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Reflexiones VIII: ¿Qué vas a hacer con los plátanos?

¿Conoces la historia de los monos y los plátanos? Dice así:

En el año de no sé qué década, unos científicos encerraron a 5 monos en una jaula y, en medio de ella, colocaron una escalera con una ristra de plátanos colgando del techo. En un primer momento, todos los simios se abalanzaron sobre la escalera para intentar alcanzar la comida, pero se llevaron un buen susto cuando fueron propulsados hacia atrás por un fuerte chorro de agua. Cada vez que alguno lo intentaba, los científicos le hacían caer a base de chorros a propulsión, con lo cual los monos aprendieron la lección: los plátanos eran inalcanzables; y dejaron de intentarlo.

Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los macacos por otro diferente, nuevo, completamente ajeno a la situación. ¿Qué ocurrió? Ya puedes imaginar al mono creyendo ser el más ingenioso: plátanos a unos saltos de la escalera, 2 congéneres quitándose los piojos el uno al otro, un mono durmiendo y el otro rascándose el trasero, ¿de verdad a ninguno le importaba aquel manjar? Pues raudo él se abalanzó sobre la escalera, la boca agua, la excitación corriendo por sus venas… Para recibir golpes, gruñidos, arañazos y empujones de sus semejantes en cuanto le vieron precipitarse tan decidido. Obviamente, sabían lo que le ocurriría: un dios enfurecido descargaría su rabia contra él; si no quería morir ahogado, más le valdría estarse quietecito y alabar los plátanos de lejos. El nuevo mono aprendió la lección y no lo volvió a intentar.

Al poco tiempo, los científicos volvieron a sustituir a otro de ellos y volvió a repetirse la escena; este también aprendió. Y así, poco a poco, fueron sustituyendo a todos los macacos de manera que ya no quedó ninguno de aquellos primeros que recibieron el chorro de agua propulsada. Los científicos siguieron sustituyendo a los simios, de manera que llegó un momento en que ya ninguno sabía el porqué original de la prohibición de coger los plátanos, aún a sabiendas de que constituían un alimento. Ni se lo cuestionaban.”

La gran alegoría del ser humano y la sociedad explícitamente expuesta en un experimento con macacos.

¿Qué es lo que nos pasa?

Vamos a la escuela y nos dicen que las cosas son así. Nos rebelamos contra el mundo en la adolescencia y nuestros padres nos dicen que las cosas son así. Vamos a la universidad o decidimos no ir y aprendemos abriéndonos al mundo que las cosas son así. Llegamos al trabajo y debemos aguantar lo que sea porque las cosas son así. Y seguimos haciendo lo que hacen los demás porque las cosas son así. Aceptamos el sistema general que nos rodea y que gobierna nuestras acciones cotidianas como si no pasara nada porque nos han enseñado que las cosas son así. Incluso cuando planteamos una nueva pregunta o intentamos coger uno solo de los plátanos, obtenemos por toda respuesta que las cosas son así, aprendiendo por tanto que la única actitud que nos mantiene con vida es la resignación.

Me pregunto qué habría pasado si en esa jaula de monos hubieran inyectado un virus cuya única vacuna estuviera en el nutriente de los plátanos. ¿No harían todos una cadena para aguantar con la fuerza de la unión el chorro que les cayera y conseguir así los plátanos y, por tanto, la salvación?

¿No es esto acaso lo que está ocurriendo ahora, hoy, mientras estás leyendo esto?

