them. – He keeps eating popcorn, looking for the birds with his glance.

– Let’s go for a walk, I’ll show you my favourite tree.

We reach the place: it’s a gigantic rubber tree that I used to climbed when I was a little girl.

– It’s the biggest tree in the world!!- he exclaims, and he runs towards it. While jumping among its roots, he finds a ladybug and he wants to take it home as a present for his mom.

On our way back, I tell him that I’m gonna eat his food and he replies that he’s going to eat my Sun.

– Oh, and what does it taste like?

– Like pear!

– Really? So yummy! Let me taste it!- And, just before we go inside the house, we stop in the middle of the street with our heads up to the Sun, and we taste it.

A strange bittersweet warm sensation with a pear like taste stood with me the rest of the day.

My grandmother didn’t live 100 years, but almost. With her life and the lives that were born from her we sum more than 1000 years. We should celebrate them!

What a poetic existence that we live, even though many don’t see it that way. There are color and music explosions everywhere, starting inside ourselves. From now on, I’m going to celebrate every single one of my non-birthdays because we must celebrate life always, even though sometimes it hurts; and we must smell the flowers and give ladybugs as gifts and ask why and be delighted with the colors of the leaves. I’m going to start today, being grateful:

– for existing,

– for family,

– for all those who have decided to stay by my side by choice,

– to those who have taken care of my grandmother, specially during the last months, unconditionally,

– and to all those who took a moment yesterday to wish me a happy birthday, because maybe they didn’t know but precisely yesterday it moved me more than ever to know that they gave me a little bit of their time.

[Oh, time…]

And you, have you stopped to taste the Sun yet?

Colores en acción

Relatos V: 15 minutos en mi mente

¿Quieres saber qué pasa un día cualquiera en mi cabeza? Sólo 15 minutos, prometo que no será más.

Estoy ahora mismo en el primer avión de vuelta a Sevilla, aún me quedan dos vuelos más. Salgo desde Liubliana, donde he tenido reunión de trabajo para cerrar un proyecto europeo.

Tengo en el asiento de al lado a mi compañera de trabajo, el avión aún no ha despegado. Me he puesto los cascos con “cancelador de ruido” (que no lo llega a cancelar del todo porque no son BOSE y si sabes de qué hablo, sabes que esa marca hace honor a su nombre) simplemente por no oír tanto bullicio en el avión. No sirven de mucho porque igualmente estoy escuchando la conversación de la pareja de delante, las risas del de atrás a mi izquierda, las carcajadas de unos adolescentes tres filas más atrás, otros adolescentes hablando 5 filas por delante, un hombre trabaja con su portátil en la fila delantera a mi izquierda y oigo también el sonido de sus manos sobre las teclas, oigo el ruido de fondo del motor del avión, las azafatas yendo y viniendo, el frufrú de sus faldas, las compuertas de las maletas cerrándose. Todas esas conversaciones no son en español, pero las percibo todas, con mucho sonido de “sh”, “s” y “j”; y doy gracias de que no sea en mi idioma y no las entienda.


Veo a mi compañera de reojo con el móvil, tiene cara de cansada y comparto su cansancio. Al otro lado veo un señor enchaquetado jugando a un crucigrama en el móvil, la pantalla es verde, la veo de reojo pero percibo su color. Acabo de mirar, efectivamente es verde. Miro hacia delante y veo el pelo blanco, los ojos azules y los labios rojos de la señora mayor que se sienta en la fila de delante, a la derecha, que habla con otro hombre más joven que se ríe. A la izquierda de este, veo de reojo la camisa roja y blanca de cuadros de ese hombre que trabaja con su portátil, ese que te he dicho del sonido de las teclas.


Estoy escribiendo esto desde el móvil. Levanto la mirada de la pantalla y veo un mar de cabezas por delante, la mayoría hombres, adolescentes, afroamericanos con pelo largo y rizado; algunos nórdicos rubios de ojos azules. Los veo a todos y miro mis manos escribiendo en el móvil, mis piernas, siento los gemelos cargados y la postura de los pies que no siento cómoda. Y al vernos a todos, ¿sabes qué pienso? En esto:

