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Category: Relatos

Relatos VI: Feliz no-cumpleaños / Stories VI: Happy non-birthday

Feliz no-cumpleaños.

Ayer enterramos a mi abuela.
Cuando iba camino a su casa temprano en la mañana, vi en un kiosko un libro de Antonio Machado, lo cogí y lo abrí por una página cualquiera. El poema decía algo así como “hoy te he visto cogerme de la mano y llevarme por la blanca vereda de la esperanza”… Y pensé que no era casualidad haber visto ese libro en ese kiosko en ese momento y encontrar justo ese poema de buenas a primeras. Las casualidades no existen.

Fui la última en despedirme por última vez,  antes de llevarla a la iglesia: “Felicidades, abuela, por toda una vida.” Le susurré al oído. Ayer también era su cumpleaños, el sacerdote tuvo el detalle de mencionarlo en la misa.

Después del funeral, me llevé a mi primo pequeño al Parque de los Príncipes, el parque de mi infancia. Él, mi primo, tiene 4 años. En realidad es el hijo de una prima mía pero no conozco el término para ese parentesco. Me da igual: él no tiene término, él es Andrés.

– ¿Sabes que hoy es un día especial? – le pregunto.
– ¿Por qué? – pienso en los últimos meses, en los últimos días, en la tormenta, en ella, en la calma, en el cementerio y toda la familia allí… le miro a los ojos y me embriaga su sencillez. Qué fácil parece todo de repente, el fin y el principio, todo a la vez. Respondo:
– Porque es mi cumpleaños
– ¿Y cuántos cumples?
– ¡Adivina!
– Hmm… ¡100! – qué maravilla, podría ser cierto, quién sabe cuántas vidas llevo dentro.
– ¿Compramos gusanitos?
– ¡¡Sí!! – su entusiasmo contagia; con una sonrisa completa su frase, como constatando el día – Porque hoy es un día especial.

Sí, lo era. También era el cumpleaños de mi abuela, su bisabuela; y su entierro. Qué poético. ¿Lo he dicho ya?

Compramos gusanitos y llegamos al parque. Andrés miraba el verde de los árboles, el movimiento de los columpios, las fuentes de piedra… Todo le maravillaba. Nos sentamos en un banco al sol a comernos los gusanitos.
– María, ¿por qué los bancos son verdes?
– Pues creo que los han pintado así para que hagan conjunto con el parque. Porque mira, Andrés, ¿de qué color es el césped, y los arbustos, y los árboles?
– ¡Verde! Aaaaaaaaaahhhh…. – abre los ojos entusiasmado – ¡Claro! ¡Para que tengan el mismo color que los árboles! ¡Qué bonito!
– ¿Verdad que sí?
Coge 4 hojas del suelo, y me pregunta:
– María, ¿por qué una hoja es verde, otra amarilla, otra marrón, y otra marrón más oscura?
– Pues creo que es porque se han caído en momentos diferentes y entonces algunas son más viejas que otras.
– Oohh…. entiendo… como ese árbol de ahí que es más pequeñito, ¿verdad? Cuando crezca, también se le caerán hojas marrones – Asiento, sonriendo, ha comprendido perfectamente en un momento con 4 hojas que la vida nace, crece, y se va. Entonces, se acerca a un arbusto- ¡Y mira las flores! ¡Blancas, amarillas, rosa! ¡Mira qué bonitas! – Me trae una, muy pequeñita, y con mucho mucho cuidado la posa en la palma de mi mano y dice:
– ¡Qué delicada es! – ¿De verdad tú tienes 4 años, Andrés? Creo que él también podría tener 100. Se sienta a mi lado de nuevo, cogiendo gusanitos del paquete, ahora dice que es una ardilla y se coloca los gusanitos de colmillos. Vuelven los 4 años como una ola a azotarme de alegría.
– ¿Escuchas los pájaros? – Preguntamos a la vez. Nos reímos.
– Sí, qué bonito, ¿verdad, María? Me gustan. – Sigue comiendo gusanitos, buscando los pájaros con la mirada.
– Vamos a dar un paseo, te voy a enseñar mi árbol favorito.
Llegamos, es un árbol de caucho de raíces gigantes que solía trepar cuando era pequeña.
– ¡Es el árbol más grande del mundo! – exclama, lanzándose hacia él. Entre saltos por las raíces encuentra una mariquita, quiere llevarla a casa y regalársela a mamá.

En el camino de vuelta, le digo que me voy a comer su comida y me contesta que se va a comer mi sol.
-¿Ah, sí? ¿Y a qué sabe el sol?
-¡A pera!
– ¿Ah sí? ¡Qué rico! ¡Voy a probarlo! – Y, justo antes de entrar, nos paramos en mitad de la calle, levantamos la cabeza al sol y lo saboreamos.

Una extraña sensación agridulce de calor con sabor a pera me acompañó el resto del día.

Mi abuela no llegó a los 100, pero casi. Entre su vida y las vidas que nacieron de ella sumamos más de mil años. ¡Habrá que celebrarlos!

Qué poética es nuestra existencia, aunque algunos no lo vean. Hay explosiones de música y colores por todas partes, empezando dentro de nosotros mismos. A partir de ahora, celebraré todos y cada uno de mis no-cumpleaños, porque la vida hay que celebrarla siempre, aunque a veces duela; y oler las flores y regalar mariquitas y preguntar por qué y maravillarse con los colores de las hojas. Empezaré hoy, dando las gracias:
– por existir,
– por la familia,
– por tod@s aquell@s que han decidido quedarse a mi lado por elección propia,
– a tod@s aquell@s que han cuidado de mi abuela especialmente en los últimos meses, incondicionalmente,
–  y a tod@s aquell@s que ayer dedicaron un momento a felicitarme. Porque quizás ellos no lo sabían, pero precisamente ayer me llegó más que nunca saber que me regalaron un poquito de su tiempo.

[Ah, el tiempo…]

Y tú, ¿te has parado ya a saborear el sol?

Stories VI: Happy non-birthday

Happy non-birthday.

Yesterday we buried my grandma. When I was walking to her house soon in the morning, I saw in a kiosk a poem’s book by Antonio Machado, I took it and opened it on just any page. The poem said something like this: “today I saw you taking my hand and taking me through the white path of hope…” And so I thought that it could not be a casualty to have seen that book at that exact moment and to have found that poem just by chance. Casualties don’t exist.

I was the last one to say goodbye for the last time, before taking her to the church: “Congratulations, grandma, for a whole life” , I whispered in her ears. Yesterday it was her birthday too, the priest was nice to mention it during the mass.

After the funeral, I took my younger cousin to the park where I spent my childhood. He, my cousin, is 4 years old. Actually, he is the son of a cousin of mine but I don’t know the term for this relation. I don’t care, he doesn’t need a term, he is Andres.

– Do you know that today is a special day?- I ask him.

-Why? – I think about the last months, the last days, about the storm, about her, about the calmness, about the cemetery and all the family there… I look at him in the eyes and his simplicity filled me with joy. How easy seems everything in a sudden! The end and the beginning, all at once. I answer:

– Because today is my birthday.

– And how old are you now?

– Guess it.

– Hhmm… 100! – what a wonderful reply, it could be true, who knows how many lives I live inside.

– What if we buy some popcorns?

– Yes! – his enthusiasm is contagious. He finishes his sentence with a huge smile, as if confirming the relevance of the event – because today is a special day.

Yes, it was indeed. It was also my grandma’s birthday, her great grandma; and her funeral. So poetic… have I said it yet?

We bought popcorns and arrived to the park. Andres stared at the green colors of the trees, the movement of the swings in the playground, the stone fountains… Everything delighted him. We sat down on a bench under the sun to eat the popcorns.

– Maria, why are the benches green?

– Well, I think they have painted them that way so they fit with the park. Because…look, Andres, what color is the grass, and the bushes, and the trees?

– Green! Aaaaaahhhh!! – he opened his eyes enthusiastically- of course! So they have the same colors of the trees! What a nice idea!

– Nice, isn’t it?

He grabs 4 leaves from the ground and asks me:

– Maria, why is this leaf green, this other one yellow, the other one brown and the other one even brownner?

– Well, I think it’s because they fell in different moments so some of them are older than the others.

-Oohh… I see… like that little tree over there, right? When it grows older, brown leaves will fall from it too – I nod, smiling; he has perfectly understood in a moment and with only 4 leaves that life is born, grows old, and goes away. Then, he approaches a bush: – look these flowers! White, yellow, rose! Look how beautiful they are! – he brings to me one flower, a very small one, and very carefully he places it over my hand palm, saying:

– How delicate she is! – Are you really 4 years old, Andres? I think he could be 100 as well. He sits down by my side again, taking popcorns from the bucket, now he says he is a squirrel and he puts some popcorns as canines. His 4 years of life come back in a sudden wave to lashed me with his joy.

– Do you hear the birds? – we ask at the same time. We laugh.

– Yes, how nice, isn’t it, Maria? I like them. – He keeps eating popcorn, looking for the birds with his glance.

– Let’s go for a walk, I’ll show you my favourite tree.

We reach the place: it’s a gigantic rubber tree that I used to climbed when I was a little girl.

– It’s the biggest tree in the world!!- he exclaims, and he runs towards it. While jumping among its roots, he finds a ladybug and he wants to take it home as a present for his mom.

On our way back, I tell him that I’m gonna eat his food and he replies that he’s going to eat my Sun.

– Oh, and what does it taste like?

– Like pear!

– Really? So yummy! Let me taste it!- And, just before we go inside the house, we stop in the middle of the street with our heads up to the Sun, and we taste it.

A strange bittersweet warm sensation with a pear like taste stood with me the rest of the day.

My grandmother didn’t live 100 years, but almost. With her life and the lives that were born from her we sum more than 1000 years. We should celebrate them!