Mientras nos siguen diciendo desde las altas esferas que las cosas son así, somos los ciudadanos de a pie los que estamos construyendo cadenas de ayuda mutua: empresas que han modificado su maquinaria para construir respiradores; que han puesto todos sus recursos personales y materiales para la fabricación de equipos de protección; diseñadores, vendedores de ropa y particulares que han cogido sus máquinas de coser y se han volcado en tejer mascarillas y batas para el personal sanitario, enfermos y cuidadores; voluntarios jóvenes y adultos que se han puesto al servicio de sus mayores; artistas que amenizan las horas de encierro y que hacen más llevadero el duelo, un duelo que ni siquiera da tiempo a asimilar porque muy probablemente tampoco hubo despedida. Incluso grandes fortunas que han donado y traído materiales de fuera mientras nuestros gobernantes siguen barajando las cartas de la burocracia y retrasando la llegada de material. Gobernantes y políticos que, por cierto, no se han recortado el sueldo, ni han hecho ERTE a los cientos de diputados que están en sus casas sin hacer nada, ni tampoco han salido a hacer voluntariado para ayudar a tanta gente necesitada.

¿Y qué pasa mientras tanto fuera de esta jaula? Las aguas vuelven a aclararse, los delfines vuelven a las costas, algunas especies vuelven a reproducirse, la atmósfera se limpia, los animales campan a sus anchas, la naturaleza vuelve a respirar.

Y si, me pregunto, ¿y si conseguimos alcanzar los plátanos y salir de la jaula? ¿Qué pasaría?

¿Vamos a quedarnos de nuevo con la resignación como forma de vida? ¿O vamos a entender de una vez que los plátanos NO son un ideal inalcanzable al que mirar de lejos sino que son un alimento básico para nuestro desarrollo?

Dejemos de creernos a pies juntillas que las cosas son así porque otros lo dicen y preguntémosles por qué caramba son así. ¿Recuerdan el principio originario? Ajá, que no te sorprenda si ni ellos mismos tienen la respuesta. Entonces, ¿por qué no cuestionarlo TODO y formular un nuevo planteamiento que nos permita a todos alcanzar los plátanos sin matarnos a porrazos?

Lo que estamos viviendo hoy debería suponer un nuevo orden mundial puesto que, de no ser así, no habríamos aprendido absolutamente nada y entonces, permíteme al menos evocar a Mafalda y bajarme con ella del mundo. Si no aprendemos nada, los pobres saldrán más pobres y los ricos seguirán siendo los más ricos. Como siempre, podrán con nosotros unos cuantos chorros.

Y no me refiero a abrazarnos y besarnos con más sinceridad, ni a apreciar más la compañía de otros, ni a valorar más el momento presente, ni a cuidarnos más física y mentalmente, ni a ser más altruistas [porque hemos demostrado que lo somos], ni a visitar más a la familia ni a perseguir nuestros sueños. Todo esto espero que lo hagamos, que seamos conscientes de que no hay mayor regalo que el presente porque en cualquier momento llega una brisa y nos barre. Este cambio personal que algunos tanto necesitaban espero de veras que sea perenne. Sin duda, en esto sí habremos aprendido algo. Pero no hablo de esa índole personal, puesto que de todo ello ya te has ido dando tú cuenta a medida que han ido pasando los días de cuarentena; el nivel personal lo cubre cada uno a su medida.

Sugiero ir más allá y llegar a ese nivel social que nos hace crecer como especie; y a ese otro nivel natural o ecológico que nos hace estar en esta Tierra.

Esta crisis nos ha demostrado que las profesiones normalmente menos valoradas o más castigadas en esta sociedad de jefazos han sido, precisamente, las que nos están salvando el culo: limpiadores para desinfectar, agricultores, ganaderos y pescadores para el sustento; transportistas y repartidores para abastecer los mercados y los hogares, personal de supermercado, trabajadores sociales, maestros y profesores… la lista es inmensa. Y, por supuesto, los sanitarios. Todos ellos dando el callo día a día porque la clase política, mientras tanto, no han sabido estar a la altura. Parte de mí no les culpa [a los políticos], ¡es tan fácil decir “yo habría hecho esto o lo otro”! ¿Quién, en su situación, habría tenido el coraje de decir la verdad desde el principio, de reconocer que no existen medios, de anunciar miles de muertes, de cerrar el país entero desde el minuto en que se supo la progresión en el país vecino? Solo uno entre un millón lo hubiera hecho [porque los hay así, valientes, pero son muy pocos] y mucho me temo que hay más héroes de boquilla que de carne y hueso. Pero otra parte de mí quiere exigirles la responsabilidad que asumieron cuando tomaron sus puestos de presidente de tal o de ministro de cual.

