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Reflexiones VII: ¿Tan confundidos están los jóvenes?

La confusión en los temas del amor y el compromiso está siempre presente entre los jóvenes, ¿no crees? ¿Pero tan confundidos están los jóvenes de hoy?

Vivimos en una sociedad que vive confusa per se por la idealización del amor romántico y por basar la vivencia en el sentimiento momentáneo. Muchos dicen que se ha cambiado el compromiso por el momento, la estabilidad por el placer … algunos ilusos aún piensan que es posible mantener la llama en una relación y luego se estampan contra un muro cuando se ven inmersos en un compromiso que ha terminado por convertirse en mera rutina, desviándose del ideal originario que tenían sobre el amor. Entonces, piensan: ¿merece la pena seguir gastando energía cuando ya no se siente la misma pasión? ¿O quizás solo cuestión de paciencia y de poner de nuestra parte para que esa chispa vuelva a surgir? Al fin y al cabo, la chispa siempre muere si no hay un hilo empapado de gasolina que la dirija hacia una explosión. Pero después de la explosión, ¿qué?

¿Es real el amor de esas parejas que permanecen aunque estén cansados el uno del otro? ¿O es eso solamente “compromiso rutinario”? El compromiso y la culpabilidad son armas muy poderosas de control sobre nuestra mente y nuestras acciones: en numerosas ocasiones dejamos de actuar porque nos cohíbe la culpa de algo que creemos que estaría mal si hiciéramos aunque sería lo que nos liberaría del yugo emocional que cargamos y al que nos sometemos. 

Es muy fácil hablar del amor “moderno” y juvenil sin ataduras, sin compromiso, que recoge dentro de un saco a un número importante de generaciones como si fueran individuos egoístas demasiado centrados en sí mismos y su propio placer.

Hay quien piensa que hoy el amor se basa en el “yo” en vez del “nosotros”, que se fundamenta sobre la atracción sexual y que se valora más el sentimiento circunstancial que la esencia y la entrega personal. Quizás sea algo más complicado que eso. Ese saco de individuos bien estaría dispuesto a comprometerse si encontraran a la persona adecuada con quien hacerlo. Todos sabemos que la química termina desapareciendo y que el amor de verdad es lo que prevalece cuando esa atracción inicial se diluye; y no vamos a engañar a nadie, todos preferimos un “nosotros” compuesto de “yoes” seguros antes que un “yo” vacío y en soledad. Pero resulta que los jóvenes de hoy día saben que “el amor de verdad” es duro de mantener y que si ese “nosotros” resulta irreal y tóxico, prefieren un “yo” pleno y solo (que no en soledad).

Nuestros abuelos se conocieron, se gustaron, quizás se enamoraron intensamente y al año se casaron y, como fruto de ese matrimonio, empezaron a tener hijos.  Es raro encontrar en España abuelos divorciados, pero es cada vez más común entre las generaciones descendientes. ¿Por qué? Hay una frase que siempre me ha calado: “antes, cuando las cosas se rompían, las reparábamos; ahora, las tiramos y compramos otra nueva”. Quizás sea cierto que no deberíamos apresurarnos a comprar la alternativa a la primera de cambio y que deberíamos intentar repararlo bien antes de desecharlo. Pero resulta que si uno se encuentra desgastado después de llevar un tiempo intentando repararlo, uno se pregunta si de verdad merece la pena.

Nuestro abuelos tenían una concubina que los acompañaba siempre en sus citas. Se veían una vez al mes, con suerte una vez a la semana, como mucho se cogían de la mano e intercambiaban besos a escondidas cuando los atentos ojos de la concubina se distraían. Ellos, como los jóvenes de hoy, también estarían deseando escapar y esconderse para dar rienda suelta a sus pasiones, pero la única manera que tenían de hacerlo era casarse. Tampoco tenían muchas parejas, ni probaban ni buscaban, porque era lo normal. En seguida empezaban a tener hijos y formaban pronto sus familias. También sufrían crisis, claro que sí, ser padres no es fácil; y probablemente muchos de ellos fueran descubriendo facetas de la mujer o del hombre con el que se casó que no le gustaban demasiado. Pero ah, ya tenían hijos juntos y no estaba bien visto divorciarse. Debían superarlo o sería la ruina de la familia: el hombre perdería su honor y la mujer se vería desamparada ante la sociedad.

Nuestros padres no tenían concubina; pero tampoco lo tuvieron fácil para tener momentos íntimos. Su noviazgo tampoco fue largo y probablemente pensaran que el matrimonio era la única manera apropiada de vivir juntos y darle rienda suelta a su amor sin que la generación de sus padres los tachara de libertinos. Y así, enamorados perdidamente, se casaban y tenían hijos; sin tener muchas más novias o novios. Luego, las crisis, de nuevo, porque si hay algo común a todas las relaciones son las crisis. Pero entonces hay un cambio social: de repente, se empieza a aceptar el divorcio, se empieza a ver que puede haber otras salidas, que uno no tiene por qué aguantar en una situación que le carcome, que uno puede estar felizmente separado, aunque lluevan críticas y juicios.

Y ahora que muchas generaciones jóvenes hacen exactamente lo mismo, que se enamoran perdidamente y se lanzan a una relación igualmente pero sin papeles de por medio, se les tacha de cómodos, egoístas, derrochadores… Se les atribuye la idea de equiparar el amor con el consumismo capitalista y se les encuadra en un marco de individualismo anárquico.

¿Cuál es la diferencia entre nuestros abuelos, nuestros padres y los jóvenes de hoy?

Hoy en día el número de parejas que se tienen equivale muchas veces al número de amantes que se tenían antes; todos conocemos historias de Fulanito de Cual y de Pepa Pascual. Ahora uno puede encontrar el amor con 37 y casarse con 40 y tener hijos con 42 y no es ningún drama. Ahora uno puede encontrar el amor en una aplicación o en un chat y no es ninguna tontería. Ahora se tienen los hijos a una edad más tardía, no solo porque sea difícil económicamente (que siempre lo ha sido), sino también porque se espera más tiempo antes de dar el salto porque nadie quiere darlo con una persona que no le hace bien. Y es por eso que se está un año con una persona y si a uno no le convence, se busca a otra. Y es por eso que se está seis años con alguien y, si algo no cuadra, se busca a otro. Y es por eso que las parejas que llevan diez años juntas, rompen.