What a poetic existence that we live, even though many don’t see it that way. There are color and music explosions everywhere, starting inside ourselves. From now on, I’m going to celebrate every single one of my non-birthdays because we must celebrate life always, even though sometimes it hurts; and we must smell the flowers and give ladybugs as gifts and ask why and be delighted with the colors of the leaves. I’m going to start today, being grateful:

– for existing,

– for family,

– for all those who have decided to stay by my side by choice,

– to those who have taken care of my grandmother, specially during the last months, unconditionally,

– and to all those who took a moment yesterday to wish me a happy birthday, because maybe they didn’t know but precisely yesterday it moved me more than ever to know that they gave me a little bit of their time.

[Oh, time…]

And you, have you stopped to taste the Sun yet?

Colores en acción

Relatos V: 15 minutos en mi mente

¿Quieres saber qué pasa un día cualquiera en mi cabeza? Sólo 15 minutos, prometo que no será más.

Estoy ahora mismo en el primer avión de vuelta a Sevilla, aún me quedan dos vuelos más. Salgo desde Liubliana, donde he tenido reunión de trabajo para cerrar un proyecto europeo.

Tengo en el asiento de al lado a mi compañera de trabajo, el avión aún no ha despegado. Me he puesto los cascos con “cancelador de ruido” (que no lo llega a cancelar del todo porque no son BOSE y si sabes de qué hablo, sabes que esa marca hace honor a su nombre) simplemente por no oír tanto bullicio en el avión. No sirven de mucho porque igualmente estoy escuchando la conversación de la pareja de delante, las risas del de atrás a mi izquierda, las carcajadas de unos adolescentes tres filas más atrás, otros adolescentes hablando 5 filas por delante, un hombre trabaja con su portátil en la fila delantera a mi izquierda y oigo también el sonido de sus manos sobre las teclas, oigo el ruido de fondo del motor del avión, las azafatas yendo y viniendo, el frufrú de sus faldas, las compuertas de las maletas cerrándose. Todas esas conversaciones no son en español, pero las percibo todas, con mucho sonido de “sh”, “s” y “j”; y doy gracias de que no sea en mi idioma y no las entienda.


Veo a mi compañera de reojo con el móvil, tiene cara de cansada y comparto su cansancio. Al otro lado veo un señor enchaquetado jugando a un crucigrama en el móvil, la pantalla es verde, la veo de reojo pero percibo su color. Acabo de mirar, efectivamente es verde. Miro hacia delante y veo el pelo blanco, los ojos azules y los labios rojos de la señora mayor que se sienta en la fila de delante, a la derecha, que habla con otro hombre más joven que se ríe. A la izquierda de este, veo de reojo la camisa roja y blanca de cuadros de ese hombre que trabaja con su portátil, ese que te he dicho del sonido de las teclas.


Estoy escribiendo esto desde el móvil. Levanto la mirada de la pantalla y veo un mar de cabezas por delante, la mayoría hombres, adolescentes, afroamericanos con pelo largo y rizado; algunos nórdicos rubios de ojos azules. Los veo a todos y miro mis manos escribiendo en el móvil, mis piernas, siento los gemelos cargados y la postura de los pies que no siento cómoda. Y al vernos a todos, ¿sabes qué pienso? En esto:

  • En la fragilidad de la vida: porque si este avión se va al carajo nos vamos todos con él en menos de lo que pasa un segundo, sólo espero que sea rápido y no nos enteremos. Ello inmediatamente me hace imaginar la posibilidad de caer en mitad del océano y que alguno sobreviva, nos veo con los flotadores estos naranjas y pienso que se me da bien nadar y preferiría no llevarlo. Imagino el horror que se debe sentir, el miedo, la desesperación. No quiero más, estaba muy tranquila. Borro la visión de mi cabeza.
  • Y así una palabra surge “paradoja”: la paradoja de la vida entre la riqueza inmensa que supone por un lado; y su gran futilidad por el otro: porque al fin y al cabo, todas estas personas están aquí con una historia a sus espaldas, son padres, hijos, hermanos, amantes… todos piensan que hacen sus vidas y toman elecciones por unos motivos concretos; pero si al final todos vamos a morir, ¿dónde quedará todo eso? Nos veo entonces como hormigas, porque al final somos todos animales y aunque hagamos, digamos y justifiquemos nuestras acciones y nuestra existencia, no somos dueños absolutamente de nada, ni siquiera elegimos nuestro nacimiento o nuestra muerte. Y así, nos siento muy lejanos a todos de algo que nos supera y que no creo que nadie de verdad entienda ni conozca. Filósofos, teólogos, poetas… hablan de ello. Los religiosos de cualquier tipo confían en un dios o en varios, o en la propia energía de la vida que se transforma. Se me viene entonces la imagen de personas a las que he querido un mundo y ya no están; y no sé si desear que estén “en el cielo velando por los suyos” (porque a todos nos gusta sentir la seguridad de que “hay alguien ahí” que nos cuida) o que se reencarnen en otra persona para ver si pueden seguir arreglando la humanidad un poquito más, como lo hacían antes. Si es verdad que ya de ellos no queda nada, menudo desperdicio de talento. (¿Y la humanidad tiene acaso arreglo? ¿Estamos acaso rotos? ¿Qué nos pasa que solo unos pocos hablan verdades y nadie quiere escuchar?) Y ahora veo a mi abuela, y toda la familia “esperando”. Siento el dolor de todos conmigo.
  • Y eso me lleva a desear que ojalá exista de verdad esa otra vida para todos, para los que han sido “buenos” porque realmente se merecen una recompensa; y para los que han sido “malos” porque de verdad necesitan una buena lección. Unos lo llaman cielo e infierno, otros reencarnación, otros inexistencia. Llámalo como quieras, yo sólo espero que de verdad haya “algo” que equilibre lo que hacemos y dejamos de hacer.
  • Así que eso ahora me hace pensar en los buenos y en los malos, en quién carajo somos nosotros para juzgar a nadie si nosotros mismos no sabemos siquiera dar respuesta a nuestros propios comportamientos. ¿Por qué buscamos la paja en el ojo ajeno sin quitarnos primero la propia? Nadie realmente conoce el conjunto de porqués que han llevado a una persona a hacer una determinada acción.
  • Me acuerdo de inmediato de todas las personas que se han cruzado por mi vida y que ya no están porque en una determinada ocasión ellos o yo tomamos la decisión de juzgar que en ese momento no era lo adecuado.
  • Y así me reconcilio con mi pasado, con todas esas personas, les perdono por haberme juzgado, y espero que ellos me sepan perdonar. Recuerdo discusiones estúpidas y pienso en lo tontos que somos todos los humanos.
  • Lo que me lleva a pensar en mi futuro, y a decirme “María por favor recuerda esto, es importante, te ayudará “.

Ahora el avión despega. Me encanta sentir esa sensación de que el estómago se echa para atrás con el impulso. Veo las nubes por la ventana, las montañas, el sol me refleja en los ojos y me molesta, levanto la vista de la pantalla. Se me taponan los oídos, muevo la mandíbula, echo las orejas para atrás. Mi compañera se ha quedado dormida. Siempre me ha maravillado esta gente capaz de dormirse en cualquier parte en un minuto.

Hace un día precioso, me fascinan las nubes flotando sobre las montañas, veo las casas diminutas, el río que recorre las tierras. Vuelvo a sentir la sensación de que no somos nada. En parte me tranquiliza, me quita responsabilidad, siento que es “ahora o nunca” para ser yo.

Siento frío, ¿por qué hace tanto frío siempre en los aviones? Lo leí hace poco porque me hice la misma pregunta y la busqué, pero la verdad es que no recuerdo la respuesta. Tengo muy mala memoria para según qué cosas. Y las azafatas en manga corta, ¡madre mía!

De repente me acuerdo de un favor que me ha pedido una amiga. Pienso que no seré capaz de cumplir, pero voy a esforzarme por hacerlo. No sé hacer nada mediocre, o se hace bien o no se hace, otro pensamiento es simplemente impensable. Y eso me lleva a recordarme que debo exigirme menos y decir más “no”.

Todo esto y el avión solo acaba de despegar. No te he descrito mi mañana desde que me he despertado, ni el paseo por la ciudad antes de ir al aeropuerto, ni la llegada a este, ni la comida basura en el embarque abarrotado. Ni voy a contarte tampoco el resto del día que me queda. Esto es tan solo lo que pasa por mi mente en ¿15 minutos? desde que me he sentado en el avión y este ha despegado. Imagina la cantidad de preguntas que me hago durante el día.

Muchas veces a lo largo de mi vida me han dicho cosas como:

“Eres muy complicada”

“Piensas demasiado”

“Relájate”

… No entienden que a mí esas preguntas no me causan estrés, sino que, por el contrario, me relaja divagar sobre ellas e incluso mejor si puedo reflejarlas de alguna manera (compartirlas en una conversación, crear debate, ilustrarlas en un dibujo, volcarlas en un escrito…)

Y así te dejo. Si has llegado hasta aquí, dime, ¿cuánto has tardado en leer la entrada? ¿15 minutos? Voy a ponerme música, a ver si así veo melodías en mis divagaciones.

Por cierto, ¿de qué color es el miércoles ?
Para mí, blanco.

El lunes es naranja.
El martes, verde.
El miércoles, blanco.
El jueves, azul.
El viernes, morado.
El sábado, azul y blanco.
El domingo, negro.
No me preguntes por qué.

¿Y a qué suena el amarillo?
A canario, a campanas y a flauta.

¿Qué forma tiene la inteligencia?
La de una caracola, por el número áureo.

¿A qué sabe la libertad?
A agua de mar salpicándome en la cara.

Por favor, siéntete libre de dejar tus comentarios 🙂

P.D: la imagen tiene y no tiene que ver con el relato, te explico: no tiene que ver en cuanto al contenido; pero sí tiene que ver porque es la ilustración que diseñé el resto del viaje. ¿Qué interpretas tú de ella? Si te interesa, puedes encontrarla en lámina haciendo clic aquí

oso disfrazado de papá noel

Feliz Navidad

Esta noche muchos celebran el nacimiento de Jesús, otros celebran la llegada de Papá Noel. Es curioso, sea como fuere hemos hecho coincidir ambas tradiciones en el calendario y ambas, además, provienen del cristianismo. Todos conocemos la historia del Niño Jesús pero, ¿conoces la historia de Papá Noel?