  • En la fragilidad de la vida: porque si este avión se va al carajo nos vamos todos con él en menos de lo que pasa un segundo, sólo espero que sea rápido y no nos enteremos. Ello inmediatamente me hace imaginar la posibilidad de caer en mitad del océano y que alguno sobreviva, nos veo con los flotadores estos naranjas y pienso que se me da bien nadar y preferiría no llevarlo. Imagino el horror que se debe sentir, el miedo, la desesperación. No quiero más, estaba muy tranquila. Borro la visión de mi cabeza.
  • Y así una palabra surge “paradoja”: la paradoja de la vida entre la riqueza inmensa que supone por un lado; y su gran futilidad por el otro: porque al fin y al cabo, todas estas personas están aquí con una historia a sus espaldas, son padres, hijos, hermanos, amantes… todos piensan que hacen sus vidas y toman elecciones por unos motivos concretos; pero si al final todos vamos a morir, ¿dónde quedará todo eso? Nos veo entonces como hormigas, porque al final somos todos animales y aunque hagamos, digamos y justifiquemos nuestras acciones y nuestra existencia, no somos dueños absolutamente de nada, ni siquiera elegimos nuestro nacimiento o nuestra muerte. Y así, nos siento muy lejanos a todos de algo que nos supera y que no creo que nadie de verdad entienda ni conozca. Filósofos, teólogos, poetas… hablan de ello. Los religiosos de cualquier tipo confían en un dios o en varios, o en la propia energía de la vida que se transforma. Se me viene entonces la imagen de personas a las que he querido un mundo y ya no están; y no sé si desear que estén “en el cielo velando por los suyos” (porque a todos nos gusta sentir la seguridad de que “hay alguien ahí” que nos cuida) o que se reencarnen en otra persona para ver si pueden seguir arreglando la humanidad un poquito más, como lo hacían antes. Si es verdad que ya de ellos no queda nada, menudo desperdicio de talento. (¿Y la humanidad tiene acaso arreglo? ¿Estamos acaso rotos? ¿Qué nos pasa que solo unos pocos hablan verdades y nadie quiere escuchar?) Y ahora veo a mi abuela, y toda la familia “esperando”. Siento el dolor de todos conmigo.
  • Y eso me lleva a desear que ojalá exista de verdad esa otra vida para todos, para los que han sido “buenos” porque realmente se merecen una recompensa; y para los que han sido “malos” porque de verdad necesitan una buena lección. Unos lo llaman cielo e infierno, otros reencarnación, otros inexistencia. Llámalo como quieras, yo sólo espero que de verdad haya “algo” que equilibre lo que hacemos y dejamos de hacer.
  • Así que eso ahora me hace pensar en los buenos y en los malos, en quién carajo somos nosotros para juzgar a nadie si nosotros mismos no sabemos siquiera dar respuesta a nuestros propios comportamientos. ¿Por qué buscamos la paja en el ojo ajeno sin quitarnos primero la propia? Nadie realmente conoce el conjunto de porqués que han llevado a una persona a hacer una determinada acción.
  • Me acuerdo de inmediato de todas las personas que se han cruzado por mi vida y que ya no están porque en una determinada ocasión ellos o yo tomamos la decisión de juzgar que en ese momento no era lo adecuado.
  • Y así me reconcilio con mi pasado, con todas esas personas, les perdono por haberme juzgado, y espero que ellos me sepan perdonar. Recuerdo discusiones estúpidas y pienso en lo tontos que somos todos los humanos.
  • Lo que me lleva a pensar en mi futuro, y a decirme “María por favor recuerda esto, es importante, te ayudará “.

Ahora el avión despega. Me encanta sentir esa sensación de que el estómago se echa para atrás con el impulso. Veo las nubes por la ventana, las montañas, el sol me refleja en los ojos y me molesta, levanto la vista de la pantalla. Se me taponan los oídos, muevo la mandíbula, echo las orejas para atrás. Mi compañera se ha quedado dormida. Siempre me ha maravillado esta gente capaz de dormirse en cualquier parte en un minuto.

Hace un día precioso, me fascinan las nubes flotando sobre las montañas, veo las casas diminutas, el río que recorre las tierras. Vuelvo a sentir la sensación de que no somos nada. En parte me tranquiliza, me quita responsabilidad, siento que es “ahora o nunca” para ser yo.

Siento frío, ¿por qué hace tanto frío siempre en los aviones? Lo leí hace poco porque me hice la misma pregunta y la busqué, pero la verdad es que no recuerdo la respuesta. Tengo muy mala memoria para según qué cosas. Y las azafatas en manga corta, ¡madre mía!

De repente me acuerdo de un favor que me ha pedido una amiga. Pienso que no seré capaz de cumplir, pero voy a esforzarme por hacerlo. No sé hacer nada mediocre, o se hace bien o no se hace, otro pensamiento es simplemente impensable. Y eso me lleva a recordarme que debo exigirme menos y decir más “no”.

Todo esto y el avión solo acaba de despegar. No te he descrito mi mañana desde que me he despertado, ni el paseo por la ciudad antes de ir al aeropuerto, ni la llegada a este, ni la comida basura en el embarque abarrotado. Ni voy a contarte tampoco el resto del día que me queda. Esto es tan solo lo que pasa por mi mente en ¿15 minutos? desde que me he sentado en el avión y este ha despegado. Imagina la cantidad de preguntas que me hago durante el día.

Muchas veces a lo largo de mi vida me han dicho cosas como:

“Eres muy complicada”

“Piensas demasiado”

“Relájate”

… No entienden que a mí esas preguntas no me causan estrés, sino que, por el contrario, me relaja divagar sobre ellas e incluso mejor si puedo reflejarlas de alguna manera (compartirlas en una conversación, crear debate, ilustrarlas en un dibujo, volcarlas en un escrito…)

Y así te dejo. Si has llegado hasta aquí, dime, ¿cuánto has tardado en leer la entrada? ¿15 minutos? Voy a ponerme música, a ver si así veo melodías en mis divagaciones.

Por cierto, ¿de qué color es el miércoles ?
Para mí, blanco.

El lunes es naranja.
El martes, verde.
El miércoles, blanco.
El jueves, azul.
El viernes, morado.
El sábado, azul y blanco.
El domingo, negro.
No me preguntes por qué.

¿Y a qué suena el amarillo?
A canario, a campanas y a flauta.

¿Qué forma tiene la inteligencia?
La de una caracola, por el número áureo.

¿A qué sabe la libertad?
A agua de mar salpicándome en la cara.