Y al hilo de esto pende Europa. Sí, así me la imagino, pendiendo de un hilo que sujeta una mano verde y azul. Las discrepancias entre los países europeos se hacen cada vez más patentes. La UE se creó para la paz y la prosperidad de los pueblos; si no hay prosperidad, no queda nada para que la paz se rompa. Esto no es nuevo: ya lo hemos visto a lo largo de los últimos años con la partición social provocada por los independentismos nacionales e internacionales (véase el Bréxit). Ya nos costó recuperarnos de la crisis financiera de 2008, apenas veíamos la luz del túnel en el último par de años. ¿Qué va a pasar tras esta crisis sanitaria? Por favor, ¡que no vuelvan a venderte plátanos de plástico! En aquel momento, fue más importante salvar a los bancos y la gente de a pie fuimos castigados con recortes asfixiantes. Recortes que afectaron, principalmente, a esos profesionales que mencionaba antes… ¿ves la cadena? Y ahora, ¿a quiénes van a salvar? Si pretenden volver a sus piscinas climatizadas y sus mansiones con jardines exóticos, no hace falta que yo te conteste la pregunta. Cuando eso pase, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a quedarte en tu casa sentado en el sofá y cambiando los canales de la tele porque las cosas son así?

Nos hemos acostumbrado a tenerlo todo chas, así de fácil, a vivir demasiado cómodos, con un sofá donde poder apalancar nuestro trasero, un móvil de última generación que dura 2 años y enseguida desechamos cuando deja de ir tan rápido; uno, dos o tres coches por familia; una pantalla de TV en cada habitación además del salón. No controlamos el gasto energético que hacemos con el simple hecho de “estar en casa”, no entendemos los procesos y mecanismos que han hecho posible que tengas esa pantalla entre tus manos; ni mucho menos conocemos la jerárquica cadena que ha llevado a cabo esos mecanismos, empezando por el pobre explotado que libera una guerra cada día por extraer ESE material en concreto.

Damos por hecho también que tendremos hoy no solo un plato de comida en la mesa sino además una copita de vino, una cerveza, que no falten los picos y las aceitunitas. ¡Ah! Y el postre. Y la merienda. Y el picoteo después. Y la cena.

Estamos tan acostumbrados a que un pantalón cueste 30€ que no nos planteamos cuántas horas de trabajo hemos echado para ganar ese dinero, sino que directamente sacamos el billete de plástico de la cartera, como si nada.

Porque las cosas son así y no hace falta hacerse tantas preguntas, ¿no?

Estamos tan acostumbrados a la comodidad de nuestro sofá que no nos planteamos cuál fue el origen de tal o cual acción que hoy damos por sentado y nosotros mismos decimos que las cosas son así cuando viene otro joven e inexperto a importunar con sus preguntas nuestro aburguesamiento, como si la mera duda rompiera nuestra comodidad. ¿No es acaso eso precisamente lo que ocurre? ¿Que vemos peligrar nuestro confort y por eso seguimos resignándonos? Qué fácil es criticar desde el sofá, con tu cerveza en la mano y el posa vasos debajo no se te vaya a estropear la mesa del IKEA.

¡Despierta!

Ya hay, desde hace años, propuestas de economías verdes, como la economía circular, que han pasado deliberadamente desapercibidas porque a unos pocos ricachones no les conviene, porque produce más dinero destruir el planeta y seguir explotando a las personas. ¿Hace falta que te recuerde que esas pocas fortunas son solo el 1% de la población mundial? Quizás ha llegado el momento de que escuchemos a los expertos en economía ecológica y les demos prioridad a ellos antes que al puñado de burgueses que, sin tener siquiera formación académica, gobiernan nuestros pueblos. Ya que estamos, ¿no deberían ellos también pasar por las pruebas de admisión más duras, por los exámenes más difíciles, estudiando durante años y años para que al final quienes queden sean realmente los más aptos de la sociedad? Ah, pero es que las cosas son así, y los exámenes se dejan para los jueces, los médicos, los docentes y los policías, se me olvidaba.