Papá Noel en realidad sí que era padre, era un obispo cristiano llamado Nicolás que vivió en el siglo IV en la ciudad de Myra, Anatolia (lo que hoy es Turquía), hijo de una familia noble y acomodada. Siendo muy joven, la peste asoló el país y se llevó a sus padres. Nicolás, tomando conciencia tras la tragedia de lo efímero y la banalidad de lo material, decidió repartir sus bienes entre los pobres y se ordenó sacerdote. Era conocido por escabullirse de la iglesia para mezclarse entre los pobres y repartir bienes y comida, sobre todo en invierno cuando la existencia se hacía más dura con el frío azotando intensamente. Los textos lo describen como un hombre corpulento con una larga barba que defendía con vigor a los más vulnerables. Tanto es así que Licinio, en un decreto contra los cristianos, lo encarceló y le quemó la barba para hacerle perder su dignidad. El emperador Constantino lo liberaría más tarde y su barba se convirtió en un símbolo. Tal fue su labor que, tras su muerte, se convirtió en santo patrón de Grecia, Turquía y Rusia.

¿Cómo entonces llegó a convertirse en lo que conocemos hoy por Papá Noel?

Cuenta la historia que, en la ciudad donde vivía, había un hidalgo que había perdido toda su riqueza y temía que sus tres hijas tuvieran que prostituirse para poder salir adelante. El Padre Nicolás, para evitar esta tragedia, cogió una noche oro de la iglesia y entró a hurtadillas por la ventana de la casa del hidalgo. Viendo colgadas en la repisa de la chimenea las medias de las niñas secándose al calor de la lumbre, las llenó con el oro y las monedas y se marchó, salvando así a las tres hermanas de una vida de desgracias.

Y esa es la leyenda que ha sobrevivido en el tiempo gracias a los literatos que han ido contando y transformando esta historia de esperanza a lo largo de los siglos, llegando primero de Turquía a Holanda, donde San Nicolás se conocía como Sinterklaas.

En 1809, la leyenda llegó a Estados Unidos donde el escritor Washington Irving simplificó la pronunciación, transformando así el nombre en Santa Claus. Otros poetas contribuyeron más tarde a crear la leyenda del anciano de panza grande que viaja en trineo tirado por renos regalando juguetes, que simbolizan esos bienes que traen esperanza – y, por tanto, felicidad- a los pobres; y fue Coca-Cola la que no hace tantos años lo vistió de rojo para darle publicidad a su marca.

Hablando del rojo, ¿sabías que en su origen se representaba a San Nicolás de verde? Puede que ya lo supieras pero, ¿sabes por qué? Muy simple: el verde era (y sigue siendo) el color que usan los sacerdotes en el tiempo ordinario del calendario litúrgico, y simboliza la esperanza.

Ahora que ya sabes la historia, si esta noche celebras el Nacimiento de Cristo, quizás te alegre saber que esa versión pagana de Papá Noel en realidad era un sacerdote que propagaba el mensaje de Jesús. Si, por el contrario no profesas ninguna fe, quizás te reconforte esta historia y veas la Navidad con otros ojos más solidarios.

Que sirva, en todo caso, para recuperar el sentido de esta fecha que nos hemos empeñado en señalar en el calendario.

Feliz Navidad.

María Tudela

*Este Papá Noel tiene cara de oso polar para ampliar la colección “Profesiones Animales” . ¿Por qué un oso polar? Porque es grande, como las figuras que representan a San Nicolás, y porque el frío de la tierra donde habita representa el invierno mejor que nada. Siéntete libre de descargarla haciendo clic aquí y usarla como felicitación. Propaga la historia, reparte esperanza.

Relatos IV: Anoche tuve una pesadilla.

Anoche tuve una pesadilla.

Exactamente la misma de la noche anterior.

Y de la anterior.

Pero anoche fue diferente:

anoche terminé riéndome de mi pesadilla.

Soy como una sombra consciente de mí misma que no llego a ser del todo yo, como en aquellos quirófanos donde los sometidos a cirugía flotan como fantasmas sobre las cabezas arremolinadas a su alrededor. Estoy en una sala oscura, tan oscura como un universo sin estrellas. Pero no tengo miedo, siento una extraña sensación reconfortante como si un terciopelo negro me abrazara por completo, siento su caricia suave rozándome la piel.

De repente, aparecen.

El terciopelo que me envolvía se desenrolla como una hoja de papel, se aleja flotando y allá al fondo veo un grupo de personas formando círculo.

También me veo a mí misma.

Soy una figura aparte y estoy muy alejada de ellos, dándoles la espalda.

Me doy la vuelta y me dirijo a ellos: quiero integrarme.

Se escucha el eco de mis pasos…

los alcanzo.

Me hago un hueco entre dos figuras, empujándoles a los lados. Intento mirarles las caras: algunas son figuras alargadas, con cabezas ovaladas, parecen alienígenas; otras son bajitas y rechonchas; otras tienen varias extremidades; veo un hombre con trompa de elefante y un ojo tres veces más grande que otro; veo otro hombre con un sombrero muy extraño, como de tela raída de colores muy chillones; una mujer tiene un bigote francés enorme y fuma pipa, su nariz y su bigote parecen una máscara de broma.

Los colores se entremezclan en el ambiente…

rojo,

amarillo,

naranja

….sobre el intenso negro del fondo. Flota en medio del círculo una translúcida serpentina amarilla y veo luces blancas que caen como copos de nieve y algodón.

De repente, una voz joven rompe el silencio abrumador lanzando una pregunta que me hace estremecer el corazón: “¿por qué estás aquí?

-Esto parece una reunión de alcohólicos anónimos. Siento vergüenza.-

Sin pensarlo, me escucho a mí misma decir: “porque me siento diferente”.

La voz, divertida, pregunta entonces: “¿quién de aquí se siente diferente?” Y rápidamente veo alzarse manos por doquier, una tras otra, como en una oleada; y escucho sus voces, todas a la vez y una tras otra, gritando:

”yo,
yo,

yo,

y yo,

¡y yo!”

Y entonces, pienso: “menuda gilipollez”. Y me río, me río mucho: yo soy la única que no está deforme aquí.

Diálogos III: Voy a montar en tiburón. / Dialogues III: I’m gonna ride a shark.

-Maía, voy a montar en tiburón. – Estamos en el baño, recién salidas de la ducha. Tenemos esa costumbre, ducharnos juntas. Llevamos toda la vida haciéndolo, como dos niñas, me temo que la palabra “pudor” no tiene cabida ni siquiera por esbozo en el diccionario de este idioma tan nuestro que tenemos. Esta nueva pesquisa de montar en tiburón me pilla totalmente desprevenida.

-¿Cómo? ¿Que vas a montar en tiburón? – Me sorprende de veras.

– Sí, le voy a poner una silla de montar y unas riendas, como un caballo. ¡Arre, tiburón, arre! – Me mira con los ojos abiertos como platos, llenos de entusiasmo, de vida; y, como esperando mi reacción, se queda inmóvil un momento para agitar de repente los brazos como si tuviera unas riendas entre las manos.

-Ajá. – Pongo cara de pensativa – ¿Y eso no es peligroso?

-Noooo…. – se ríe. – Con la silla de montar y las riendas, no pasa nada. – Cierra los ojos y sonríe mientras le seco el pelo con la toalla, como imaginando la situación.

– Hummm…. ¿Y cómo vas a encontrar el tiburón? – Aparta la toalla de su cabeza, y me mira muy fijamente:

– En la playa, Maía, ¡por Dios! – Se vuelve a echar la toalla a la cabeza.

-Aaahhh…. Claaaaro…. Qué cosas tengo… – No puedo evitar reírme. – Entonces, si vamos mañana a la playa, ¿podemos coger ahí un tiburón? ¿Tienes la silla y las riendas?

– ¡Claro! ¿Tú vienes?

– Esto…a mí me da un poco de miedo, eh… – Se le cambia el semblante, se pone muy seria. Se queda pensando por un momento, me parece que pase casi un minuto. Sigo secándole el resto del cuerpo.

– Venga Maía, no pasa nada, yo le digo “túmbate” y se tumba para que subas. – Suelto una carcajada.

– Ah, ¿sí? Como a Moka, le das la orden y obedece, ¿no?

– Claro, Maía, ¡Túmbate, Moka, túmbate! – Moka, que ha entrado en el baño muy disimuladamente y lleva lamiéndome el tobillo desde que salí de la ducha, se tumba. – ¡Muy bien! Ja,ja, ¡mira! ¡La cola se mueve! – se ríe. Se queda callada un momento mientras se coloca la camiseta grande de Bob Esponja que usa de pijama. – Entonces, Maía, ¿vamos a montar en tiburón?

– Hummm…. Yo la verdad es que prefiero… prefiero… ¡un unicornio!

– ¡Nightmare Moon! – Su personaje favorito de My Little Pony, asignada como mi centinela y salvadora personal por antonomasia, a la que recurre en cualquier ocasión que precise de un rescate; después de La Princesa Celestia, que es la suya propiamente auto-asignada. Y, para que conste, Nightmare Moon es única y exclusivamente para mi ayuda, disfrute y salvaguardia, y de nadie más. Porque lo dice ella, y punto.

– ¡Anda! ¡Claro! ¡Qué buena idea! Como vuela, ¿verdad? Así podemos ir las dos juntas por el mar – Yo ya me estoy imaginando la escena, en la playa de Valdelagrana, llena de domingueros con un color chamuscado algo parecido a la garrapiñada, un calor asfixiante y un buen gadita vendiendo camarones en cucurucho. Y ahí aparecemos nosotras, ella surcando las olas montada en un tiburón, en una silla de montar marrón atada al lomo gris del animal y sujetando unas riendas de cuero negro más largas que la línea del horizonte; y yo, volando a su lado encima de la alada unicornio azabache, Nightmare Moon, que se adelante al movimiento de las olas con esos enormes ojos azules, tan brillantes que parecen que uno esté viendo doble la Estrella Polar. Eso de ver doble me hace saltar el pensamiento a una imagen de Cruzcampo. Me apetece una cerveza. Me veo en un chiringuito con los pies en la arena. Nadie vende camarones en la playa de Valdelagrana, total, por soñar…

– Claro, yo en el tiburón y tú en Nightmare Moon. – Su voz me devuelve a la realidad del baño. Ya se ha colocado la camiseta gigante de Bob Esponja. Se ríe, y me dice: – Me encanta Bob Esponja.