Por favor, siéntete libre de dejar tus comentarios 🙂

P.D: la imagen tiene y no tiene que ver con el relato, te explico: no tiene que ver en cuanto al contenido; pero sí tiene que ver porque es la ilustración que diseñé el resto del viaje. ¿Qué interpretas tú de ella? Si te interesa, puedes encontrarla en lámina haciendo clic aquí

Reflexiones VII: ¿Tan confundidos están los jóvenes?

La confusión en los temas del amor y el compromiso está siempre presente entre los jóvenes, ¿no crees? ¿Pero tan confundidos están los jóvenes de hoy?

Vivimos en una sociedad que vive confusa per se por la idealización del amor romántico y por basar la vivencia en el sentimiento momentáneo. Muchos dicen que se ha cambiado el compromiso por el momento, la estabilidad por el placer … algunos ilusos aún piensan que es posible mantener la llama en una relación y luego se estampan contra un muro cuando se ven inmersos en un compromiso que ha terminado por convertirse en mera rutina, desviándose del ideal originario que tenían sobre el amor. Entonces, piensan: ¿merece la pena seguir gastando energía cuando ya no se siente la misma pasión? ¿O quizás solo cuestión de paciencia y de poner de nuestra parte para que esa chispa vuelva a surgir? Al fin y al cabo, la chispa siempre muere si no hay un hilo empapado de gasolina que la dirija hacia una explosión. Pero después de la explosión, ¿qué?

¿Es real el amor de esas parejas que permanecen aunque estén cansados el uno del otro? ¿O es eso solamente “compromiso rutinario”? El compromiso y la culpabilidad son armas muy poderosas de control sobre nuestra mente y nuestras acciones: en numerosas ocasiones dejamos de actuar porque nos cohíbe la culpa de algo que creemos que estaría mal si hiciéramos aunque sería lo que nos liberaría del yugo emocional que cargamos y al que nos sometemos. 

Es muy fácil hablar del amor “moderno” y juvenil sin ataduras, sin compromiso, que recoge dentro de un saco a un número importante de generaciones como si fueran individuos egoístas demasiado centrados en sí mismos y su propio placer.

Hay quien piensa que hoy el amor se basa en el “yo” en vez del “nosotros”, que se fundamenta sobre la atracción sexual y que se valora más el sentimiento circunstancial que la esencia y la entrega personal. Quizás sea algo más complicado que eso. Ese saco de individuos bien estaría dispuesto a comprometerse si encontraran a la persona adecuada con quien hacerlo. Todos sabemos que la química termina desapareciendo y que el amor de verdad es lo que prevalece cuando esa atracción inicial se diluye; y no vamos a engañar a nadie, todos preferimos un “nosotros” compuesto de “yoes” seguros antes que un “yo” vacío y en soledad. Pero resulta que los jóvenes de hoy día saben que “el amor de verdad” es duro de mantener y que si ese “nosotros” resulta irreal y tóxico, prefieren un “yo” pleno y solo (que no en soledad).

Nuestros abuelos se conocieron, se gustaron, quizás se enamoraron intensamente y al año se casaron y, como fruto de ese matrimonio, empezaron a tener hijos.  Es raro encontrar en España abuelos divorciados, pero es cada vez más común entre las generaciones descendientes. ¿Por qué? Hay una frase que siempre me ha calado: “antes, cuando las cosas se rompían, las reparábamos; ahora, las tiramos y compramos otra nueva”. Quizás sea cierto que no deberíamos apresurarnos a comprar la alternativa a la primera de cambio y que deberíamos intentar repararlo bien antes de desecharlo. Pero resulta que si uno se encuentra desgastado después de llevar un tiempo intentando repararlo, uno se pregunta si de verdad merece la pena.

Nuestro abuelos tenían una concubina que los acompañaba siempre en sus citas. Se veían una vez al mes, con suerte una vez a la semana, como mucho se cogían de la mano e intercambiaban besos a escondidas cuando los atentos ojos de la concubina se distraían. Ellos, como los jóvenes de hoy, también estarían deseando escapar y esconderse para dar rienda suelta a sus pasiones, pero la única manera que tenían de hacerlo era casarse. Tampoco tenían muchas parejas, ni probaban ni buscaban, porque era lo normal. En seguida empezaban a tener hijos y formaban pronto sus familias. También sufrían crisis, claro que sí, ser padres no es fácil; y probablemente muchos de ellos fueran descubriendo facetas de la mujer o del hombre con el que se casó que no le gustaban demasiado. Pero ah, ya tenían hijos juntos y no estaba bien visto divorciarse. Debían superarlo o sería la ruina de la familia: el hombre perdería su honor y la mujer se vería desamparada ante la sociedad.

Nuestros padres no tenían concubina; pero tampoco lo tuvieron fácil para tener momentos íntimos. Su noviazgo tampoco fue largo y probablemente pensaran que el matrimonio era la única manera apropiada de vivir juntos y darle rienda suelta a su amor sin que la generación de sus padres los tachara de libertinos. Y así, enamorados perdidamente, se casaban y tenían hijos; sin tener muchas más novias o novios. Luego, las crisis, de nuevo, porque si hay algo común a todas las relaciones son las crisis. Pero entonces hay un cambio social: de repente, se empieza a aceptar el divorcio, se empieza a ver que puede haber otras salidas, que uno no tiene por qué aguantar en una situación que le carcome, que uno puede estar felizmente separado, aunque lluevan críticas y juicios.