No es que los jóvenes de hoy teman el compromiso, quizá sea que entienden que no es necesario un papel para comprometerse porque los papeles se rompen y la lluvia los moja. Quizás han entendido que no hace falta esconderse para demostrar su amor y que la estabilidad de una pareja depende en gran medida de la estabilidad personal de cada uno, por lo que no solo habrá que centrarse en la pareja y trabajar juntos para que funcione, sino que deberán cuidar primero de sí mismos para poder estar plenamente. Hoy no se necesita un papel que autorice la convivencia y, de hecho, muchos prefieren convivir antes de dar el salto a formar una familia porque la convivencia brinda momentos únicos que permiten conocer a la otra persona en profundidad.  Quizás también los jóvenes de hoy hayan por fin entendido que no se necesita estar ligado a alguien que les hace infelices porque Fulano de enfrente les vaya a mirar mal si se rompe la relación.

Cuando se tiene hijos es más complicado, porque los padres deben velar por el adecuado desarrollo personal de los niños y está claro que el óptimo desarrollo se lleva a cabo dentro de una familia donde hay amor.

Pero ahí te quería yo ver.

¿Qué ocurre cuando son los niños quienes pagan el pato de las (¿erróneas?) decisiones de sus padres? “Una familia donde hay amor” no es lo mismo que “un matrimonio que sigue junto”, porque puede estar junto únicamente de cara al público pero de puertas para adentro estar hecho trizas, lo que conlleva todo un bucle de inseguridad y falta de expresividad emocional, no solo en la pareja adulta sino también en los niños; lo que les llevará a no desarrollarse plenamente. Estar juntos no significa necesariamente estar unidos. Qué dilema. ¿Y si resulta que los padres han llegado a un punto en que para ser personas plenas necesitan separarse y tomar caminos diferentes? Si con ello consiguen ser, efectivamente, personas plenas, ¿no será acaso positivo para los hijos? 

Muchas veces creemos que los niños necesitan ver a sus padres juntos. Sin embargo, lo que los niños necesitan es ver a sus padres felices, juntos o no.

En la medida en que un padre o una madre se muestra feliz ante sus hijos, este inconscientemente está recibiendo un mensaje de seguridad, de que es posible seguir adelante y disfrutar de la vida aunque todo parezca caótico e incomprensible. Con nuestra actuación diaria, los adultos transmitimos constantemente a los niños una manera de enfrentarse a la vida, aunque no nos demos cuenta. Constantemente, los niños reciben seguridad e inseguridad de nuestra parte según vean en nosotros actitudes de confianza o de drama, respectivamente. Si un niño vive constantemente un drama en casa con unos padres que siguen juntos pero no unidos, ese niño crecerá con traumas; mientras que si un niño vive constantemente la confianza con unos padres que viven separados pero que se preocupan por el otro y que establecen relaciones positivas, ese niño crecerá seguro y entenderá que la vida a veces no es lo que otros sueñan.

¿Qué es lo ideal? ¿Que los hijos crezcan con una pareja adulta que se ama, se respeta y le transmite ese amor y respeto a sus hijos? Por supuesto. Pero la vida no es ideal, resulta que es bastante realista; y lo ideal entonces supone enseñar a los hijos la realidad de la vida. ¿No?

Los jóvenes de ahora no son tan diferentes a nuestros abuelos cuando eran jóvenes, ni a nuestros padres. Los jóvenes de ahora no es que tengan miedo al compromiso, es que quizás hayan visto en generaciones ascendentes que antes de precipitarse es mejor conocerse.

Los jóvenes que vendrán tampoco serán muy distintos. La sociedad cambia, la cultura evoluciona, las tradiciones se modifican, las leyes se reescriben… Si el único constante en la vida es el cambio, ¿por qué no aceptar que el cambio existe también en la percepción de la relación amorosa? Quizás sería bueno aceptar la confusión como parte del proceso, necesaria para el resurgir de un yo pleno y, por ende, de un nosotros más seguro.

dos manos entrelazadas

Cómo explicar… I: Te quiero. / Come spiegare… I: Ti amo.

Te quiero sin quererlo, sin buscarlo, sin haberlo imaginado, como se ama al mar y se siente al viento. Como se admira un volcán y se respeta al trueno.

Te quiero sin pensarlo, sin comerlo ni beberlo, sin pretensiones ni aspiraciones, sin víctimas ni cuestiones ni miedos ni falacias ni falsos credos atribuidos a manchas de tinta pasada en el diario roto de tu infancia. Te quiero con todas las letras de tu alfabeto interno, incluso las que no están en mi idioma. Con todos los puntos y comas, con todos los espacios, los tachones, los borrones, los paréntesis y los puntos y finales. Te quiero con todos tus amantes, tus desamores, tus afectos, tus pasiones, tus batallas, tus fatigas, tus frustraciones, tus Excalibures, tus Minotauros y tus barcos de papel. No quitaría ni uno solo, ni uno. Y te doy las gracias por haber pasado por cada uno de ellos, por cada nimio detalle que haya atravesado aunque uno solo fuera de los poros de tu piel, y por haberlos digerido con tal porte que hoy me hacen quererte de esta suerte.

Te quiero fuerte -como el café-, intensa -como el sol andaluz-, pausada -como las dunas- y descaradamente -como los niños-. Te quiero sin berridos, sin palabras insulsas ni gestos resentidos. Sin peros.

Te quiero sin más, como se ama a una mirada, como se esparcen las alas del mirlo al echar a volar, sin más. Sin alarmas ni sobresaltos, desaprendiendo todo lo que creía entender para comprenderte en cada recoveco de tu existencia.

Te quiero porque contigo lo aprendido no sirve de nada y lo nuevo se vuelve obsoleto en un microsegundo de besos.

Te quiero, sin miramientos.

Te quiero, como si nada.

COME SPIEGARE… TI AMO.

Ti amo senza volerlo, senza cercarlo, senza averlo immaginato, come si ama il mare e si sente il vento. Come si ammira un vulcano e si rispetta al tuono.

Ti amo senza pensarlo, senza perché, senza pretese né aspirazioni, senza vittime o problemi o paure o fallacie o false credenze attribuite alle macchie d’inchiostro sul diario rotto della tua infanzia. Ti amo con tutte le lettere del tuo alfabeto interiore, anche quelle che non esistono nella mia lingua. Con tutti i punti e le virgole, con tutti gli spazi, le correzioni, le cancellature, le parentesi, i punti e i punti finali. Ti amo con tutti i tuoi amanti, il tuo cuore spezzato, i tuoi affetti, le tue passioni, le tue battaglie, le tue avversità, le tue frustrazioni, le tue Excalibur, i tuoi Minotauri e le tue barchette di carta. Non toglierei niente nemmeno uno. E ti ringrazio per aver vissuto ogni attimo, per ogni minimo dettaglio che abbia attraversato anche se solo uno fosse dei pori della tua pelle, e per aver sopportato con una dimensione tale che oggi mi fa amarti in questo modo.