– ¿Ah, sí?

– Sí, vive en una piña.

– ¡Anda! ¿En una piña? ¿Dónde?

– Debajo del mar.

– ¿Y se llama Bob Esponja, dices?

– Si.

– ¿Y tú sabes qué es una esponja?

– No, ¿qué?

– Eso con lo que te limpias el cuerpo en la ducha, eso suave de ahí – señalo una esponja que hay en el suelo de la ducha.

– ¿La esponja de mamá?

– Eso es.

– Puaj, qué asco. – Se sienta encima de la tapadera del váter para colocarse las zapatillas. Me mira fijamente mientras me pongo el pijama. – oye, Maía, entonces… ¿vamos a montar en tiburón?

– Bueno, vale. ¿Y cuándo vamos a hacer eso?

– Otro día. – Es tan obvio que puede hacerse cualquier día… No vamos a quitarnos ahora el pijama para ir a montar en tiburón, por favor, qué cosas tengo. Sale del baño mientras dice: – Maía, voy a ver Ahora Caigo. ¿Vienes?

– Claro, guárdame un sitio, no sea que me lo robe Moka…

*Aclaraciones:

      • Maía es como mi hermana me llama.
      • Moka es mi cachorro de Labrador Retriever, es negra como el café espresso del bueno de verdad y solo tiene 5 meses. Es un terremoto mimoso, no hay mejor descripción.
      • Nightmare Moon es un unicornio con alas negro, adorable, de la serie My Little Pony. Va un poco a lo loco por todas partes, pero es más buena que el pan. La Princesa Celestia es un pegaso blanco, creo que también unicornio, la hermana mayor de Nightmare Moon y princesa del reino de los ponys. Es la que corta el bacalao, para que nos entendamos.
      • La playa de Valdelagrana (una joya al sur de España) es muy conocida entre jerezanos, sevillanos y madrileños durante los meses de julio y agosto, evitada debido a ello por el resto de paisanos de la provincia de Cádiz; el resto del año desaparece milagrosamente del mapa y solo unos pocos afortunados consiguen atisbarla como por casualidad.
      • Creo que Bob Esponja no necesita presentación.
      • Ahora Caigo es un programa de televisión español (o simplemente una copia de algún programa de otro país) en el que la gente se cae por un agujero cuando no saben una respuesta a una pregunta, y un monstruo se los come; o eso dice mi hermana.

DIALOGUES III: I’M GONNA RIDE A SHARK

-Maía, I’m gonna ride a shark. – We are in the bathroom, we just took a bath. We have this custom of having a shower together since always, like two little girls. I’m afraid the word “shyness” has no place, not even the thought of it, in the dictionary of such a language that we share.

– What? Did you say that you’re gonna ride a shark? – It has taken me aback.

– Yes, I’m gonna place on it a riding saddle and some reins, like a horse. Gee up! Gee up! – She looks at me with her eyes wide open, lively full of enthusiasm; and, as if waiting for my reaction, she stands still, motionless, for a moment, to shake suddenly her arms as if she were holding some reins in her hands.

– Uh-huh – I put a “thinking face” on – But isn’t it dangerous?

– Noooo…. – She laughs.- With the riding saddle and the reins, it’s all right. – While I dry her hair with the towel, she closes her eyes and smiles, imagining the situation.

– Hmmm.. And how are you gonna find a shark? – She pushes the towel aside and stares at me:

– At the beach, Maia, of course! – She takes the towel again over her head.

– Of cooooouuuurse… What a fool am I! – I cannot help myself from laughing. – So, if we go tomorrow to the beach, can we get a shark there? Do you have the saddle and the reins?

– Of course! Are you coming?

– Hmm… I’m a bit scared, you know… – Her expression changes, her smile fades away. She stands thinking for a moment, it seems to me almost a minute while I keep drying the rest of her body.

– Come on, Maia, it’s gonna be alright, I’ll say to him “plas!” and he’ll lay down so you can get on. – I burst into laughter.

– Oh, really? Like Moka, you give him an order and he obeys, isn’t it?

– Of course, Maia. Plas! Moka, plas! – Moka, who’s entered the bathroom in a very quiet and discreet manner, and who’s been licking my ankle since I got out of the shower, lays down. – Very well! Ha,ha! Look! Her tail moves! – My sister laughs. Then, she shuts up for a moment while she puts on the big SpongeBob t-shirt that she wears as pyjamas.- So, Maia, are we gonna ride a shark?

– Hhmm… To be honest, I prefer… I prefer… an unicorn!

– Nightmare Moon! – Her favourite character in My Little Pony series, assigned by her as my personal guardian and saviour, to whom she turns at any occasion in which I may need to be rescued; after Princess Celestia, her rightfully assigned companion. And, for the record, Nightmare Moon is only and exclusively for my help, enjoyment and safeguarding, no one else’s. Just because she says so, and that’s it.

– What a good idea! Because she flies, right? So we can go together by the sea – I’m already imagining the scene, in Valdelagrana beach, full of tourists with a scorched colour like that of the caramelized peanuts, a suffocating heat and a good man from Cadiz selling prawns in paper cones. And there we show up, my sister cutting smoothly into waves riding a shark, sitting on a brown riding saddle tied to its grey back and holding a pair of black leather reins longer than the line of the horizon. And me, flying by her side on the jet black winged unicorn, Nightmare Moon, who gets ahead of the waves’ moves with those huge blue eyes, so bright that it seems as if you were seeing double the North Star. That of seeing double makes my mind jumps into an image of a Cruzcampo. I feel like having a beer. I picture myself in a beach bar with my feet touching the sand… Nobody sells prawns in Valdelagrana beach, who cares if I dream a bit…

– Yes, me with the shark and you with Nightmare Moon. – Her voice brings me back to the bathroom. She has already put the huge SpongeBob t-shirt on. She laughs, and says: – I love SpongeBob.

– Oh, really?

– Yes, he lives inside a pineapple.

– Wow, in a pineapple? Where?

– At the bottom of the sea.

– And his name is SpongeBob, you said?

– Yes.

– Do you know what a sponge is?

– No, what?

– That thing you use to clean your body when having a shower, that soft thing there – I point out to a sponge which lays at the shower floor.

– Mom’s sponge?

– That’s it.

– Yuck, disgusting. – She sits down over the toilet’s cover to put her shoes on. She stares at me while I put my pyjamas on. – Listen, Maia, so… are we gonna ride a shark?

– Alright, ok. When are we doing it?

– Another day. – It is so obvious that it can be done any day… We are not going to take our pyjamas off to go ride a shark now, of course. She gets out of the bathroom while saying: – Maia, I’m gonna watch “Fall now!”, are you coming?

– Yes, save a sit for me, just in case Moka wants to take it…

*Notes:

      • Maia is the way my sister pronounces my name.
      • Moka is my 5 months old Labrador retriever, she is as black as a good espresso, a real one. She is a cuddly earthquake, there is no better description.
      • Nightmare Moon is a winged black unicorn, adorable, from My Little Pony series. She goes around without rhyme or reason, but she is walking kindness. Princess Celestia is a white Pegasus, I think she is also a unicorn, Nightmare Moon’s big sister and princess of the kingdom of Equestria. She is the one who wears the trousers, so to say.
      • Valdelagrana beach (a jewel at the very south of Spain) is very well known among people from Jerez, Seville and Madrid during the months of July and August, reason why the rest of the people from the province of Cadiz avoid the place; the rest of the year it disappears miraculously from the map and only a few fortunate ones achieve to glimpse it by chance.
      • I think that SpongeBob needs no presentation.
      • “Fall Now!” is a Spanish TV show (or probably just a copy of another country’s TV show) in which people fall down through a hole when they don’t know the answer to a question, and a monster eats them; or so my sister says.

Diálogos II: Romea &; Julieto y el origen del amor. // Dialogues II: Romea &; Julieto and the origin of love.