Entonces, ¿qué propongo? Que pienses bien qué vas a hacer con los plátanos. Que te preguntes por qué son inalcanzables, cómo puedes llegar a ellos, a quién puedes ayudar en el camino y cómo o quién puede ayudarte a ti, qué medios has de poner para ello. Una vez que los tengas, comprueba si son de plástico o si son reales. Huélelos, ábrelos, explóralos, dales un bocado, cómete uno entero, convierte la cáscara en arte o en combustible, espachurra otro contra algún vecino aún adormilado, guarda uno como provisión. Recuerda, es en la responsabilidad individual donde yace la base y el mantenimiento de cualquier sociedad.

Vuelvo a preguntarte: ¿qué vas a hacer con los plátanos?

Relatos VI: Feliz no-cumpleaños / Stories VI: Happy non-birthday

Feliz no-cumpleaños.

Ayer enterramos a mi abuela.
Cuando iba camino a su casa temprano en la mañana, vi en un kiosko un libro de Antonio Machado, lo cogí y lo abrí por una página cualquiera. El poema decía algo así como “hoy te he visto cogerme de la mano y llevarme por la blanca vereda de la esperanza”… Y pensé que no era casualidad haber visto ese libro en ese kiosko en ese momento y encontrar justo ese poema de buenas a primeras. Las casualidades no existen.

Fui la última en despedirme por última vez,  antes de llevarla a la iglesia: “Felicidades, abuela, por toda una vida.” Le susurré al oído. Ayer también era su cumpleaños, el sacerdote tuvo el detalle de mencionarlo en la misa.

Después del funeral, me llevé a mi primo pequeño al Parque de los Príncipes, el parque de mi infancia. Él, mi primo, tiene 4 años. En realidad es el hijo de una prima mía pero no conozco el término para ese parentesco. Me da igual: él no tiene término, él es Andrés.

– ¿Sabes que hoy es un día especial? – le pregunto.
– ¿Por qué? – pienso en los últimos meses, en los últimos días, en la tormenta, en ella, en la calma, en el cementerio y toda la familia allí… le miro a los ojos y me embriaga su sencillez. Qué fácil parece todo de repente, el fin y el principio, todo a la vez. Respondo:
– Porque es mi cumpleaños
– ¿Y cuántos cumples?
– ¡Adivina!
– Hmm… ¡100! – qué maravilla, podría ser cierto, quién sabe cuántas vidas llevo dentro.
– ¿Compramos gusanitos?
– ¡¡Sí!! – su entusiasmo contagia; con una sonrisa completa su frase, como constatando el día – Porque hoy es un día especial.

Sí, lo era. También era el cumpleaños de mi abuela, su bisabuela; y su entierro. Qué poético. ¿Lo he dicho ya?