Ti amo forte – come il caffè -, intenso – come il sole di Andalusia-, in calma – come le dune – apertamente – come i bambini -. Ti amo senza urlare, senza parole insulse o gesti risentiti. Senza scuse.

Ti amo e basta, come si ama uno sguardo, come si aprono le ali del merlo quando prendono il volo, semplicemente così. Niente allarmi né spaventi, disimparando tutto ciò che pensavo di aver capito per capirti in ogni angolo della tua esistenza.
Ti amo perché con te quello che ho imparato è inutile e il nuovo diventa obsoleto in un microsecondo di baci.

Ti amo, senza riguardo.

Ti amo, come se niente fosse.

 
 

Diálogos II: Romea &; Julieto y el origen del amor. // Dialogues II: Romea &; Julieto and the origin of love.

– Romea: Hola, ¿Planeta Tierra?
Julieto: Sí, ¿con quién hablo?
Romea: Con Romea Buscalunas, busco a Julieto Principesso.
Julieto: Al habla Julieto. Dígame, ¿qué desea?
Anda, ¿es usted?
El mismo. Tutéame, por favor.
Bueno, Julieto, es que me han dicho que tenemos que introducir una nueva idea en La Tierra.
Ah, ¿sí? ¿De qué?
Mira, ¿tú conoces mi planeta?
No, ni idea.
Pues somos el planeta Nilopienses y somos los que llevamos toda la paranoia de la Tierra.
Ah. ¿Fuisteis vosotros los de la mitología griega?
Exacto.
¿Y los dioses romanos?
También.
¿Y Jesucristo?
Ya te digo, qué bien nos salió eso, paranoia colectiva durante más de 1500 años, sin precedentes.
¿Y Mahoma?
No, ese era el mismo Jesús, pero nosotros no tenemos culpa de que los humanos sean tontos y creen una copia del mismo personaje años más tarde. Una cosa es la creación de una idea y otra muy diferente la estupidez humana, son cosas distintas, de la segunda no nos hacemos responsables.
Ajá, ya veo. ¿Y la peste negra?
Eso fue una epidemia, Julieto, no una paranoia, aunque se armara la gorda igual. Lo de la caza de brujas, eso sí que fue cosa nuestra.
Entiendo.
Bueno, a lo que iba. Nuestro diseñador de paranoias está ideando un proyecto para enganchar a la gente.
Ajá, ¿cuál?
Pues mira, mandamos hace poco a un tal Shakespeare a la Tierra y resulta que se le da muy bien la lengua, ¿sabes? Que el tío no para de crear palabras y hemos dicho: ¿cómo podemos distraer a los humanos y que no piensen mucho? Ya sabes que, si piensan, igual les da por descubrirnos, ¿sabes? Y entonces la hemos pifiado porque no sabemos cómo lo hacen pero todo lo que descubren se lo cargan y, claro, nosotros aquí estamos muy bien.
Ya, claro, ¿y entonces…?
Pues nada, que hemos pensado en distraerles con amor. ¿Sabes lo que es el amor, Julieto?
La primera vez que lo escucho. ¿Qué es? ¿Eso se come?
Bueno, aquí lo comemos, sí, con un poquito de aceite y azúcar está delicioso. Pero no creo que los humanos puedan digerirlo, la verdad, así que vamos a enviarlo a La Tierra en forma de sentimiento.
Interesante. ¿En qué consiste?
Pues mira, es algo complicado… Te hace sentir en las nubes, el corazón se te acelera pero a la vez te hace sentir tranquilo. Es un poco raro. Te hace querer más, saber más, pero te aburre si obtienes demasiado; el misterio, esa es una de las claves del amor. También te hace estar distraído perdido y comportarte como un tonto. Y, ah, sí, piensas que podrías hacer cualquier cosa…
Un ilusorio, vaya, como una droga.
Exacto.
Pero no lo entiendo, ¿por qué alguien iba a sentirse así?
No por qué, Julieto, sino por quién.
Ah, entonces, es hacia otra persona, ¿sí?
Exacto. Es que a veces me explico fatal.
Lo de comportarse como un tonto… ¿de qué sirve? ¿Tiene alguna utilidad en concreto?
De nada, de qué carajo va a servir. Pero es eso, lo que te decía, es todo una táctica de distracción. Si le damos esto a los humanos, les tendremos bajo control.
¿Pero ese sentimiento dura mucho?
Bueno, eso depende. Podemos ir dándoles dosis. La versión que tenemos ahora está aún en modo beta y tendremos que ir haciendo cambios seguramente, ajustándola y perfeccionándola.
Ajá, ya veo. Bueno, ¿y qué pinto yo en todo esto?
Pues mira, Julieto, necesitamos que encuentres al Shakespeare este que te digo y le inspires para crear una historia de amor. Hemos analizado muy bien su persona y el tío es un crack, estamos seguros de que sus historias darán nombre a muchas paranoias humanas.
De acuerdo. Pues entonces necesito saber más sobre esto del amor.
Pues mira, es mucho más sencillo en realidad de lo que parece: a ver, se trata de contrastes, de opuestos, de relaciones ilógicas. Piensa en dos cosas que sean opuestas.
Hmmm… la nieve y el fuego.
Eso es.
Noche y día; sol y luna; blanco y negro.
Muy bien, muy bien.
¿Y qué hago con eso?
Pues haz lo mismo pero con sentimientos.
Paz y ansia.
¡Bravo!
Risa y llanto; alegría y dolor; incertidumbre y certeza.
Julieto, lo has pillado a la perfección. Pues eso es, una de cal y otra de arena.
Vale. Y tengo que hacer que Shakespeare lo entienda y que introduzca con ello una idea paranoide en los humanos.
Eso es, sabía que podíamos contar contigo.
Pues déjalo en mis manos. Ya lo estoy viendo: tragedia griega con tintes de romanticismo victoriano, verás qué explosión. De esto voy a sacar un melodrama para chuparse los dedos, pero se me ocurren otros ingredientes para ir añadiendo a la versión beta: un “ni contigo ni sin ti”, un “ahora sí, ahora no”, un “ahora que te he perdido te quiero”…
Che, para el carro, poco a poco, tampoco queremos que colapsen, ya iremos jugando con ellos… Si Jesucristo nos dio para 1600 años, con esto nos pasamos la eternidad, seguro.
Perfecto. Pues hala, ¿tienes el número del Shakespeare este?
Pero qué número ni qué leches; el siglo XXI te queda aún un poco lejos.
Ah, perdona, Romea, es que a veces me lío, ¿sabes? Esto de hablar por zapatilla es un poco confuso…