– Romea: Hola, ¿Planeta Tierra?
Julieto: Sí, ¿con quién hablo?
Romea: Con Romea Buscalunas, busco a Julieto Principesso.
Julieto: Al habla Julieto. Dígame, ¿qué desea?
Anda, ¿es usted?
El mismo. Tutéame, por favor.
Bueno, Julieto, es que me han dicho que tenemos que introducir una nueva idea en La Tierra.
Ah, ¿sí? ¿De qué?
Mira, ¿tú conoces mi planeta?
No, ni idea.
Pues somos el planeta Nilopienses y somos los que llevamos toda la paranoia de la Tierra.
Ah. ¿Fuisteis vosotros los de la mitología griega?
Exacto.
¿Y los dioses romanos?
También.
¿Y Jesucristo?
Ya te digo, qué bien nos salió eso, paranoia colectiva durante más de 1500 años, sin precedentes.
¿Y Mahoma?
No, ese era el mismo Jesús, pero nosotros no tenemos culpa de que los humanos sean tontos y creen una copia del mismo personaje años más tarde. Una cosa es la creación de una idea y otra muy diferente la estupidez humana, son cosas distintas, de la segunda no nos hacemos responsables.
Ajá, ya veo. ¿Y la peste negra?
Eso fue una epidemia, Julieto, no una paranoia, aunque se armara la gorda igual. Lo de la caza de brujas, eso sí que fue cosa nuestra.
Entiendo.
Bueno, a lo que iba. Nuestro diseñador de paranoias está ideando un proyecto para enganchar a la gente.
Ajá, ¿cuál?
Pues mira, mandamos hace poco a un tal Shakespeare a la Tierra y resulta que se le da muy bien la lengua, ¿sabes? Que el tío no para de crear palabras y hemos dicho: ¿cómo podemos distraer a los humanos y que no piensen mucho? Ya sabes que, si piensan, igual les da por descubrirnos, ¿sabes? Y entonces la hemos pifiado porque no sabemos cómo lo hacen pero todo lo que descubren se lo cargan y, claro, nosotros aquí estamos muy bien.
Ya, claro, ¿y entonces…?
Pues nada, que hemos pensado en distraerles con amor. ¿Sabes lo que es el amor, Julieto?
La primera vez que lo escucho. ¿Qué es? ¿Eso se come?
Bueno, aquí lo comemos, sí, con un poquito de aceite y azúcar está delicioso. Pero no creo que los humanos puedan digerirlo, la verdad, así que vamos a enviarlo a La Tierra en forma de sentimiento.
Interesante. ¿En qué consiste?
Pues mira, es algo complicado… Te hace sentir en las nubes, el corazón se te acelera pero a la vez te hace sentir tranquilo. Es un poco raro. Te hace querer más, saber más, pero te aburre si obtienes demasiado; el misterio, esa es una de las claves del amor. También te hace estar distraído perdido y comportarte como un tonto. Y, ah, sí, piensas que podrías hacer cualquier cosa…
Un ilusorio, vaya, como una droga.
Exacto.
Pero no lo entiendo, ¿por qué alguien iba a sentirse así?
No por qué, Julieto, sino por quién.
Ah, entonces, es hacia otra persona, ¿sí?
Exacto. Es que a veces me explico fatal.
Lo de comportarse como un tonto… ¿de qué sirve? ¿Tiene alguna utilidad en concreto?
De nada, de qué carajo va a servir. Pero es eso, lo que te decía, es todo una táctica de distracción. Si le damos esto a los humanos, les tendremos bajo control.
¿Pero ese sentimiento dura mucho?
Bueno, eso depende. Podemos ir dándoles dosis. La versión que tenemos ahora está aún en modo beta y tendremos que ir haciendo cambios seguramente, ajustándola y perfeccionándola.
Ajá, ya veo. Bueno, ¿y qué pinto yo en todo esto?
Pues mira, Julieto, necesitamos que encuentres al Shakespeare este que te digo y le inspires para crear una historia de amor. Hemos analizado muy bien su persona y el tío es un crack, estamos seguros de que sus historias darán nombre a muchas paranoias humanas.
De acuerdo. Pues entonces necesito saber más sobre esto del amor.
Pues mira, es mucho más sencillo en realidad de lo que parece: a ver, se trata de contrastes, de opuestos, de relaciones ilógicas. Piensa en dos cosas que sean opuestas.
Hmmm… la nieve y el fuego.
Eso es.
Noche y día; sol y luna; blanco y negro.
Muy bien, muy bien.
¿Y qué hago con eso?
Pues haz lo mismo pero con sentimientos.
Paz y ansia.
¡Bravo!
Risa y llanto; alegría y dolor; incertidumbre y certeza.
Julieto, lo has pillado a la perfección. Pues eso es, una de cal y otra de arena.
Vale. Y tengo que hacer que Shakespeare lo entienda y que introduzca con ello una idea paranoide en los humanos.
Eso es, sabía que podíamos contar contigo.
Pues déjalo en mis manos. Ya lo estoy viendo: tragedia griega con tintes de romanticismo victoriano, verás qué explosión. De esto voy a sacar un melodrama para chuparse los dedos, pero se me ocurren otros ingredientes para ir añadiendo a la versión beta: un “ni contigo ni sin ti”, un “ahora sí, ahora no”, un “ahora que te he perdido te quiero”…
Che, para el carro, poco a poco, tampoco queremos que colapsen, ya iremos jugando con ellos… Si Jesucristo nos dio para 1600 años, con esto nos pasamos la eternidad, seguro.
Perfecto. Pues hala, ¿tienes el número del Shakespeare este?
Pero qué número ni qué leches; el siglo XXI te queda aún un poco lejos.
Ah, perdona, Romea, es que a veces me lío, ¿sabes? Esto de hablar por zapatilla es un poco confuso…


DIALOGUES II: ROMEA & JULIETO AND THE ORIGIN OF LOVE

Romea: Hello, planet Earth?
Julieto: Yes, who is it?
Romea: It’s Romea Moonseeker, I’m looking for Julieto Principesso .
Julieto: You found him. Tell me, what can I do for you?
Oh, is it you?
The very same.
Well, Julieto, I’ve been told to introduce a new concept in The Earth.
Oh, really? what about?
Do you know my planet?
No idea.
We are the planet Donoteventhinkofit and we are the ones in charge of paranoia on Earth.
Oh! So, were you guys those who spread the Greek mythology?
Exactly.
And the Roman gods?
Yes.
And Christ?
Oh, yes! What a good job we did on that one, more than 1500 years of collective paranoia, it’s been record-breaking!
And Mohammed?
No, that was the same Jesus, but we are not the ones to blame for human stupidity. If they are dumb and they create a copy of the same character years later, that’s not our fault. It is one thing to create an idea, and something very different to be stupid; we do not take responsibility for the second one.
I see. And the Black Death?
That was an epidemy, Julieto, not a paranoia, even though it went all out. The witch hunting, that was us.
Oh, ok, got it.
Well, as I was saying, our paranoia designer has come up with a project to engage people.
What is it about?
Well, we’ve just sent to Earth someone called Shakespeare and he’s ended up by being a language genius, this guys is all the time creating new words so we’ve thought: “how can we distract humans so they don’t think too much?” You know, if humans think maybe they’ll discover us, and then we’re screwed because – we don’t know how they do it – they ruin everything they touch; and, you know we are perfectly fine right now.
Yes, of course. So… ?
So we’ve thought to entertain them with love. Do you know what love is, Julieto?
Never heard of it, what is it for? Can you eat it?
Well,we eat it, yes, with a bit of sugar and olive oil it’s delicious. But we don’t think humans we’ll be able to digest it so we’re sending it to Earth as a concept.
Interesting. And how is it?
It’s a bit complicated… it makes you feel like you are in cloud-cuckoo-land, your heart speeds up but at the same time you feel a warm calm. It’s a bit weird. It makes you want more, know more, but it bores you to death if you get too much of it; mistery, Julieto, is one of the keys of love. It also diverts your attention from reality and makes you act like a fool. Oh, and it makes you think that you are able of anything.
An illusory drug?
Exactly.
But I don’t get it, why would someone feel like that?
For whom, you mean?
Oh, so it is towards someone else?
Exactly. I apologize, sometimes I don’t explain myself properly.
That thing about behaving like a fool… what is it for? Has it got any useful utility?
None, what the hell is it gonna be for? But as I said, it’s all diversionary tactics. If we give this to humans, we’ll have them under control.
But does this feeling last long?
Well, that depends. We will proceed step by step, giving them doses. The version we have now is still a beta test and we’ll certainly have to rearrange things.
Hmm, I see. And what do I have to do with all this?
Well, Julieto, we need you to find this Shakespeare i told you about and inspire him to write a story about love. We’ve analysed his character profoundly and he’s a genius, we can assure that his stories will make the name and fame for many human obsessions.
– Ok then, I need to know more about this thing called love.
Look, it’s easier that it seems: it’s all about contrasts, opposites, illogical relations. Think about two opposite things.
Hmmm…. snow and fire.
That’s it.
Day and night; the sun and the moon; black and white.
Very well, very well!
And what do I do with that?
The same thing but using feelings instead.
Harmony and anger.
Bravo!
Laughter and crying; joy and pain; uncertainty and certainty.
Julieto, you’ve got it perfectly well. Well, that’s it, the bitter with the sweet.
Ok. And now I have to make Shakespeare understand so he introduce with that a paranoid idea into humans.
That’s it, I knew we could count on you.
Well, leave it my hands. I’m already picturing it: a Greek tragedy with a touch of Victorian romanticism, you’ll see what a blast! I’m gonna yield a good melodrama out of it that will make your mouth water, but I’m coming up with some other ingredients to add to the beta version: one of “neither with you nor without you”, another of “not now, later”, one of “yes-no-yes-no”, another of “I love you now that I lost you”… 
Hey, command the ship! Step by step, we don’t want them to collapse right in the beginning, everything at its due time… If Jesus has lasted for 1600 years, we’ll spent eternity with this, I’m sure.
Perfect. Let’s do it! Do you have Shakespeare’s number?
Number!? Don’t speak nonsense! The 21st century is still a bit far from you, darling.
Oh, pardon me Romea, sometimes I get confused, you know? Talking by slipper is a bit disorienting…

Ilustración de hombre joven rubio de ojos verdes

Relatos III: Leo.

Me llamo Leo. Tengo 30 años pero la gente me suele echar 24 o 25. Tengo los ojos verdes, algo rasgados; la nariz aguileña y los labios carnosos. Tengo el pelo entre rubio y castaño, mido 1.82m y soy de complexión ancha pero no estoy especialmente fuerte. Tampoco creo que sea especialmente guapo.

Normalmente no me describiría físicamente pero me parece que es necesario para ilustrar lo que voy a contar.

Hoy me han pasado una serie de cosas que me suelen ocurrir casi a diario. De hecho, me pasan con tanta asiduidad que no les doy importancia y ya no son ni si quiera anécdotas que contar. Normalmente, son situaciones de las que me río y de las que paso soberanamente. Pero hoy no. Hoy me han hecho pensar, porque últimamente se debate mucho el tema en las esferas públicas y empiezo a plantearme si no debería yo reaccionar de forma más agresiva cuando se me presenten estas situaciones.

Por la mañana, en la oficina, han entrado en mi despacho Lola, mi jefa, y otra mujer:

-Leo, esta señora es Victoria, trabaja conmigo en la tienda. Victoria, este es Leo, nuestro nuevo fichaje.
-Hola Victoria, encantado.
-Ah, sí, sí, hola Leo, pero ya nos conocemos, ¿no? ¿No fuiste a la tienda a hablar con Lola…?
-Ah, sí, es verdad .
-Hombre, claro, esos ojos verdes no se olvidan.- Lo suelta así, como sin nada.
-…Ah, vaya. – Sonrío, sin saber muy bien qué responder. Había ido tan solo una vez a hablar con Lola a su tienda, hacía dos meses de aquello. Yo no recordaba la cara de esta mujer.