Y ahora que muchas generaciones jóvenes hacen exactamente lo mismo, que se enamoran perdidamente y se lanzan a una relación igualmente pero sin papeles de por medio, se les tacha de cómodos, egoístas, derrochadores… Se les atribuye la idea de equiparar el amor con el consumismo capitalista y se les encuadra en un marco de individualismo anárquico.

¿Cuál es la diferencia entre nuestros abuelos, nuestros padres y los jóvenes de hoy?

Hoy en día el número de parejas que se tienen equivale muchas veces al número de amantes que se tenían antes; todos conocemos historias de Fulanito de Cual y de Pepa Pascual. Ahora uno puede encontrar el amor con 37 y casarse con 40 y tener hijos con 42 y no es ningún drama. Ahora uno puede encontrar el amor en una aplicación o en un chat y no es ninguna tontería. Ahora se tienen los hijos a una edad más tardía, no solo porque sea difícil económicamente (que siempre lo ha sido), sino también porque se espera más tiempo antes de dar el salto porque nadie quiere darlo con una persona que no le hace bien. Y es por eso que se está un año con una persona y si a uno no le convence, se busca a otra. Y es por eso que se está seis años con alguien y, si algo no cuadra, se busca a otro. Y es por eso que las parejas que llevan diez años juntas, rompen.

No es que los jóvenes de hoy teman el compromiso, quizá sea que entienden que no es necesario un papel para comprometerse porque los papeles se rompen y la lluvia los moja. Quizás han entendido que no hace falta esconderse para demostrar su amor y que la estabilidad de una pareja depende en gran medida de la estabilidad personal de cada uno, por lo que no solo habrá que centrarse en la pareja y trabajar juntos para que funcione, sino que deberán cuidar primero de sí mismos para poder estar plenamente. Hoy no se necesita un papel que autorice la convivencia y, de hecho, muchos prefieren convivir antes de dar el salto a formar una familia porque la convivencia brinda momentos únicos que permiten conocer a la otra persona en profundidad.  Quizás también los jóvenes de hoy hayan por fin entendido que no se necesita estar ligado a alguien que les hace infelices porque Fulano de enfrente les vaya a mirar mal si se rompe la relación.

Cuando se tiene hijos es más complicado, porque los padres deben velar por el adecuado desarrollo personal de los niños y está claro que el óptimo desarrollo se lleva a cabo dentro de una familia donde hay amor.

Pero ahí te quería yo ver.

¿Qué ocurre cuando son los niños quienes pagan el pato de las (¿erróneas?) decisiones de sus padres? “Una familia donde hay amor” no es lo mismo que “un matrimonio que sigue junto”, porque puede estar junto únicamente de cara al público pero de puertas para adentro estar hecho trizas, lo que conlleva todo un bucle de inseguridad y falta de expresividad emocional, no solo en la pareja adulta sino también en los niños; lo que les llevará a no desarrollarse plenamente. Estar juntos no significa necesariamente estar unidos. Qué dilema. ¿Y si resulta que los padres han llegado a un punto en que para ser personas plenas necesitan separarse y tomar caminos diferentes? Si con ello consiguen ser, efectivamente, personas plenas, ¿no será acaso positivo para los hijos? 

Muchas veces creemos que los niños necesitan ver a sus padres juntos. Sin embargo, lo que los niños necesitan es ver a sus padres felices, juntos o no.

En la medida en que un padre o una madre se muestra feliz ante sus hijos, este inconscientemente está recibiendo un mensaje de seguridad, de que es posible seguir adelante y disfrutar de la vida aunque todo parezca caótico e incomprensible. Con nuestra actuación diaria, los adultos transmitimos constantemente a los niños una manera de enfrentarse a la vida, aunque no nos demos cuenta. Constantemente, los niños reciben seguridad e inseguridad de nuestra parte según vean en nosotros actitudes de confianza o de drama, respectivamente. Si un niño vive constantemente un drama en casa con unos padres que siguen juntos pero no unidos, ese niño crecerá con traumas; mientras que si un niño vive constantemente la confianza con unos padres que viven separados pero que se preocupan por el otro y que establecen relaciones positivas, ese niño crecerá seguro y entenderá que la vida a veces no es lo que otros sueñan.

¿Qué es lo ideal? ¿Que los hijos crezcan con una pareja adulta que se ama, se respeta y le transmite ese amor y respeto a sus hijos? Por supuesto. Pero la vida no es ideal, resulta que es bastante realista; y lo ideal entonces supone enseñar a los hijos la realidad de la vida. ¿No?

Los jóvenes de ahora no son tan diferentes a nuestros abuelos cuando eran jóvenes, ni a nuestros padres. Los jóvenes de ahora no es que tengan miedo al compromiso, es que quizás hayan visto en generaciones ascendentes que antes de precipitarse es mejor conocerse.

Los jóvenes que vendrán tampoco serán muy distintos. La sociedad cambia, la cultura evoluciona, las tradiciones se modifican, las leyes se reescriben… Si el único constante en la vida es el cambio, ¿por qué no aceptar que el cambio existe también en la percepción de la relación amorosa? Quizás sería bueno aceptar la confusión como parte del proceso, necesaria para el resurgir de un yo pleno y, por ende, de un nosotros más seguro.

oso disfrazado de papá noel

Feliz Navidad

Esta noche muchos celebran el nacimiento de Jesús, otros celebran la llegada de Papá Noel. Es curioso, sea como fuere hemos hecho coincidir ambas tradiciones en el calendario y ambas, además, provienen del cristianismo. Todos conocemos la historia del Niño Jesús pero, ¿conoces la historia de Papá Noel?