DIALOGUES II: ROMEA & JULIETO AND THE ORIGIN OF LOVE

Romea: Hello, planet Earth?
Julieto: Yes, who is it?
Romea: It’s Romea Moonseeker, I’m looking for Julieto Principesso .
Julieto: You found him. Tell me, what can I do for you?
Oh, is it you?
The very same.
Well, Julieto, I’ve been told to introduce a new concept in The Earth.
Oh, really? what about?
Do you know my planet?
No idea.
We are the planet Donoteventhinkofit and we are the ones in charge of paranoia on Earth.
Oh! So, were you guys those who spread the Greek mythology?
Exactly.
And the Roman gods?
Yes.
And Christ?
Oh, yes! What a good job we did on that one, more than 1500 years of collective paranoia, it’s been record-breaking!
And Mohammed?
No, that was the same Jesus, but we are not the ones to blame for human stupidity. If they are dumb and they create a copy of the same character years later, that’s not our fault. It is one thing to create an idea, and something very different to be stupid; we do not take responsibility for the second one.
I see. And the Black Death?
That was an epidemy, Julieto, not a paranoia, even though it went all out. The witch hunting, that was us.
Oh, ok, got it.
Well, as I was saying, our paranoia designer has come up with a project to engage people.
What is it about?
Well, we’ve just sent to Earth someone called Shakespeare and he’s ended up by being a language genius, this guys is all the time creating new words so we’ve thought: “how can we distract humans so they don’t think too much?” You know, if humans think maybe they’ll discover us, and then we’re screwed because – we don’t know how they do it – they ruin everything they touch; and, you know we are perfectly fine right now.
Yes, of course. So… ?
So we’ve thought to entertain them with love. Do you know what love is, Julieto?
Never heard of it, what is it for? Can you eat it?
Well,we eat it, yes, with a bit of sugar and olive oil it’s delicious. But we don’t think humans we’ll be able to digest it so we’re sending it to Earth as a concept.
Interesting. And how is it?
It’s a bit complicated… it makes you feel like you are in cloud-cuckoo-land, your heart speeds up but at the same time you feel a warm calm. It’s a bit weird. It makes you want more, know more, but it bores you to death if you get too much of it; mistery, Julieto, is one of the keys of love. It also diverts your attention from reality and makes you act like a fool. Oh, and it makes you think that you are able of anything.
An illusory drug?
Exactly.
But I don’t get it, why would someone feel like that?
For whom, you mean?
Oh, so it is towards someone else?
Exactly. I apologize, sometimes I don’t explain myself properly.
That thing about behaving like a fool… what is it for? Has it got any useful utility?
None, what the hell is it gonna be for? But as I said, it’s all diversionary tactics. If we give this to humans, we’ll have them under control.
But does this feeling last long?
Well, that depends. We will proceed step by step, giving them doses. The version we have now is still a beta test and we’ll certainly have to rearrange things.
Hmm, I see. And what do I have to do with all this?
Well, Julieto, we need you to find this Shakespeare i told you about and inspire him to write a story about love. We’ve analysed his character profoundly and he’s a genius, we can assure that his stories will make the name and fame for many human obsessions.
– Ok then, I need to know more about this thing called love.
Look, it’s easier that it seems: it’s all about contrasts, opposites, illogical relations. Think about two opposite things.
Hmmm…. snow and fire.
That’s it.
Day and night; the sun and the moon; black and white.
Very well, very well!
And what do I do with that?
The same thing but using feelings instead.
Harmony and anger.
Bravo!
Laughter and crying; joy and pain; uncertainty and certainty.
Julieto, you’ve got it perfectly well. Well, that’s it, the bitter with the sweet.
Ok. And now I have to make Shakespeare understand so he introduce with that a paranoid idea into humans.
That’s it, I knew we could count on you.
Well, leave it my hands. I’m already picturing it: a Greek tragedy with a touch of Victorian romanticism, you’ll see what a blast! I’m gonna yield a good melodrama out of it that will make your mouth water, but I’m coming up with some other ingredients to add to the beta version: one of “neither with you nor without you”, another of “not now, later”, one of “yes-no-yes-no”, another of “I love you now that I lost you”… 
Hey, command the ship! Step by step, we don’t want them to collapse right in the beginning, everything at its due time… If Jesus has lasted for 1600 years, we’ll spent eternity with this, I’m sure.
Perfect. Let’s do it! Do you have Shakespeare’s number?
Number!? Don’t speak nonsense! The 21st century is still a bit far from you, darling.
Oh, pardon me Romea, sometimes I get confused, you know? Talking by slipper is a bit disorienting…

Reflexiones IV: El amor. // Reflections IV: Love.

¿Qué es el amor?

Cometemos el error de pensar que, cuando estamos destinados a conocer a alguien –¿estamos destinados a conocer a ALGUIEN?– es para estar en una relación romántica. ¿No podemos estar destinados a conocernos porque nuestras almas se buscan y se encuentran para hacerse crecer mutuamente? Tendemos a idealizar el amor como la única manera de estar con la persona que amamos, como si el verbo amar fuera solo posible por, para y entre dos personas en relación exclusiva de reciprocidad absoluta.

Cometemos el error de encorsetarlo (al amor), de hacer de él un molde y esperar que cumpla una serie de características y que suba hasta un determinado volumen, con una temperatura controlada y un tiempo determinado.

El amor es mucho más que eso, es mucho más grande que nuestro poder para controlarlo –ah, ¿pero es que acaso tenemos algún poder sobre él?-. ¿Cómo podemos pretender centrar toda nuestra energía en una sola persona? ¿Y cómo podemos exigirle no solo a esa persona sino a la vida misma –¡¡a la vida!!– que esa concentración de energía y atención sea correspondida y, encima, no solo para siempre –¡¡para siempre!!– sino, además, única y exclusivamente en una relación de dos, de manera recíproca y exclusiva, sin opción si quiera a pensar que exista otra posibilidad?

El amor no entiende el egoísmo en que nos encerramos y nos empeñamos en creer que “TIENE QUE SER ASÍ”. El amor no puede encorsetarse, no entiende de límites, no comprende las fronteras, las atraviesa como un fantasma que ni si quiera se percata de que están ahí esos muros que nos levantamos nosotros mismos.