Más tarde, caminando al mediodía hacia casa para el almuerzo, he cruzado por una carretera donde no había paso de cebra. Un coche que venía a lo lejos, despacio, ha frenado para dejarme terminar de cruzar. He dado un brinco y he acelerado los tres últimos pasos que me quedaban para llegar a la acera, haciéndole un gesto con la mano a la conductora en señal de agradecimiento. Mientras cruzaba, la he visto por el rabillo del ojo avanzando lentamente tras de mí y, cuando por fin me ha sobrepasado estando yo ya en la acera, se ha parado en seco, ha bajado la ventanilla y me ha dicho: “¡qué pena que no te pillo!”. Y yo me pregunto: ¿piensa de verdad que eso es un piropo? ¿Quizás cree que me va a subir la autoestima? ¿Lo ve gracioso? ¿Se cree buena gente por decirme algo así?

Ni cinco minutos más tarde, pasando por el bar de la esquina dos calles más allá de mi casa, las dos camareras que hacían el turno del mediodía me han visto llegar de lejos y se han colocado la una junto a la otra, una con los brazos cruzados, la otra con las manos en los bolsillos. Al pasar a su lado, he visto de reojo cómo se daban codazos y me hacían un repaso de arriba abajo. Les he visto girar la cabeza siguiendo la dirección de mis pasos. No, no tenían 15 años; pasarían la cuarentena al menos.

Paso por delante de ese bar todos los días al menos tres veces al día y no puedo evitar el camino, ¿de verdad tengo que aguantar ese comportamiento porque sí? He notado arderme las mejillas de furia y vergüenza; ardor que ha subido aún más cuando he pasado por delante del taller que está en la paralela a mi calle y las tres mecánicas han parado su trabajo para mirarme pasar. Una de ellas ha gritado un “¡¡¡hala!!!” que ha hecho a un chaval que estaba apoyado en la pared de enfrente levantar la mirada de la pantalla de su móvil. He llegado a casa en camiseta de manga corta, con el brazo cargando bufanda, jersey y abrigo. Estábamos a 9º, pero yo me sentía a 40º.

Pero la cosa no termina aquí. A las nueve de la noche, cuando salía de la facultad, se ha repetido algo parecido. Estaba escuchando un audio de whatsapp cuando he pasado por delante de un grupo de mujeres y sus cabezas han ido moviéndose de arriba abajo inspeccionándome entero. Cinco calles más adelante, en un semáforo, una trabajadora de la limpieza le ha hecho un gesto con la mirada a su compañera cuando me he parado detrás suya; la otra me ha observado descaradamente a pesar de su intento disimulado y se han intercambiado miradas de aprobación. Estupendo. ¿Es que acaso soy una mercancía a aprobar?

Eso sólo ha sido hoy. Cada día me ocurren situaciones parecidas. Antes me lo solía tomar a broma, no le daba importancia, sobre todo porque nunca me he considerado objeto digno de contemplación. Simplemente, no le echaba cuenta. Incluso he llegado a pararme y dar las gracias en alguna ocasión en que me han echado un piropo con arte.

Pero hoy, no. Hoy me ha llamado la atención que una mujer que me vio hace dos meses se acordara del color de mis ojos: para ver los detalles hay que fijarse muy bien. Hoy me he sentido observado y, por primera vez, me he sentido violento caminando por lo que es mi paseo rutinario entre la oficina, mi casa y la facultad; incómodo, sabiendo que aquella que se ha fijado en mis ojos al verme de frente se ha dado la vuelta para mirarme el culo después.

Me pregunto cómo sería si esto le ocurriera a las mujeres. Nunca he escuchado a ninguna de mis amigas quejarse por que alguien le dijera nada por la calle. Me pregunto si esto es simplemente “porque las mujeres son así, impulsivas”, o si es parte del matriarcado sexista en el que hemos crecido y no nos damos cuenta.

Ser consciente de que mi sola presencia es motivo de juicio, valoración o excitación me hace sentir tremendamente incómodo. Y no entiendo por qué he de sentirme vulnerable caminando por dos calles más allá de la mía, saliendo de la universidad o en mi propia oficina. ¿Es problema mío, de las mujeres, de la sociedad…? ¿Soy yo el que hace un mundo de nimiedades? ¿O quizás deberíamos ponernos de acuerdo todos los hombres y reaccionar de manera más cortante y agresiva ante situaciones así? Con el pretexto de que somos el sexo fuerte, las mujeres nos han tenido siempre bajo su látigo, haciéndonos sumisos para que no usemos la fuerza contra ellas. En lo que va de año, 45 hombres se han suicidado, víctimas del maltrato matriarcal. ¿Cuándo vamos a parar esto?

Ya basta.

*Si te interesa, puedes conseguir la lámina de Leo en este enlace.

Relatos II: Caperucita Roja

De un suburbio pobre de Sevilla, Natalia tiene 16 años y nunca le han contado un cuento. Su padre estaba más preocupado en gastarse el alcohol de la despensa y su madre, en huir de él. Siguiendo su ejemplo, Natalia cumple 2 años de sentencia en un centro para menores infractores.
Nunca en mi vida he visto unos ojos brillar tanto al escuchar Caperucita Roja:

Estábamos sentadas en el sofá de la sala que hace las veces de comedor y lugar de recreo. Las chicas acababan de comer y hacían tiempo esperando irse a sus dormitorios hasta que comenzaran las actividades de la tarde. Normalmente les dejaban ver un rato la televisión, pero ese día una de ellas se había puesto farruquita y todas pagaban el pato, así que ahí estábamos, niñas y monitoras, mirándonos las caras las unas a las otras, los segundos pasaban como eternidades… Rebeca, la menor de todas, me había pedido que la peinara, y yo con gusto acepté a explorar mis habilidades estilísticas. Entonces Natalia, que miraba fijamente cómo pasaban mis dedos a través de la potencial trenza de boxeadora, rompió el silencio dirigiéndose a mí:

– Candela, cuéntame argo.
– ¿Algo como qué?
– No sé, una historia.
– Una historia…. ¿de qué?
– No sé, un cuento, venga cuéntame un cuento.
-¿Un cuento? ¿En serio? – no me podía creer que una niña de 16 años me estuviera pidiendo que le contara un cuento.
– Que sí, en serio, es que estoy aburría. Venga, cuéntame un cuento,
– ¿Conoces el cuento de Caperucita Roja?
– No.
– ¿Cómo? ¿de verdad? – Puro cachondeo que se tiene que estar trayendo conmigo…
– Sí, de verdá, no lo conozco, venga ya, cuéntamelo
– No me puedo cr… – No, sus ojos no mienten, nunca le han contado el cuento de Caperucita Roja– vale, venga, Allá va. Érase una vez una niña pequeña, de unos 7 u 8 años, que vivía con su madre en una casita de un pueblo pequeño por ahí apartado de la mano de Dios, entre las montañas.
Tó lejo’.
– Eso es, mu lejo’ de to’, por allí no había na de na, na más que bosque.
– Y montaña’.
– Y montañas. Bueno pues a esa niña le llamaban Caperucita porque siempre llevaba una caperuza roja. ¿Sabes qué es una caperuza?
– Sí, un de eso con capucha, ¿no?
– Claro, como una capa de abrigo con capucha, eso es.
– Vale vale, ¿y qué le pasó?
– Pues resulta que la niña tenía una abuelita que vivía en otro pueblo, pero la abuela estaba muy mayor y necesitaba ayuda. Entonces la madre un día le preparó una cesta con comida y le dijo a Caperucita que se la llevara a la abuela. Ya ves tú, una niña tan pequeña…
– ¿Ella sola por ahí?
– Pues sí pero, ¿sabes qué pasa? Que como era un pueblo tan pequeño…
To’r mundo se conocía, ¿no?
Aaaaro, entonces no había peligro. El problema era que la abuela vivía muy lejos…
– Vaya tela con la abuela. Pero bueno si estaba malita no la iba a dejá tirá.
– Total, que la madre le pide que le lleve la comida, y allá va Caperucita por el bosque super feliz ella. Claro, una niña pequeña, ¿qué va a hacer? Pues ella por el bosque cantando, lalalala… y parándose a oler las flores y “¡ay mira qué animalito más bonito!”
mona la niña. – se ríe, con una carcajada tan tierna que me estremezco.
– A todo esto que un lobo va pasando por allí y la ve, y piensa: “uy, una niña tan chica por aquí…” Y claro, el lobo pensó: “esta es la mía”. Entonces se acercó a Caperucita. Ah, pero escucha, que es que antes la madre le había dicho a Caperucita que no hablara con nadie, que fuera directa a la casa de la abuela sin hablar con extraños.
Aro aro, normá, si era tó shica.
– Pero claro a ver, es una niña, ¿tú te crees que un niño pequeño se le acerca alguien a hablarle y no le va a hablar? Pues claro que sí.
– Anda – Natalia se lleva las manos a la cabeza – ¡y ahora va y le habla al lobo!
– Exactamente, el lobo se le acerca y le dice: “oye niña, ¿tú qué haces por aquí solita?” Y Caperucita le dijo: “pues voy a llevarle comida a mi abuela”, y el lobo le preguntó: “¿y dónde vive tu abuela?” Y Caperucita le dijo que vivía en el pueblo al otro lado del bosque. Vamos, tan inocente era que le dijo hasta la casa donde vivía. Entonces el lobo, que era mu listo, le dijo que él sabía un atajo para llegar allí y le indicó que fuera por un camino. La niña le creyó y por allá que se fue. Pero era mentira.
– Anda, ¡qué diseh!
– Sí, sí, era mentira, en realidad le indicó un camino que era mucho más largo y él se fue por el atajo. Cuando llegó a la casa de la abuela, se la comió de un trago y se metió en la cama con la idea de hacerse pasar por la abuela.
– ¡Qué diseh! To loco er lobo.
– Pffff ya ves. Total que la niña sin sospechar nada, tan tranquila ella oliendo las flores del campo… En fin, que llega a casa de la abuela y llama al timbre:

-¿Quién eeees….? – “Uuuuy”… – piensa Caperucita – “qué voz más rara tiene mi abuelita… sí que está mala, sí, está cogidísima”.
-Abuelita, soy yo.
-Pasa hija, pasa, estoy en la cama- “Uuufff pero mal que está eh, vaya voz más ronca que tiene”.- Total que entra Caperucita, va a la cocina, deja la cestita que pesaba una jartá con tanto tarro mermelada y va al cuarto. Y cuando se acerca, le ve unos ojos enormes, rojos, hinchados…
– Uy abuelita por dió, qué mala cara tienes, tienes los ojos rojos, te los veo hinchados, qué grandes son…
– Son para verte mejor, cariño…
– Uy abuela por dios pero qué orejas más grandes tienes…
– Son para oírte mejor…
– No te estarás quedando sorda, ¿¡ no, ABUELA!? Oye pero y esa nariz… uy abuelita, sí que tienes que tener mocos, ¡qué nariz tan grande!
– Es para olerte mejor…
– Uy abuela, cómo te huele el aliento con esa boca tan grande…
– ¡Es para comerte mejor!