Papá Noel en realidad sí que era padre, era un obispo cristiano llamado Nicolás que vivió en el siglo IV en la ciudad de Myra, Anatolia (lo que hoy es Turquía), hijo de una familia noble y acomodada. Siendo muy joven, la peste asoló el país y se llevó a sus padres. Nicolás, tomando conciencia tras la tragedia de lo efímero y la banalidad de lo material, decidió repartir sus bienes entre los pobres y se ordenó sacerdote. Era conocido por escabullirse de la iglesia para mezclarse entre los pobres y repartir bienes y comida, sobre todo en invierno cuando la existencia se hacía más dura con el frío azotando intensamente. Los textos lo describen como un hombre corpulento con una larga barba que defendía con vigor a los más vulnerables. Tanto es así que Licinio, en un decreto contra los cristianos, lo encarceló y le quemó la barba para hacerle perder su dignidad. El emperador Constantino lo liberaría más tarde y su barba se convirtió en un símbolo. Tal fue su labor que, tras su muerte, se convirtió en santo patrón de Grecia, Turquía y Rusia.

¿Cómo entonces llegó a convertirse en lo que conocemos hoy por Papá Noel?

Cuenta la historia que, en la ciudad donde vivía, había un hidalgo que había perdido toda su riqueza y temía que sus tres hijas tuvieran que prostituirse para poder salir adelante. El Padre Nicolás, para evitar esta tragedia, cogió una noche oro de la iglesia y entró a hurtadillas por la ventana de la casa del hidalgo. Viendo colgadas en la repisa de la chimenea las medias de las niñas secándose al calor de la lumbre, las llenó con el oro y las monedas y se marchó, salvando así a las tres hermanas de una vida de desgracias.

Y esa es la leyenda que ha sobrevivido en el tiempo gracias a los literatos que han ido contando y transformando esta historia de esperanza a lo largo de los siglos, llegando primero de Turquía a Holanda, donde San Nicolás se conocía como Sinterklaas.

En 1809, la leyenda llegó a Estados Unidos donde el escritor Washington Irving simplificó la pronunciación, transformando así el nombre en Santa Claus. Otros poetas contribuyeron más tarde a crear la leyenda del anciano de panza grande que viaja en trineo tirado por renos regalando juguetes, que simbolizan esos bienes que traen esperanza – y, por tanto, felicidad- a los pobres; y fue Coca-Cola la que no hace tantos años lo vistió de rojo para darle publicidad a su marca.

Hablando del rojo, ¿sabías que en su origen se representaba a San Nicolás de verde? Puede que ya lo supieras pero, ¿sabes por qué? Muy simple: el verde era (y sigue siendo) el color que usan los sacerdotes en el tiempo ordinario del calendario litúrgico, y simboliza la esperanza.

Ahora que ya sabes la historia, si esta noche celebras el Nacimiento de Cristo, quizás te alegre saber que esa versión pagana de Papá Noel en realidad era un sacerdote que propagaba el mensaje de Jesús. Si, por el contrario no profesas ninguna fe, quizás te reconforte esta historia y veas la Navidad con otros ojos más solidarios.

Que sirva, en todo caso, para recuperar el sentido de esta fecha que nos hemos empeñado en señalar en el calendario.

Feliz Navidad.

María Tudela

*Este Papá Noel tiene cara de oso polar para ampliar la colección “Profesiones Animales” . ¿Por qué un oso polar? Porque es grande, como las figuras que representan a San Nicolás, y porque el frío de la tierra donde habita representa el invierno mejor que nada. Siéntete libre de descargarla haciendo clic aquí y usarla como felicitación. Propaga la historia, reparte esperanza.

Relatos IV: Anoche tuve una pesadilla.

Anoche tuve una pesadilla.

Exactamente la misma de la noche anterior.

Y de la anterior.

Pero anoche fue diferente:

anoche terminé riéndome de mi pesadilla.

Soy como una sombra consciente de mí misma que no llego a ser del todo yo, como en aquellos quirófanos donde los sometidos a cirugía flotan como fantasmas sobre las cabezas arremolinadas a su alrededor. Estoy en una sala oscura, tan oscura como un universo sin estrellas. Pero no tengo miedo, siento una extraña sensación reconfortante como si un terciopelo negro me abrazara por completo, siento su caricia suave rozándome la piel.

De repente, aparecen.

El terciopelo que me envolvía se desenrolla como una hoja de papel, se aleja flotando y allá al fondo veo un grupo de personas formando círculo.

También me veo a mí misma.

Soy una figura aparte y estoy muy alejada de ellos, dándoles la espalda.

Me doy la vuelta y me dirijo a ellos: quiero integrarme.

Se escucha el eco de mis pasos…

los alcanzo.

Me hago un hueco entre dos figuras, empujándoles a los lados. Intento mirarles las caras: algunas son figuras alargadas, con cabezas ovaladas, parecen alienígenas; otras son bajitas y rechonchas; otras tienen varias extremidades; veo un hombre con trompa de elefante y un ojo tres veces más grande que otro; veo otro hombre con un sombrero muy extraño, como de tela raída de colores muy chillones; una mujer tiene un bigote francés enorme y fuma pipa, su nariz y su bigote parecen una máscara de broma.