El amor es tan grande que te trasciende, manejándote como quiere sin importarle tus prejuicios ni tus falsos conocimientos –eso que tienes que aprender a desaprender– y te pone delante a diferentes personas para que experimentes cuantas puedas de todas sus facetas: una madre, un padre, un hijo, un hermano mayor y otro pequeño, un abuelo, un primo, un maestro, un amigo, un primer beso, un segundo, un quinto ya acostumbrado a besar;  hasta un último que sabe a primero cada vez que lo das. Y es también una mascota, una guitarra, el mar, la arena, una mano desinteresada que te ayuda cuando andas desamparado para tornarse entonces en ángel guardián…

Y esta, creo, es la función del amor porque, ¿qué hace si no un padre, un hermano, un abuelo, un amigo, un perro, una melodía o la misma primavera sino velar nuestro camino, amparándonos –protegiéndonos– como guardianes de nuestra dicha y nuestra propia inseguridad? Porque, cuando amamos y nos sentimos amados, crecemos en estima, sentimos una cándida alegría que nos completa – nos llena– y nos envalentona para hacer frente a la realidad que nos abruma. Cada uno en la manera y medida que le corresponde, abriéndose así en abanico las diferentes manifestaciones del amor. Y, tanto es así, que podemos enamorarnos con solo una mirada o con el roce de unos dedos en nuestra piel –y no hablo del amor romántico-.

Y, ¿qué hacemos entonces cuando creíamos que estábamos destinados a conocer a una persona, cuando por un momento pensábamos que aquel sería nuestro único amor para luego descubrir que las circunstancias no son las que deseábamos que fueran y sentimos que la otra persona ha cortado el hilo que nos unía…?

Entonces, nos sentimos rotos y creemos ver en las manos del otro las tijeras que cortaron aquel hilo rojo y, sin pararnos por un momento a pensarlo, rechazamos inmediatamente la idea de que exista alguna otra –cualquier otra– relación con esa persona, nos damos la vuelta y nos marchamos, sin ver que estamos rodeados de hilos que se entrelazan, balanceándose en la brisa propia que emanamos, yendo por distintos caminos, enlazándonos con cientos de almas; y sin ver tampoco que esa persona a la que le pintamos unas tijeras en las manos solo estaba intentando deshacer un enredo que se había formado con tanto hilo.

Cometemos el error de creer que solo hay un hilo que nos une y, por lo tanto, solo habrá una – UNA– persona esperando impaciente al otro lado. Yo creo que tenemos siete veces siete hilos por cada tipo variopinto y distinto de amor que podemos sentir. Cometemos –me repito– el error de pensar que tiene que ser –TIENE QUE– un tipo de amor concreto –UNO SOLO– con una persona especial –UNA SOLA– y, cuando no es así –Y NO SUELE SERLO– rechazamos cualquier otro tipo de amor con dicha persona. ¿Por qué?

El amor no entiende esas exquisiteces. No hablo de “el amor de verdad” porque el amor es verdad en sí mismo, no se concibe de otra manera, no se empequeñece en términos angostos construidos con el material de nuestra propia ignorancia; ni se clasifica su veracidad en niveles. –No se puede coger un “amómetro” y ponértelo en la axila y que te indique: 8º de amor a tu tortuga, 20º a la sinfonía X de Beethoven y 3345º a tu yaya. El amor es puro en todas sus caras y, como tal es veraz y verdadero en todos sus papeles.-

Pero volvamos a las exquisiteces. No, el amor no las entiende. Y es por eso que, cuando el hilo que veíamos carmesí en un momento de fuego interno se torna morado tras la asfixia del incendio, el exquisito lo dejará desvanecerse con las cenizas, ennegreciéndose con el paso del tiempo, sintiendo cómo le tira para atrás de vez en cuando… Solo cuando deje de ser exquisito y egoísta, solo cuando entienda que al amor no le importa su rechazo –porque no entiende de rechazos– solo entonces podrá el inocente sacudir las cenizas del hilo que parecía púrpura agonizante para admirar y extasiarse con el índigo que brota de su fibra, como un haz resplandeciente que, con su calidez, le hace sentir como en casa.

Porque eso es el amor, al fin y al cabo, ¿no?: sentirte en casa en el corazón, sin preguntarte cómo ni por qué, ni dónde ni con quién.

*Si has llegado hasta aquí y te gustaría felicitar a alguien por San Valentín o simplemente decirle que le quieres, puedes descargar esta imagen y enviarla 😉

Reflections IV: Love.

What is love?

We make the mistake of thinking that, when we are destined to meet someone – are we destined to meet ANYONE?– it is in order to be in a romantic relationship. Can’t we be destined to know each other just because our souls look for themselves and they find others to flourish mutually? We tend to idealize love as the only manner to be with the person we love, like if the verb “to love” was only possible by, for and between two people in an exclusive relationship of mutual reciprocity.

We make the mistake of restraining it (love), of making a mold of it hoping that it complies with a specific set of characteristics and that it rises until a certain volume with a controlled temperature and within a given time.

Love is so much more than that, much bigger than our power to control it –oh, do we have by any chance any power over it?-. How can we even try to focus all our energy in one single person? How can we ask not only that person but life itself – life!!– that concentration of energy and attention be reciprocated and, in addition, not only forever –forever!!– but also solely and entirely within a relationship of two people, in a reciprocal and exclusive way, without even the option of thinking that there exists another possibility?

Love is much bigger than all that. It doesn’t understand the selfishness or egotism which we lock ourselves in while we insist on believing that “IT HAS TO BE THIS WAY”. Love cannot be constrained, it doesn’t understand limits, it does not comprehend frontiers, it goes through them like a ghost who doesn’t even perceive the walls we built by our own.

Love is so huge that it cuts across your mind, driving your being at its will without caring about your prejudices or your fake knowledge- that one you should learn to unlearn– and it places different people right in front of you so you experience as many as you can of all its facets: a mother, a father, a big brother and a little one, a grandpa, a cousin, a teacher, a friend, a first kiss, a second one, a fifth one already used to kiss, and even a last one that tastes like the first one every time you give it. And it is also a puppet, a guitar, the sea, the sand, a selfless hand that helps you when you walk lost to end up turning into a guardian angel… 

And this is, I believe, the function of love. Because otherwise, what does a father, a brother, a grandpa, a friend, a dog, a melody or the spring herself do but watching over our path, giving us shelter –protecting us– like guardians of our happiness and our own insecurity? Because, when we love and feel loved, we grow in esteem, we feel a warm joy that completes us – fills us– and emboldens us to confront the overwhelming reality we live in. Each of them in their corresponding manner and measure, giving freedom that way to the different manifestations of love for opening out into your world. And so much so, that we can fall in love with just a glance or a caress –and I am not talking about romantic love-.