En esto que me abalanzo sobre Natalia quien, completamente absorta en la historia, se asusta y da un respingo gritando: “¡Ay Candela, por dio, que me asuhtah!” No tengo más remedio que reírme y ella, aún con la mano en el corazón, me pregunta:
– Pero bueno y qué pasa, ¿que se come a la niña?
– Digo, de un bocao. Pero claro, resulta que un cazador que acababa de llegar a casa y que vivía cerca había oído los gritos de la niña y había ido corriendo hacia allí. Fíjate, casualidades de la vida. Y cuando vio al lobo allí le plantó un tiro en la cabeza y le rajó de arriba abajo, y salieron Caperucita y su abuela de la barriga del lobo, ahí to llenas de sangre y tripas… uuggg qué asco más grande.
Ya ve’, ya ve’, y el lobo ahí to reventao, ¿no?
Aaaaro, reventaísimo.
– Ya ve…¡ja! ira el lobo…. ¡a tomá por culo el lobo!
– Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

– ¡Ay! ¿Ya? ¡Noooooo…! Cuéntame otro…
– ¿Otro?
– Venga, porfi…

Relatos I: Insomnio

Siente tu cabeza explotar a cada instante.
Oye el — BUM-BUM BUM-BUM BUM-BUM — de la constante bomba a presión sobre tu sien. Siente la sangre correr por sus arterias. Tócalas. Vamos, llévate la mano a la frente. ¿Las sientes? Palpitan.
Te arden los ojos, los sientes.
Siente cómo quieren cerrarse.
Ciérralos.
¿Te duelen? Sí, duelen. Están tan cansados de mantenerse abiertos que cuando se cierran, duelen. Y ese dolor se extiende por la parte frontal de tu cabeza.
Siente hincharse los globos oculares, siente su constante movimiento en un sinfín de malabares.
¿Dormir? Duele.
Dormir duele.
Cierra los ojos.
Los párpados tiemblan.
¿Ves la oscuridad?

(¿No se supone que los párpados han de ser como persianas y que la luz no ha de penetrar por ellos?)

No.
La oscuridad no existe.
A través de tus ojos cerrados se ven luces chisporroteantes, micro-relámpagos que borbotean en un mar negro tridimensionado, rayos amarillos y rojos y blancos y azules, chispas, alambres de colores que se mueven sin cesar. Energía en movimiento. Ajetreo, flujo y reflujo constante, celeridad vibrante y oscilación pura de circulaciones en actividad incesante. Pura energía removiéndose en tus párpados, esos párpados que son ahora como pantallas de cine personalizado con tu propia psicodelia.
Mírala, mira la energía cómo se mueve.
Pequeños gusanos de colores brillantes, electrificantes. Repetimos: chisporroteantes.
Siente el movimiento imparable de tus ojos que bailan con esas electrificantes larvas relumbrantes. Siéntelos como pelotas, siente cómo van girando y girando de un lado a otro, arriba, abajo, derecha, izquierda, arriba, abajo, arriba, derecha, abajo, derecha, arriba…
Imágenes en tu cabeza. Caras, formas, letras.
Silencio.
Las luces se han apagado.
   DE REPENTE.
Un suspiro…. por fin….
      ¿POR FIN?
Alguien juega ahora con tus párpados, como si fueran las cortinas oscuras de un teatro.
Y ves el relieve de las manos presionándolas.
Y ves formas en 3D: cuadrados, rectángulos, círculos, conos… como si la cortina negra cubriera esas formas y tú los vieras en el interior de tus párpados, meciéndose.
Es muy molesto. Pero no puedes pararlo, salvo abriendo los ojos.
Ábrelos.
Están abiertos. –

Y la envolvente oscuridad te abruma. ¿cómo es posible que veas ahora más oscuridad que la que veías con los ojos cerrados?
Respira hondo.
Vuelve a cerrarlos.
Siente cómo el corazón te late a mil por hora.
Siente tu pecho subiendo y bajando por el impulso del bombeo de la sangre.
Siente la sangre recorriéndote los brazos, los dedos de las manos… Siente cómo llega a las puntas de los dedos, siente su cosquilleo, siéntela volver por las muñecas. Arde, siéntelo: siente cómo te arde la sangre corriendo por tus venas…
Ahora un calambre en la pierna.
Y otro en un ojo.
Siente el palpitar del corazón en el estómago.
Siente la yugular y todas las demás venas del cuello contrayéndose y dilatándose. 

(¿Se supone que tú has de sentir eso?)

Echa los brazos a un lado, ya sabes que si los dejas sobre tu torso la presión hará que sientas aún más tu pulso.
Siente cómo todo tu cuerpo se agita por dentro.
Siente cómo se abre cada célula.
Siente cómo respiran.
Y eso no te relaja.
Te agobia.
Oyes tus latidos, tu estómago, tus pulmones absorbiendo y expulsando aire, un zumbido agudo en el oído.
Siente cuánta energía concentrada en tu cerebro.
Ese cerebro que sigue trabajando. Y tú eres testigo (¿o víctima?) de una consciencia sobre-estimulada.
Sobrecarga de información: demasiadas conexiones demasiado rápido.
¿Me repito?
Siente cómo te pesa todo el cuerpo. 
¿Soñar? ¿Eso qué es?
Espera.
¿Estás despierta?
¿O estás durmiendo?
Sigues viendo formas oscuras en relieve.
De acuerdo. Entonces, abre un ojo.
No, no estabas durmiendo.
Da la vuelta, prueba otra postura.
Encoge las piernas, ponte boca abajo, coge otra almohada o quita la que tienes, tápate más, destápate por entero, quítate los calcetines, quítate la camiseta, date un masaje en la cabeza, ve al baño, bebe agua. Toma leche, lee un rato, da un paseo, escribe una nota. NO mires el móvil.
Vuelve a cambiar de postura.

Ahora estás cayendo, ¿qué pasa? ¿a dónde vas? ¡Te caes!
Tu cuerpo da una sacudida.
Abres los ojos asustada, jadeando. Era solo una sacudida, nada más.
Ok, parece que ahora sí vas a dormir…

—-rrriiiiiinng.. !!!!!!!!!!!!!!!!!!!—–
Mierda, la alarma.
6.45
La última vez que viste el reloj eran las 6.15.

Te miras al espejo.
Apenas te ves.
No eres más que la distorsión de un emborronamiento en tu reflejo.
Espera, parece que hay alguien conocido donde crees que deberías estar tú.
Ah, eso es.
Esos ojos parecen muy pequeños, ¿te están mirando?
Tienes las mejillas hinchadas, la boca seca, los párpados te duelen.
¿Has ganado peso? ¿O has adelgazado?
Hoy te ves especialmente delgada, ¡mira esas costillas!

Hoy te ves hinchada, no recuerdas toda esa grasa colgando de tus brazos.

El cinturón cierra un agujero más.

¿Dónde están tus ojos? Parecen pequeñas avellanas engullidas por dos colosales ojos inflados de rana.
¿Te ha crecido la nariz? En serio, ¿no está más grande?
A quién le importa, ya no prestas atención a lo que hueles. Un día habrá un incendio y ni percibirás el humo.
El zumbido de los oídos continúa.
El bum-bum bum-bum bum-bum de la cabeza continúa.
Lávate la cara, ponte presentable. ¿Maquillaje? Venga, que no se te note.
Aséate. Aplícate.
Tómate un café.
O dos
…o tres.
Ve a trabajar, intenta seguir la rutina.

Primeras horas de la mañana. La gente está fresca, unos aún tienen las sábanas pegadas, bostezan. Otros sonríen, se les ve tan descansados, tan flamantes… Les miras pero no les ves… Concéntrate en mantenerles la mirada, que no noten que estás mareada…

Alguien te habla.
¿Qué dice?
Presta atención.
¡Que prestes atención, te digo!
Imposible.
Demasiado ruido.
Mira cómo se mueven sus labios…
Asiente.
Te mira extrañado.
Discúlpate, di que estabas distraída, pide amablemente que lo repita.
¿Entendiste?
Ok, apunta el dato, sabes que si no luego se te olvida.
Añade otro post-it a la colección de la pared de tu cuarto.
Añade otra nota al bloc de notas de tu smartphone.
Ah, sí, ahora estás trabajando. ¡Espabila! Das clase, ¿recuerdas? Eres profesora.
Concéntrate, intentas explicar algo. (¿¿¿EL QUÉ???)

¿Todos esos ojos te miran a ti? Guau, parecen bombillas parpadeando.

Por dios, ¡que apaguen las luces!

¡Atenta, una pregunta!
Hmm… ¿Eres consciente de lo que acabas de decir?
No, pero asienten con cara de complacencia. Parecen conformes. Por esta vez te has salvado. Menos mal que tienes un buen subconsciente.
Se te atropellan las palabras en la boca, quieren salir más rápido de lo que puedes pronunciarlas. O bien no hay manera de articular sonido, la gramática se te atora en la frente como fórmulas enredadas de categorías sintácticas desconcertadas. 