Los colores se entremezclan en el ambiente…

rojo,

amarillo,

naranja

….sobre el intenso negro del fondo. Flota en medio del círculo una translúcida serpentina amarilla y veo luces blancas que caen como copos de nieve y algodón.

De repente, una voz joven rompe el silencio abrumador lanzando una pregunta que me hace estremecer el corazón: “¿por qué estás aquí?

-Esto parece una reunión de alcohólicos anónimos. Siento vergüenza.-

Sin pensarlo, me escucho a mí misma decir: “porque me siento diferente”.

La voz, divertida, pregunta entonces: “¿quién de aquí se siente diferente?” Y rápidamente veo alzarse manos por doquier, una tras otra, como en una oleada; y escucho sus voces, todas a la vez y una tras otra, gritando:

”yo,
yo,

yo,

y yo,

¡y yo!”

Y entonces, pienso: “menuda gilipollez”. Y me río, me río mucho: yo soy la única que no está deforme aquí.

Una escalera en la arena que sube al cielo estrellado

Versos Libres IV: Arena y estrellas. // Free verse IV: Sand and stars.

Sentado a la orilla del Mediterráneo,  te preguntas qué son las estrellas y por qué no puedes alcanzarlas.Mientras tanto, la arena te golpea en la cara, inconsciente, nerviosa. El viento es fuerte y ella revolotea a tu alrededor, despeinándote, colándose en las entretelas de tu ropa, haciéndose dueña de los recovecos de tu pensamiento.
Y tú, mientras, te preguntas por qué tu escalera, esa de madera que construiste con tanto esfuerzo, no es útil para subir a las estrellas. ¿Por qué el último escalón acaba siempre en el aire?

….¿Es que no te das cuenta de que las estrellas son inalcanzables y que ni siquiera los astronautas pueden tocarlas… porque arden?…

Y, mientras tu mirada deambula por el horizonte, la arena sigue azotándote. La arena… que es como las mismas estrellas que ahora observas. No puedes sostenerla: se escapa entre tus dedos, vuela… Y a la vez está tan cerca… Puede acariciarte o hacerte cosquillas y hacer que sea un placer sentirla. O puede incordiarte, escocerte, y hacer que la odies. Y, incluso si guardas un puñado de arena en un tarro, nunca podrás poseer las toneladas y toneladas que aguardan en los desiertos, en las playas, en el fondo de los océanos. Nadie puede alcanzar las estrellas, nadie puede poseer la arena.
Una escalera y un tarro no son suficientes.

Pero si yo encuentro en tus ojos la profundidad del mar, ¿por qué no podrías tú contemplar las estrellas reflejadas en  los míos? ¿O sentir la arena en mi piel? Al fin y al cabo, ¿acaso no estamos hechos de polvo de estrellas?

*Si te interesa, puedes conseguir la lámina que acompaña esta entrada en este enlace.

Free verse IV: Sand and stars.

Sat by the Mediterranean seashore, you wonder what are the stars and why you can’t reach them. Meanwhile, the sand beats your face, unconscious, nervous… The wind is strong and she revolves around messing your hair, slipping through your clothes, taking over the nooks of your thought. And you, in the meantime, wonder why your ladder, that wooden ladder you built with such a big effort, is not useful to reach the stars: why does the last step always end in the air?

…. Don’t you realize that they are unreachable and that not even the astronauts can touch them… because they burn…?

And while your glance wanders through the horizon, the sand keeps beating you. The sand… which is like the very same stars that you glance. You cannot hold her: she sneaks through your fingers, she flies… But she is so close… She can caress or tickle you and make it a pleasure to feel her. Or she can bother you, sting you and make you hate her. And, even though you keep a handful of sand in a jar, you could not ever possess the tonnes and tonnes that await in the desserts, in the beaches, in the bottom of the oceans…
No one can reach the stars, no one can possess the sand.
A ladder and a jar are not enough.

But if I find in your eyes the deepness of the sea, why couldn’t you in mines see the stars reflected? Or feel the sand in my skin? At the end, aren’t we star dust?

*If you are interested, you may find the printing of this post following this link.

Ilustración de hombre joven rubio de ojos verdes

Relatos III: Leo.

Me llamo Leo. Tengo 30 años pero la gente me suele echar 24 o 25. Tengo los ojos verdes, algo rasgados; la nariz aguileña y los labios carnosos. Tengo el pelo entre rubio y castaño, mido 1.82m y soy de complexión ancha pero no estoy especialmente fuerte. Tampoco creo que sea especialmente guapo.

Normalmente no me describiría físicamente pero me parece que es necesario para ilustrar lo que voy a contar.

Hoy me han pasado una serie de cosas que me suelen ocurrir casi a diario. De hecho, me pasan con tanta asiduidad que no les doy importancia y ya no son ni si quiera anécdotas que contar. Normalmente, son situaciones de las que me río y de las que paso soberanamente. Pero hoy no. Hoy me han hecho pensar, porque últimamente se debate mucho el tema en las esferas públicas y empiezo a plantearme si no debería yo reaccionar de forma más agresiva cuando se me presenten estas situaciones.