Compramos gusanitos y llegamos al parque. Andrés miraba el verde de los árboles, el movimiento de los columpios, las fuentes de piedra… Todo le maravillaba. Nos sentamos en un banco al sol a comernos los gusanitos.
– María, ¿por qué los bancos son verdes?
– Pues creo que los han pintado así para que hagan conjunto con el parque. Porque mira, Andrés, ¿de qué color es el césped, y los arbustos, y los árboles?
– ¡Verde! Aaaaaaaaaahhhh…. – abre los ojos entusiasmado – ¡Claro! ¡Para que tengan el mismo color que los árboles! ¡Qué bonito!
– ¿Verdad que sí?
Coge 4 hojas del suelo, y me pregunta:
– María, ¿por qué una hoja es verde, otra amarilla, otra marrón, y otra marrón más oscura?
– Pues creo que es porque se han caído en momentos diferentes y entonces algunas son más viejas que otras.
– Oohh…. entiendo… como ese árbol de ahí que es más pequeñito, ¿verdad? Cuando crezca, también se le caerán hojas marrones – Asiento, sonriendo, ha comprendido perfectamente en un momento con 4 hojas que la vida nace, crece, y se va. Entonces, se acerca a un arbusto- ¡Y mira las flores! ¡Blancas, amarillas, rosa! ¡Mira qué bonitas! – Me trae una, muy pequeñita, y con mucho mucho cuidado la posa en la palma de mi mano y dice:
– ¡Qué delicada es! – ¿De verdad tú tienes 4 años, Andrés? Creo que él también podría tener 100. Se sienta a mi lado de nuevo, cogiendo gusanitos del paquete, ahora dice que es una ardilla y se coloca los gusanitos de colmillos. Vuelven los 4 años como una ola a azotarme de alegría.
– ¿Escuchas los pájaros? – Preguntamos a la vez. Nos reímos.
– Sí, qué bonito, ¿verdad, María? Me gustan. – Sigue comiendo gusanitos, buscando los pájaros con la mirada.
– Vamos a dar un paseo, te voy a enseñar mi árbol favorito.
Llegamos, es un árbol de caucho de raíces gigantes que solía trepar cuando era pequeña.
– ¡Es el árbol más grande del mundo! – exclama, lanzándose hacia él. Entre saltos por las raíces encuentra una mariquita, quiere llevarla a casa y regalársela a mamá.

En el camino de vuelta, le digo que me voy a comer su comida y me contesta que se va a comer mi sol.
-¿Ah, sí? ¿Y a qué sabe el sol?
-¡A pera!
– ¿Ah sí? ¡Qué rico! ¡Voy a probarlo! – Y, justo antes de entrar, nos paramos en mitad de la calle, levantamos la cabeza al sol y lo saboreamos.

Una extraña sensación agridulce de calor con sabor a pera me acompañó el resto del día.

Mi abuela no llegó a los 100, pero casi. Entre su vida y las vidas que nacieron de ella sumamos más de mil años. ¡Habrá que celebrarlos!

Qué poética es nuestra existencia, aunque algunos no lo vean. Hay explosiones de música y colores por todas partes, empezando dentro de nosotros mismos. A partir de ahora, celebraré todos y cada uno de mis no-cumpleaños, porque la vida hay que celebrarla siempre, aunque a veces duela; y oler las flores y regalar mariquitas y preguntar por qué y maravillarse con los colores de las hojas. Empezaré hoy, dando las gracias:
– por existir,
– por la familia,
– por tod@s aquell@s que han decidido quedarse a mi lado por elección propia,
– a tod@s aquell@s que han cuidado de mi abuela especialmente en los últimos meses, incondicionalmente,
–  y a tod@s aquell@s que ayer dedicaron un momento a felicitarme. Porque quizás ellos no lo sabían, pero precisamente ayer me llegó más que nunca saber que me regalaron un poquito de su tiempo.

[Ah, el tiempo…]

Y tú, ¿te has parado ya a saborear el sol?

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Stories VI: Happy non-birthday

Happy non-birthday.

Yesterday we buried my grandma. When I was walking to her house soon in the morning, I saw in a kiosk a poem’s book by Antonio Machado, I took it and opened it on just any page. The poem said something like this: “today I saw you taking my hand and taking me through the white path of hope…” And so I thought that it could not be a casualty to have seen that book at that exact moment and to have found that poem just by chance. Casualties don’t exist.

I was the last one to say goodbye for the last time, before taking her to the church: “Congratulations, grandma, for a whole life” , I whispered in her ears. Yesterday it was her birthday too, the priest was nice to mention it during the mass.