So, what do we do then, when we believed that we were destined to meet a person, when for a moment we thought that s/he would be our only love and then we discover that circumstances are not the ones we desired to be and we feel that the other person has cut the thread that tied us…? Then, we feel broken and we think we’ve seen in her/his hands those scissors that cut that red strand… And, without giving it a single thought, we reject immediately the idea of there being another – any other – kind of relationship with that person. We turn around and leave, without seeing that we are surrounded by intertwined strands that swing with the breeze emanating from ourselves in our to-ing and fro-ing, weaving hundreds of souls, and without seeing that the person we saw holding the scissors was simply trying to disentangle a knot that had been formed with so much thread. 

We make the mistake of thinking that there is only one strand tying us and, therefore, there will be only one –ONE– person waiting impatiently at the other side. I believe that we have seven times seven strands for each different and motley kind of love that we can feel. We make – I repeat – the mistake of thinking that it has to be – IT NEEDS TO – one very specific kind of love – ONLY ONE – with one special person –ONLY ONE– and, when it happens otherwise –AS USUAL– we reject any other type of love with that person. Why?

Love doesn’t understand that exquisiteness. I don’t say “true love” because love is truth by itself, it cannot be conceived in any other way, it doesn’t shrink within narrow terms built with the material of our own ignorance; nor can we classify its veracity by levels –You cannot take a “therlovemeter” and put it under your armpit so it indicates: 8º of love to your turtle, 20º to Beethoven’s 10th Symphony, and 3345º to your nana. Love is pure in all its faces and, as such, it is truthful and genuine in all its roles-.

But let’s go back to the exquisiteness. No, love doesn’t understand that. And this is why, when a strand that we thought to be crimson in a moment of inner fire turns purple when the passion suffocates, the refined one will leave it vanishing with the ashes, darkening with the passage of time, feeling how it pulls him back from time to time… Only when he stops being exquisite and selfish, only when he understands that love does not care about his rejection –because it does not understand about rejection– only then will the innocent shake the ashes off the thread that seemed of an agonizing suffocating purple, to contemplate and be astonished by the indigo that sprouts from its fiber, like a glowing beam that makes him feel at home with its candor.

Because that is love: to feel at home in your heart without asking how, why, where or with whom.

*If you’ve read until here and you’d like to say “I love you” to someone, you may download this image and send it with love 😉

Microrrelatos IV: Anda que no tardaste nada en decirme te quiero. // Short stories IV: You took a long time to say I love you.

Bajaban por la pasarela que cruza el río Guadalete subidos en una bicicleta. Él pedaleaba y agarraba con firmeza el manillar donde ella iba sentada, bien recogidita en su pecho, resguardada de la brisa húmeda que ya se levantaba mientras iba anocheciendo. Sus 15 años olían a sal y algas, iban desparramando arena de los pies descalzos y el torso moreno del muchacho delataba su etnia gitana. Ella, con un bikini verde muy bien puesto, unas bermudas rosa chicle y un moño desaliñado entre anaranjado y caoba, miraba los coches pasando, distraída.

– La Esperanza me ha dicho que se ha liado con el Fran… – Su voz se antojaba más rota de lo que sus ojos castaños anunciaban. Muy dulce, por cierto.
– Ya era hora, el pobrecillo llevaba detrás suya desde mayo… – No parecía nada sorprendido.
– Desde mayo, dice… Eso no es nada, canijo. El amor no se demuestra en 2 meses.
– A mí me lo vas a decir… – La sonrisa se le escapaba por la comisura de los labios, como si quisiera saltar al vacío gritando de alegría. Pero se contuvo, y la retuvo en la mirada. – Anda que no tardaste tú nada en decirme “te quiero”…
– ¿Y valió la pena o no valió la pena, canijo?
– Contigo nunca hay pena, gitana.

Míralos, tanta sencillez no cabe en una acera. 

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Short stories IV: You took a long time to say I love you.

They went down the footbridge that crossed the river riding a bike. He was pedaling and firmly holding the handlebars where she was sitting, well safe at his chest from the humid breeze that was rising with the sunset. Their 15 years smelled like salt and seaweed, sand scattered from their bare feet, and the dark naked body of the young boy gave away their gypsy ethnicity. She, with a very flattering green bikini, bubble gum pink shorts, a scruffy bun half way orange – half way auburn, was looking at the passing by cars, absent-minded.

– Hope told me she kissed Frank… – her voice sounded croakier than her brown eyes would tell. Very sweet, nevertheless to say.
– It was about time. He had a crush on her since May. – He did not seem surprised.
– Since May… that’s nothing, skinny boy. One cannot show love in just 2 months.
– So you say… – his smile was running away from the corner of his lips, but he stopped it, and contained it in his eyes. – You took a long time to say “I love you”.
– Was it worth it or not, skinny boy?
– It is always worth it with you, my gypsy girl.

Look at them, there is no room for such an ease in this side way.

Relatos II: Caperucita Roja

De un suburbio pobre de Sevilla, Natalia tiene 16 años y nunca le han contado un cuento. Su padre estaba más preocupado en gastarse el alcohol de la despensa y su madre, en huir de él. Siguiendo su ejemplo, Natalia cumple 2 años de sentencia en un centro para menores infractores.
Nunca en mi vida he visto unos ojos brillar tanto al escuchar Caperucita Roja:

Estábamos sentadas en el sofá de la sala que hace las veces de comedor y lugar de recreo. Las chicas acababan de comer y hacían tiempo esperando irse a sus dormitorios hasta que comenzaran las actividades de la tarde. Normalmente les dejaban ver un rato la televisión, pero ese día una de ellas se había puesto farruquita y todas pagaban el pato, así que ahí estábamos, niñas y monitoras, mirándonos las caras las unas a las otras, los segundos pasaban como eternidades… Rebeca, la menor de todas, me había pedido que la peinara, y yo con gusto acepté a explorar mis habilidades estilísticas. Entonces Natalia, que miraba fijamente cómo pasaban mis dedos a través de la potencial trenza de boxeadora, rompió el silencio dirigiéndose a mí:

– Candela, cuéntame argo.
– ¿Algo como qué?
– No sé, una historia.
– Una historia…. ¿de qué?
– No sé, un cuento, venga cuéntame un cuento.
-¿Un cuento? ¿En serio? – no me podía creer que una niña de 16 años me estuviera pidiendo que le contara un cuento.
– Que sí, en serio, es que estoy aburría. Venga, cuéntame un cuento,
– ¿Conoces el cuento de Caperucita Roja?
– No.
– ¿Cómo? ¿de verdad? – Puro cachondeo que se tiene que estar trayendo conmigo…
– Sí, de verdá, no lo conozco, venga ya, cuéntamelo
– No me puedo cr… – No, sus ojos no mienten, nunca le han contado el cuento de Caperucita Roja– vale, venga, Allá va. Érase una vez una niña pequeña, de unos 7 u 8 años, que vivía con su madre en una casita de un pueblo pequeño por ahí apartado de la mano de Dios, entre las montañas.
Tó lejo’.
– Eso es, mu lejo’ de to’, por allí no había na de na, na más que bosque.
– Y montaña’.
– Y montañas. Bueno pues a esa niña le llamaban Caperucita porque siempre llevaba una caperuza roja. ¿Sabes qué es una caperuza?
– Sí, un de eso con capucha, ¿no?
– Claro, como una capa de abrigo con capucha, eso es.
– Vale vale, ¿y qué le pasó?
– Pues resulta que la niña tenía una abuelita que vivía en otro pueblo, pero la abuela estaba muy mayor y necesitaba ayuda. Entonces la madre un día le preparó una cesta con comida y le dijo a Caperucita que se la llevara a la abuela. Ya ves tú, una niña tan pequeña…
– ¿Ella sola por ahí?
– Pues sí pero, ¿sabes qué pasa? Que como era un pueblo tan pequeño…
To’r mundo se conocía, ¿no?
Aaaaro, entonces no había peligro. El problema era que la abuela vivía muy lejos…
– Vaya tela con la abuela. Pero bueno si estaba malita no la iba a dejá tirá.
– Total, que la madre le pide que le lleve la comida, y allá va Caperucita por el bosque super feliz ella. Claro, una niña pequeña, ¿qué va a hacer? Pues ella por el bosque cantando, lalalala… y parándose a oler las flores y “¡ay mira qué animalito más bonito!”
mona la niña. – se ríe, con una carcajada tan tierna que me estremezco.
– A todo esto que un lobo va pasando por allí y la ve, y piensa: “uy, una niña tan chica por aquí…” Y claro, el lobo pensó: “esta es la mía”. Entonces se acercó a Caperucita. Ah, pero escucha, que es que antes la madre le había dicho a Caperucita que no hablara con nadie, que fuera directa a la casa de la abuela sin hablar con extraños.
Aro aro, normá, si era tó shica.
– Pero claro a ver, es una niña, ¿tú te crees que un niño pequeño se le acerca alguien a hablarle y no le va a hablar? Pues claro que sí.
– Anda – Natalia se lleva las manos a la cabeza – ¡y ahora va y le habla al lobo!
– Exactamente, el lobo se le acerca y le dice: “oye niña, ¿tú qué haces por aquí solita?” Y Caperucita le dijo: “pues voy a llevarle comida a mi abuela”, y el lobo le preguntó: “¿y dónde vive tu abuela?” Y Caperucita le dijo que vivía en el pueblo al otro lado del bosque. Vamos, tan inocente era que le dijo hasta la casa donde vivía. Entonces el lobo, que era mu listo, le dijo que él sabía un atajo para llegar allí y le indicó que fuera por un camino. La niña le creyó y por allá que se fue. Pero era mentira.
– Anda, ¡qué diseh!
– Sí, sí, era mentira, en realidad le indicó un camino que era mucho más largo y él se fue por el atajo. Cuando llegó a la casa de la abuela, se la comió de un trago y se metió en la cama con la idea de hacerse pasar por la abuela.
– ¡Qué diseh! To loco er lobo.
– Pffff ya ves. Total que la niña sin sospechar nada, tan tranquila ella oliendo las flores del campo… En fin, que llega a casa de la abuela y llama al timbre:

-¿Quién eeees….? – “Uuuuy”… – piensa Caperucita – “qué voz más rara tiene mi abuelita… sí que está mala, sí, está cogidísima”.
-Abuelita, soy yo.
-Pasa hija, pasa, estoy en la cama- “Uuufff pero mal que está eh, vaya voz más ronca que tiene”.- Total que entra Caperucita, va a la cocina, deja la cestita que pesaba una jartá con tanto tarro mermelada y va al cuarto. Y cuando se acerca, le ve unos ojos enormes, rojos, hinchados…
– Uy abuelita por dió, qué mala cara tienes, tienes los ojos rojos, te los veo hinchados, qué grandes son…
– Son para verte mejor, cariño…
– Uy abuela por dios pero qué orejas más grandes tienes…
– Son para oírte mejor…
– No te estarás quedando sorda, ¿¡ no, ABUELA!? Oye pero y esa nariz… uy abuelita, sí que tienes que tener mocos, ¡qué nariz tan grande!
– Es para olerte mejor…
– Uy abuela, cómo te huele el aliento con esa boca tan grande…
– ¡Es para comerte mejor!

En esto que me abalanzo sobre Natalia quien, completamente absorta en la historia, se asusta y da un respingo gritando: “¡Ay Candela, por dio, que me asuhtah!” No tengo más remedio que reírme y ella, aún con la mano en el corazón, me pregunta:
– Pero bueno y qué pasa, ¿que se come a la niña?
– Digo, de un bocao. Pero claro, resulta que un cazador que acababa de llegar a casa y que vivía cerca había oído los gritos de la niña y había ido corriendo hacia allí. Fíjate, casualidades de la vida. Y cuando vio al lobo allí le plantó un tiro en la cabeza y le rajó de arriba abajo, y salieron Caperucita y su abuela de la barriga del lobo, ahí to llenas de sangre y tripas… uuggg qué asco más grande.
Ya ve’, ya ve’, y el lobo ahí to reventao, ¿no?
Aaaaro, reventaísimo.
– Ya ve…¡ja! ira el lobo…. ¡a tomá por culo el lobo!
– Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

– ¡Ay! ¿Ya? ¡Noooooo…! Cuéntame otro…
– ¿Otro?
– Venga, porfi…

Microrrelatos I: Un campo de minas que explota en una lluvia de margaritas / Short stories I: A minefield exploding in a shower of daisies

– No temas mi vida, estoy contigo.
Y ella se relajó. Le abrazó, cerró los ojos y dejó volar su pensamiento. Sabía que le amaba. Gracias a él había aprendido que el amor es más que una reacción química: el amor es lo que queda cuando la química desaparece.
De repente, se sonrojó. El sonido de los pasos acercándose le recordó a aquel día cuando él corrió más rápido que nunca para agarrarla justo en el momento en el que se estaba cayendo. Y ahora que había tocado fondo y era hora de levantar cabeza de nuevo, ahí estaba él sujetando su mano y tirando de ella hacia arriba. Sí, eso es amor: cuando tu cuerpo ya ni siquiera te pertenece pero él sigue abrazando tus ideas con tanta ternura que podría hacer explotar un campo de minas en una lluvia de margaritas. En la vida, cómo muestras tu amor lo es todo.