Por la mañana, en la oficina, han entrado en mi despacho Lola, mi jefa, y otra mujer:

-Leo, esta señora es Victoria, trabaja conmigo en la tienda. Victoria, este es Leo, nuestro nuevo fichaje.
-Hola Victoria, encantado.
-Ah, sí, sí, hola Leo, pero ya nos conocemos, ¿no? ¿No fuiste a la tienda a hablar con Lola…?
-Ah, sí, es verdad .
-Hombre, claro, esos ojos verdes no se olvidan.- Lo suelta así, como sin nada.
-…Ah, vaya. – Sonrío, sin saber muy bien qué responder. Había ido tan solo una vez a hablar con Lola a su tienda, hacía dos meses de aquello. Yo no recordaba la cara de esta mujer.

Más tarde, caminando al mediodía hacia casa para el almuerzo, he cruzado por una carretera donde no había paso de cebra. Un coche que venía a lo lejos, despacio, ha frenado para dejarme terminar de cruzar. He dado un brinco y he acelerado los tres últimos pasos que me quedaban para llegar a la acera, haciéndole un gesto con la mano a la conductora en señal de agradecimiento. Mientras cruzaba, la he visto por el rabillo del ojo avanzando lentamente tras de mí y, cuando por fin me ha sobrepasado estando yo ya en la acera, se ha parado en seco, ha bajado la ventanilla y me ha dicho: “¡qué pena que no te pillo!”. Y yo me pregunto: ¿piensa de verdad que eso es un piropo? ¿Quizás cree que me va a subir la autoestima? ¿Lo ve gracioso? ¿Se cree buena gente por decirme algo así?

Ni cinco minutos más tarde, pasando por el bar de la esquina dos calles más allá de mi casa, las dos camareras que hacían el turno del mediodía me han visto llegar de lejos y se han colocado la una junto a la otra, una con los brazos cruzados, la otra con las manos en los bolsillos. Al pasar a su lado, he visto de reojo cómo se daban codazos y me hacían un repaso de arriba abajo. Les he visto girar la cabeza siguiendo la dirección de mis pasos. No, no tenían 15 años; pasarían la cuarentena al menos.

Paso por delante de ese bar todos los días al menos tres veces al día y no puedo evitar el camino, ¿de verdad tengo que aguantar ese comportamiento porque sí? He notado arderme las mejillas de furia y vergüenza; ardor que ha subido aún más cuando he pasado por delante del taller que está en la paralela a mi calle y las tres mecánicas han parado su trabajo para mirarme pasar. Una de ellas ha gritado un “¡¡¡hala!!!” que ha hecho a un chaval que estaba apoyado en la pared de enfrente levantar la mirada de la pantalla de su móvil. He llegado a casa en camiseta de manga corta, con el brazo cargando bufanda, jersey y abrigo. Estábamos a 9º, pero yo me sentía a 40º.

Pero la cosa no termina aquí. A las nueve de la noche, cuando salía de la facultad, se ha repetido algo parecido. Estaba escuchando un audio de whatsapp cuando he pasado por delante de un grupo de mujeres y sus cabezas han ido moviéndose de arriba abajo inspeccionándome entero. Cinco calles más adelante, en un semáforo, una trabajadora de la limpieza le ha hecho un gesto con la mirada a su compañera cuando me he parado detrás suya; la otra me ha observado descaradamente a pesar de su intento disimulado y se han intercambiado miradas de aprobación. Estupendo. ¿Es que acaso soy una mercancía a aprobar?

Eso sólo ha sido hoy. Cada día me ocurren situaciones parecidas. Antes me lo solía tomar a broma, no le daba importancia, sobre todo porque nunca me he considerado objeto digno de contemplación. Simplemente, no le echaba cuenta. Incluso he llegado a pararme y dar las gracias en alguna ocasión en que me han echado un piropo con arte.

Pero hoy, no. Hoy me ha llamado la atención que una mujer que me vio hace dos meses se acordara del color de mis ojos: para ver los detalles hay que fijarse muy bien. Hoy me he sentido observado y, por primera vez, me he sentido violento caminando por lo que es mi paseo rutinario entre la oficina, mi casa y la facultad; incómodo, sabiendo que aquella que se ha fijado en mis ojos al verme de frente se ha dado la vuelta para mirarme el culo después.

Me pregunto cómo sería si esto le ocurriera a las mujeres. Nunca he escuchado a ninguna de mis amigas quejarse por que alguien le dijera nada por la calle. Me pregunto si esto es simplemente “porque las mujeres son así, impulsivas”, o si es parte del matriarcado sexista en el que hemos crecido y no nos damos cuenta.

Ser consciente de que mi sola presencia es motivo de juicio, valoración o excitación me hace sentir tremendamente incómodo. Y no entiendo por qué he de sentirme vulnerable caminando por dos calles más allá de la mía, saliendo de la universidad o en mi propia oficina. ¿Es problema mío, de las mujeres, de la sociedad…? ¿Soy yo el que hace un mundo de nimiedades? ¿O quizás deberíamos ponernos de acuerdo todos los hombres y reaccionar de manera más cortante y agresiva ante situaciones así? Con el pretexto de que somos el sexo fuerte, las mujeres nos han tenido siempre bajo su látigo, haciéndonos sumisos para que no usemos la fuerza contra ellas. En lo que va de año, 45 hombres se han suicidado, víctimas del maltrato matriarcal. ¿Cuándo vamos a parar esto?

Ya basta.