After the funeral, I took my younger cousin to the park where I spent my childhood. He, my cousin, is 4 years old. Actually, he is the son of a cousin of mine but I don’t know the term for this relation. I don’t care, he doesn’t need a term, he is Andres.

– Do you know that today is a special day?- I ask him.

-Why? – I think about the last months, the last days, about the storm, about her, about the calmness, about the cemetery and all the family there… I look at him in the eyes and his simplicity filled me with joy. How easy seems everything in a sudden! The end and the beginning, all at once. I answer:

– Because today is my birthday.

– And how old are you now?

– Guess it.

– Hhmm… 100! – what a wonderful reply, it could be true, who knows how many lives I live inside.

– What if we buy some popcorns?

– Yes! – his enthusiasm is contagious. He finishes his sentence with a huge smile, as if confirming the relevance of the event – because today is a special day.

Yes, it was indeed. It was also my grandma’s birthday, her great grandma; and her funeral. So poetic… have I said it yet?

We bought popcorns and arrived to the park. Andres stared at the green colors of the trees, the movement of the swings in the playground, the stone fountains… Everything delighted him. We sat down on a bench under the sun to eat the popcorns.

– Maria, why are the benches green?

– Well, I think they have painted them that way so they fit with the park. Because…look, Andres, what color is the grass, and the bushes, and the trees?

– Green! Aaaaaahhhh!! – he opened his eyes enthusiastically- of course! So they have the same colors of the trees! What a nice idea!

– Nice, isn’t it?

He grabs 4 leaves from the ground and asks me:

– Maria, why is this leaf green, this other one yellow, the other one brown and the other one even brownner?

– Well, I think it’s because they fell in different moments so some of them are older than the others.

-Oohh… I see… like that little tree over there, right? When it grows older, brown leaves will fall from it too – I nod, smiling; he has perfectly understood in a moment and with only 4 leaves that life is born, grows old, and goes away. Then, he approaches a bush: – look these flowers! White, yellow, rose! Look how beautiful they are! – he brings to me one flower, a very small one, and very carefully he places it over my hand palm, saying:

– How delicate she is! – Are you really 4 years old, Andres? I think he could be 100 as well. He sits down by my side again, taking popcorns from the bucket, now he says he is a squirrel and he puts some popcorns as canines. His 4 years of life come back in a sudden wave to lashed me with his joy.

– Do you hear the birds? – we ask at the same time. We laugh.

– Yes, how nice, isn’t it, Maria? I like them. – He keeps eating popcorn, looking for the birds with his glance.

– Let’s go for a walk, I’ll show you my favourite tree.

We reach the place: it’s a gigantic rubber tree that I used to climbed when I was a little girl.

– It’s the biggest tree in the world!!- he exclaims, and he runs towards it. While jumping among its roots, he finds a ladybug and he wants to take it home as a present for his mom.

On our way back, I tell him that I’m gonna eat his food and he replies that he’s going to eat my Sun.

– Oh, and what does it taste like?

– Like pear!

– Really? So yummy! Let me taste it!- And, just before we go inside the house, we stop in the middle of the street with our heads up to the Sun, and we taste it.

A strange bittersweet warm sensation with a pear like taste stood with me the rest of the day.

My grandmother didn’t live 100 years, but almost. With her life and the lives that were born from her we sum more than 1000 years. We should celebrate them!

What a poetic existence that we live, even though many don’t see it that way. There are color and music explosions everywhere, starting inside ourselves. From now on, I’m going to celebrate every single one of my non-birthdays because we must celebrate life always, even though sometimes it hurts; and we must smell the flowers and give ladybugs as gifts and ask why and be delighted with the colors of the leaves. I’m going to start today, being grateful:

– for existing,

– for family,

– for all those who have decided to stay by my side by choice,

– to those who have taken care of my grandmother, specially during the last months, unconditionally,

– and to all those who took a moment yesterday to wish me a happy birthday, because maybe they didn’t know but precisely yesterday it moved me more than ever to know that they gave me a little bit of their time.