Short stories I: A minefield exploding in a shower of daisies

– Don’t fear honey, I’m with you.
And she relaxed. She hugged him, closed her eyes and let her thoughts flow. She knew he loved her. Thanks to him she learnt that love is not just a chemical reaction: love is what remains when chemistry disappears.
Suddenly, she blushed. The sound of footsteps reminded her of that day when he ran faster than ever to catch her at that very moment she was falling down. And now that she had bottomed out and it was time to get up, he was there holding her hand and pulling her up. Yeah, that’s love: when your body doesn’t belong to you anymore but he’s still embracing your ideas with such tenderness that it could make a minefield explode in a shower of daisies. In life, how you show your love means everything.

Reflexiones II: Tú mismo. / Reflections II: You, yourself.

Te miro, te veo, te siento, te pienso.

¿Qué hacer cuando estás tan cerca y a la vez tan lejos?
No lo sé, quisiera saber cómo salir de mí para meterme en ti. Meterme en ti y ser tú y que tú seas yo y así salir de ti mismo, volar a lo alto, verte desde fuera, quererte un rato.
Que te mires, que te veas, que te sientas, que te pienses.
¿Qué hacer si no quieres afrontarlo?

Sigo aquí, tú te fuiste hace ya tiempo a burlar tus demonios con esmero… o sin él, qué más da, al menos lo intentas. ¿Eso es tener fortaleza? Hay que ser aún más fuerte para enfrentarse a uno mismo y acoger al miedo con los brazos abiertos y decirle: ¡ya no te huyo! Y ser tú mismo. Sonreír con la mirada y abarcar el todo y la nada.

Al fin y al cabo, yo te sigo amando. ¿Por qué tú no ibas a hacerlo?Amarte, digo, a ti mismo.

¿Y qué más dará el qué dirán? En esta vida, si uno no se quiere, ni siente ni piensa ni quiere al que tiene al lado.

Ojalá lo vieras y te quisieras. Solo un poco, solo un rato, para verte desde dentro y poder enorgullecerte por lo que has hecho, por lo que eres, por lo que quieres. Porque la empresa más difícil de levantar es la auto-conciencia. Porque no hay acto más noble que abrazar tus entrañas para ensanchar el alma.

*La imagen representa ese abrazo a los propios demonios internos y la aceptación del yo. De ahí la figura que se aproxima al remolino con los brazos abiertos. Si te fijas, en la parte baja del remolino las dos figuras tienen cuernos: son esos demonios de los que hablo. Cuando el hombre (la figura externa) se enfrenta a ellos, los acoge y deja de huirles, va saliendo de su propio torbellino, de ahí que la primera figura del remolino ya no tenga cuernos.


Reflections II: You, yourself.

I look at you, I see you, I feel you, I think of you.

What is there to do when you are all at once so close and so far?
I don’t know, I wish I knew how to go out of myself to get inside of you. To get inside and to become you, so you’d become me to go out of yourself, to fly far above, to see yourself from the outside, to love yourself for a while.
To look at yourself, to see yourself, to feel yourself, to think of yourself.
What is there to do if you don’t want to confront it?

I’m still here. It’s been a while since you left to outwit your demons thoughtfully… or not, who cares, at least you try. Is that strength? You must be stronger to face yourself and to receive your fear with open arms and to tell him: I don’t flee you anymore! To become yourself. To smile with full eyes and to encompass the all and the nothing at the same time.

After all, I still love you. Why aren’t you going to do so? Loving you, I mean, yourself.

And who cares about what people will say? In this life, if one doesn’t love oneself, he doesn’t feel or think or love the one next to him.

I wish you saw it and loved you. Only a bit, only for a little while, to see yourself from the inside and be proud of what you’ve done, of who you are, of what you want. Because the most difficult enterprise to raise is self-awareness. Because there is no higher act of nobility than to embrace your bowels so as to broaden your soul.

*The image represents the embracement of our own inner demons and the acceptance of the self. Therefore, the figure approaching the swirl with open arms. If you pay attention, in the lower part of the swirl the two figures have horns: those are the demons I talk about. When the man (the external figure) faces them, embraces them, and stops fleeing them; then he achieves to go out of his inner whirlwind, which explains why the face at the upper part of the swirl doesn’t have horns.

Poesía III: Volemos, digo, bailemos.

Si quieres, bailamos.

Aunque no sepa muy bien cómo se mueven mis pies,

aunque no sepa muy bien cómo agarrarme a tu cintura,

aunque no sepa muy bien qué hago en mitad de una pista de baile

con tu aliento en mi cuello y mis manos acariciándote.

Si quieres, bailamos.

Aunque no prometo no pisarte,

las pistas de baile se hicieron para romper corazones

y para enmendarlos.

Sigamos el compás de tu pestañeo

que con su meneo me tiemblan las entrañas

y me sacuden las telarañas del pensamiento.

Y volemos.

Digo, bailemos.

Con ese son de tu sonrisa que me brinda la brisa

que mueve mi cintura hacia tus manos,

s i n    p r i s a.

Déjame que te acaricie las dudas

y te lleve a mi nube de sonrisas ganadas

donde tus caricias no son más que pistas

que me llevan de la mano a tu conquista.

Déjame mirarte un rato

y comerse mis pupilas tus rendijas

y ya volveremos, si acaso,

al eco de los pasos en el camino de baldosas amarillas

hacia los recovecos de tu abrazo.

Y volemos.

Digo, bailemos.

Que las gaviotas se nos marchan de la vista

y el viento nos trae olores de marisma y salitre

que cubren y nublan el abismo que nos une.

No prometo bailar bien el vals que nos toquen otros:

posiblemente te pisaré y nos caeremos sin antojo.

No prometo saber cómo han de moverse los pies

ni a qué distancia han de posarse las miradas.

Solo prometo serle fiel a mis pisadas si deciden seguir tu trazada

y abrazar tu mirada a cada instante de baile que nos guíe en ese trance.

Y volemos.

 – Qué digo -,

bailemos.

 

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