*Si te interesa, puedes conseguir la lámina de Leo en este enlace.

Ilustración de una mujer joven pelirroja de ojos verdes que sonríe

Reflexiones V: Equilibrio. // Reflections V: Balance.

El equilibrio es aquello que consigues cuando en la balanza pesan tanto las tormentas como los momentos de calma.
Es esa línea danzarina que serpentea traviesa en el borde entre el más absoluto caos y el orden extremo.
Es aquello que sientes cuando miras a los ojos a un viejo amigo.

Equilibrio es una cerveza a las ocho de la tarde en una terraza, con unas aceitunas y una servilleta de homenaje al Vaporcito en un lluvioso domingo de primavera.
Es un vaso de agua tras una copa de vino. Una sonrisa cruzada en el autobús. Un paseo en la medianoche de un ajetreado lunes. Unos ojos negros comiéndose a suspiros a otros oliva.

Es una tormenta de verano y un te quiero sollozando; una caricia que se escapa sin pensarlo; y un escalofrío placentero.
Equilibrio es reconocer que te equivocaste y obtener por respuesta una sonrisa.
Equilibrio es cuando sobran las palabras.
Es ese espontáneo regocijo que se siente cuando ese alguien se quita las lentillas y te dice: “nunca me habías visto con gafas, ¿verdad?”
Equilibrio es descubrir el misterio y que surja otro acertijo.
Equilibrio es que alguien responda tu pregunta con una canción.
Equilibrio es saberse entero después de haberse roto por completo.

Somos ensayo y error constante. Eso es el equilibrio. Nosotros somos el equilibrio.

REFLECTIONS V: BALANCE

Balance is what you get when the storm and the quietness weight the same.
It is the dancing line which meanders naughtily in the border between the absolute chaos and the extreme order.
It is what you feel when looking at the eyes of an old friend.
Balance is a 8 p.m beer in a terrace, at any rainy Sunday of Spring, with some olives and a handkerchief in honor to El Vaporcito.
It is a glass of water after a glass of wine. A exchanged smile in the bus. A walk in the midnight of a busy Monday. A pair of olive eyes been devoured by the sigh of other black ones.
It is a summer storm and a crying “I love you “; a spontaneous caress given without thought; and a pleasant shiver.
Balance is to ask for forgiveness and to be answered with a smile.
Balance is when there is no need to say anything.
It is the sudden delight felt when someone takes off the contact lens and says: “you’ve never seen me with glasses, right?”
Balance is to uncover the mystery and let another riddle rise up.
Balance is when someone answers your question with a song.
Balance is to know that you are complete after having been broken entirely.

We are a constant trial-and-error. That is the balance. We are the balance.

Un hombre flota en el aire en un estallido de libertad

Versos libres II: Rómpete. // Free verse II: Break off yourself.

Rómpete, rómpete, rómpete y hazte añicos.
Chapotea, rompe el agua, rompe las moléculas, pártete en mil pedazos.
Deja que la sal te escueza y te enrarezca y siéntete esparcirte en mil trocitos de ti por la arena y que se llenen de salitre esas heridas que cosiste a base de sacudidas.
Rómpete y conviértete en espuma.
Siente cómo el vaivén de la marea te sacude y te revienta, como las gotas.
Sé una gota.
Deja que te levante el viento y te separe de la corriente y te sientas nadie.
Siéntete tu yo más miserable.
Y vuelve a la marea.
Deja que ese mismo viento que te arrastra te devuelva.
Sé salitre, sé sal, sé agua.
Rómpete, hazte añicos y pedacitos de oxígeno.
Sé tu yo más pequeño.
Desafía los moldes.
Y cuando te hayas roto del todo, mimetízate con el ambiente y sé aire y asfalto y lluvia y marea y raíces y polvo y ruido…
Y luego, cuando ya de ti no queden más que poros, cuando ya estés tan deshecho que no te reconozcas en ninguno de los miles de reflejos que te devuelven los cristales que estallaron al romperse la barrera de tu sonido más interno…
Luego, luego vuelve.

Rómpete, que es bueno romperse para saber qué rompecabezas es el que resuelves.

*Puedes hacerte con la lámina que acompaña a este relato en este enlace.

Free verse II: Break off yourself.

Break off yourself, break off yourself, break off yourself, and smash yourself to pieces.
Splash around, break down the water, break off the molecules, cut yourself into a thousand scraps.
Let the salt sting and rarefy you, feel yourself spreading in thousands of chunks through the sand, let your wounds be filled with saltpeter, those you sewed with your life’s beats.
Break off yourself and turn into foam.
Feel how the swaying of the sea shakes you up and blows you out, like the drops. 
Be a drop.
Let the wind raise you up and isolate you from the mainstream so you feel you’re nobody.
Feel your weakest self.
And turn back to the sea.
Let that same wind that drags you around turn you back.
Be saltpeter, be salt, be water.
Break off yourself, shatter yourself to pieces and oxygen particles.
Be your smallest self.
Defy the molds.
And, once you’ve broken off yourself entirely, blend yourself into the environment and be air and pavement and rain and tide and dust and noise…
And then, when there is no more left of you than pores… when you are so undone that you don’t find yourself in any one of the thousands of echoes reflecting from the crystals that shattered when your most inner sound barrier burst out…
And then, then, come back.
Break off, so you’ll know which puzzle are you solving.

*You will find the print on this link

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