Incapacitación de formulación de frases enteras. ¿Eso se diagnostica?

 Y, cuando lo haces, si lo haces, – formular sonidos articulados – ni siquiera sabes si tienen sentido.
Haces el esfuerzo -pero la verdad es que ya ni te importa-.
Estás nerviosa, ¿exceso de cafeína o exceso de cansancio?
No puedes parar de balancearte de un lado a otro, tus piernas te imploran movimiento.
Sientes las pulsaciones de tu corazón cuando estás quieta, puedes oírlas, y no quieres. ¿¡Cuándo van a parar!? ¡¡No deberías oírlas!!
Termina la jornada. Vuelves a casa. Tus piernas se mueven hacia delante sin que sepas cómo ni por qué. Caminar, se llama. Piloto automático, también.
Te derrumbas en la cama.
Pero, ah, que no puedes dormir…
Levántate, ve al baño.
¿Qué es eso que ha caído del bolsillo del pantalón?
Ah, la nota que apuntaste esta mañana.
Pégala en el portátil, que la veas, que no la olvides.
¡Ah! Acércate a la colección de post-its de la pared, acuérdate de tachar lo que ya cumpliste.
Mierda, olvidaste la cita del miércoles.
Pero no tienes ganas de hablar por teléfono: demasiado esfuerzo.
Tampoco quieres que te oigan cansada.
Envía un mensaje pidiendo disculpas.
Pregunta cómo está, si todo va bien… ¿Mal? Dale ánimos.
Tú no quieres dar pena, a ti no te pasa nada.
De todas formas, tampoco lo entendería.
Tú di que estás bien, repetimos: a ti no te pasa nada.
Y la verdad es que ni te importa. Ya ni sientes ni padeces. No eres juiciosa de lo que ocurre a tu alrededor. Inconsciente conciencia es eso que tienes.
Andas como un robot, como un actor de efectos especiales en una pasarela que está quieta mientras un fondo de paisajes e imágenes se mueven tras él.
Así es tu vida ahora.
O así la percibes, porque ni siquiera la vives.
Y si alguien te pregunta, tú cuéntale lo que ves en la película.
Sí, esa película que ves a través de la pantalla de tus ojos.
Ah, ¿que tú eres la protagonista?
No, qué equivocados están.
Tú solo eres una espectadora más,
sin sentir nada y que nada te sienta.
Comes, pero no saboreas.
Oyes, pero no escuchas.
Hablas, pero no sabes ni qué dices.
Estás cansada.
Tan cansada, que sientes cómo te pesa cada músculo de tu cuerpo, cada hueso. Percibes cómo cada célula de tu cuerpo se agota a cada instante que pasa.
Notas los gemelos cargados.
La espalda te tira hacia delante, los brazos te cuelgan como dos piezas de embutidos expuestas, los pies se tropiezan.
No sufres pena por nadie.

Las alegrías tampoco te causan una gran excitación.
  Eso sí, nada de oír hablar de miserias…
Tu mecha está muerta.
Se te derrumba el alma, pero de agotamiento.
Intenta escribir.

La hoja se inunda de tachones apóstrofes, descarados, desamparados, llenos de infinita simbología repentinamente cortada de un tajo.

Intenta leer.
     

Las letras te bailan bajo la mirada, haciendo peripecias saltarinas de un lado a otro de las páginas.

Intenta ver una película.


     Espera…    me he perdido.

 
Desesperada frustración desesperante de una vida latente bajo cortinas de párpados aniquilados, movimientos desmayados y pensamientos que se desvanecen en el mismo instante de su enunciación mental. Inconsciencia, punto y final.

Microrrelatos III: El dragón del caos / Short stories III: The Dragon of chaos

Al fin y al cabo, no somos más que niños intentando controlar ese caballero armado que nos defenderá ante el dragón de nuestros miedos.

Vamos por la vida como si no pasara nada, como si solo tuviéramos que andar para que nuestros pasos nos lleven hacia delante sin más. Como si todo esto no significara nada, como si la vida fuera tan solo una fugaz existencia entre el cielo y la tierra, un rayo instantáneo en una tormenta de verano, una tormenta de arena africana en plena primavera europea… Y qué más da, ¿no? Solo hay que caminar.


Se equivocan. ¿Cómo carajo vamos a caminar si nuestro tobillo está doblado, nuestra cadera desequilibrada y nuestra vista nublada? ¿Qué camino es el que pisamos cuando estamos volando sobre el abismo y un mar revuelto se agita bajo nuestro paso? ¿No es contradictorio pensar que tan solo hay que andar, cuando hay que poner en marcha toda una maquinaria de músculos e intenciones para que el paso llegue a suelo sin tambalearse y resbalar? 

Yo me he enfrentado a mi miedo. Me he visto completamente paralizada ante él, atemorizada, sin aliento, con el corazón en un puño y lágrimas de pura angustia recorriendo en tropel mis mejillas. Me he visto sola, muy sola, ante una puerta enorme, tan alta que se perdía en el infinito, abierta a una oscuridad tan profunda que no se oía absolutamente nada más que vacío saliendo de ella, absorbiendo toda energía como un agujero negro. Me he visto ahí plantada, totalmente incapaz de moverme. Llorando. He llorado mucho, como una niña pequeña sin consuelo, sin abrazos, sin porqués. Percibiendo al dragón al otro lado… 

Y he cerrado los ojos, he hecho acopio de todo mi valor y he dado un paso adelante. He atravesado la puerta y me he visto en una sala oscura, tan infinita como el vacío. Llevaba una espada en la mano, más grande que mi cuerpo de niña de 6 años, más grande, 100 veces más, que el lazo rojo de mi cabeza. He buscado al dragón, aunque no ha hecho falta dar muchas vueltas, él solito ha aparecido ante mí, riéndose de mi diminuta e insignificante existencia, y de mi espada de ilusiones de colores que se derretía ante su sola presencia… Y entonces he tirado mi espada al suelo. Le he gritado “¡¡¡no te temo!!!” y he corrido llorando hacia él, abrazándome a una de sus patas con tanta ternura como solo los niños pueden demostrar en momentos tan misteriosamente magníficos y perturbadores como este… Y el dragón ha bajado su cuello, dejándome trepar por él. Y hemos volado por el infinito, tornándose la sala oscura en una vasta llanura llena de flores silvestres, aire puro, fresco aroma de flores recién nacidas; oía el cantar de los pájaros y el zumbido de las abejas, rumor de agua corriendo cerca, sintiendo la lluvia en mi cara y el rayo de sol calentándome la espalda…

Para descubrir que todo pasaba dentro de mí.  

Solo cuando nos enfrentamos al dragón y comprendemos que nuestro miedo no es más que un caballero intentando protegernos y abrazamos nuestras bestias internas como parte de aquello que nos hace crecer… Solo entonces podemos volar sobre la bestia alada, agarrando las riendas de nuestra vida, con el mundo a nuestros pies… 

¿Lo intentamos?

Al fin y al cabo, todo eso no son más que marionetas en las manos de nuestras almas de niños. Almas que, quizás, crecieron demasiado pronto. O se negaron a hacerlo, ¿quién sabe por qué?

*Puedes encontrar la ilustración original que acompaña este relato haciendo clic aquí

Short stories III: The Dragon of chaos

In the end, we are nothing more than kids trying to control that armed knight who will protect us against the dragon of our fears.

We go through life like nothing happened, like if we only needed to walk so our steps could take us ahead without further ado. Like if all this didn’t mean anything, like if life was just a fleeting existence between the sky and the earth, a momentary lightning in a summer storm, an African sand storm in the height of the European Spring… And what does it matter, right? We just need to walk.

They are wrong. How the hell are we going to walk if our ankle is twisted, our hip unbalanced, and our sight blurred? Which path is that we walk on when we are flying over the abyss and a rough sea shakes under our steps? Isn’t it conflicting to think that we only have to walk, when we need to turn on a whole machinery of muscles and intentions for our step to arrive to land without staggering and slipping?  

I faced my fear. I saw myself completely paralyzed in front of him, terrified, breathless, with my heart hunched over, and tears of pure anxiety running in droves down my cheeks. I saw myself lonely, very lonely, in front of a huge door, so tall that it got lost into the infinity, open to such a deep darkness that I could hear nothing but emptiness coming out of it, absorbing all energy like a black hole. I saw myself standing up there, totally unable to move. Crying. I’ve cried very much, like a little girl without comfort, or hugs, or reasons. Being aware of the dragon at the other side…
And I’ve closed my eyes, I’ve plucked up all my courage and I’ve stepped forward. I’ve gone through the door and I saw myself in a dark room, so infinite as the emptiness. I was holding a sword in my hand bigger than my 6 year-old-like-body, bigger 100 times than the red bow on my head. I’ve searched for the dragon, although it wasn’t necessary to search for very long, he himself has ran into me, laughing at my tiny and insignificant existence, and at my sword of colorful hopes that melted with its only presence… And then, I’ve thrown my sword to the ground. I’ve shouted: “I don’t fear you!!!” and I’ve ran, crying, towards him, hugging one of his legs with such tenderness as only children can show in so mysteriously magnificent and disturbing moments as this… And the dragon has taken down his neck for me to climb. And we have flown through the infinity, the room turning into a vast field filled with wild flowers, fresh air, fresh scent of newborn flowers; I heard the birds singing and the bees buzzing, murmur of water running near by; I felt the rain on my face and the sunlight warming up my back…

To discover that all that was happening inside me.

Only when we face the dragon and we understand that our fear is nothing else than a knight trying to protect us, and we embrace our inner beasts as part of that which makes us grow.. Only then we can fly upon the winged beast, holding the reins of our life, with the world at our feet…

Shall we try?

In the end, all that is nothing else than puppets in the hands of our child-like souls. Souls that perhaps grew up too soon. Or they refused to, who knows why?

*You may find the original illustration that goes with this story by clicking here

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