Anoche tuve una pesadilla.

Exactamente la misma de la noche anterior.

Y de la anterior.

Pero anoche fue diferente:

anoche terminé riéndome de mi pesadilla.

Soy como una sombra consciente de mí misma que no llego a ser del todo yo, como en aquellos quirófanos donde los sometidos a cirugía flotan como fantasmas sobre las cabezas arremolinadas a su alrededor. Estoy en una sala oscura, tan oscura como un universo sin estrellas. Pero no tengo miedo, siento una extraña sensación reconfortante como si un terciopelo negro me abrazara por completo, siento su caricia suave rozándome la piel.

De repente, aparecen.

El terciopelo que me envolvía se desenrolla como una hoja de papel, se aleja flotando y allá al fondo veo un grupo de personas formando círculo.

También me veo a mí misma.

Soy una figura aparte y estoy muy alejada de ellos, dándoles la espalda.

Me doy la vuelta y me dirijo a ellos: quiero integrarme.

Se escucha el eco de mis pasos…

los alcanzo.

Me hago un hueco entre dos figuras, empujándoles a los lados. Intento mirarles las caras: algunas son figuras alargadas, con cabezas ovaladas, parecen alienígenas; otras son bajitas y rechonchas; otras tienen varias extremidades; veo un hombre con trompa de elefante y un ojo tres veces más grande que otro; veo otro hombre con un sombrero muy extraño, como de tela raída de colores muy chillones; una mujer tiene un bigote francés enorme y fuma pipa, su nariz y su bigote parecen una máscara de broma.

Los colores se entremezclan en el ambiente…

rojo,

amarillo,

naranja

….sobre el intenso negro del fondo. Flota en medio del círculo una translúcida serpentina amarilla y veo luces blancas que caen como copos de nieve y algodón.

De repente, una voz joven rompe el silencio abrumador lanzando una pregunta que me hace estremecer el corazón: “¿por qué estás aquí?

-Esto parece una reunión de alcohólicos anónimos. Siento vergüenza.-

Sin pensarlo, me escucho a mí misma decir: “porque me siento diferente”.

La voz, divertida, pregunta entonces: “¿quién de aquí se siente diferente?” Y rápidamente veo alzarse manos por doquier, una tras otra, como en una oleada; y escucho sus voces, todas a la vez y una tras otra, gritando:

”yo,
yo,

yo,

y yo,

¡y yo!”

Y entonces, pienso: “menuda gilipollez”. Y me río, me río mucho: yo soy la única que no está deforme aquí.