[Oh, time…]

And you, have you stopped to taste the Sun yet?

Colores en acción

Relatos V: 15 minutos en mi mente

¿Quieres saber qué pasa un día cualquiera en mi cabeza? Sólo 15 minutos, prometo que no será más.

Estoy ahora mismo en el primer avión de vuelta a Sevilla, aún me quedan dos vuelos más. Salgo desde Liubliana, donde he tenido reunión de trabajo para cerrar un proyecto europeo.

Tengo en el asiento de al lado a mi compañera de trabajo, el avión aún no ha despegado. Me he puesto los cascos con “cancelador de ruido” (que no lo llega a cancelar del todo porque no son BOSE y si sabes de qué hablo, sabes que esa marca hace honor a su nombre) simplemente por no oír tanto bullicio en el avión. No sirven de mucho porque igualmente estoy escuchando la conversación de la pareja de delante, las risas del de atrás a mi izquierda, las carcajadas de unos adolescentes tres filas más atrás, otros adolescentes hablando 5 filas por delante, un hombre trabaja con su portátil en la fila delantera a mi izquierda y oigo también el sonido de sus manos sobre las teclas, oigo el ruido de fondo del motor del avión, las azafatas yendo y viniendo, el frufrú de sus faldas, las compuertas de las maletas cerrándose. Todas esas conversaciones no son en español, pero las percibo todas, con mucho sonido de “sh”, “s” y “j”; y doy gracias de que no sea en mi idioma y no las entienda.


Veo a mi compañera de reojo con el móvil, tiene cara de cansada y comparto su cansancio. Al otro lado veo un señor enchaquetado jugando a un crucigrama en el móvil, la pantalla es verde, la veo de reojo pero percibo su color. Acabo de mirar, efectivamente es verde. Miro hacia delante y veo el pelo blanco, los ojos azules y los labios rojos de la señora mayor que se sienta en la fila de delante, a la derecha, que habla con otro hombre más joven que se ríe. A la izquierda de este, veo de reojo la camisa roja y blanca de cuadros de ese hombre que trabaja con su portátil, ese que te he dicho del sonido de las teclas.


Estoy escribiendo esto desde el móvil. Levanto la mirada de la pantalla y veo un mar de cabezas por delante, la mayoría hombres, adolescentes, afroamericanos con pelo largo y rizado; algunos nórdicos rubios de ojos azules. Los veo a todos y miro mis manos escribiendo en el móvil, mis piernas, siento los gemelos cargados y la postura de los pies que no siento cómoda. Y al vernos a todos, ¿sabes qué pienso? En esto:

  • En la fragilidad de la vida: porque si este avión se va al carajo nos vamos todos con él en menos de lo que pasa un segundo, sólo espero que sea rápido y no nos enteremos. Ello inmediatamente me hace imaginar la posibilidad de caer en mitad del océano y que alguno sobreviva, nos veo con los flotadores estos naranjas y pienso que se me da bien nadar y preferiría no llevarlo. Imagino el horror que se debe sentir, el miedo, la desesperación. No quiero más, estaba muy tranquila. Borro la visión de mi cabeza.
  • Y así una palabra surge “paradoja”: la paradoja de la vida entre la riqueza inmensa que supone por un lado; y su gran futilidad por el otro: porque al fin y al cabo, todas estas personas están aquí con una historia a sus espaldas, son padres, hijos, hermanos, amantes… todos piensan que hacen sus vidas y toman elecciones por unos motivos concretos; pero si al final todos vamos a morir, ¿dónde quedará todo eso? Nos veo entonces como hormigas, porque al final somos todos animales y aunque hagamos, digamos y justifiquemos nuestras acciones y nuestra existencia, no somos dueños absolutamente de nada, ni siquiera elegimos nuestro nacimiento o nuestra muerte. Y así, nos siento muy lejanos a todos de algo que nos supera y que no creo que nadie de verdad entienda ni conozca. Filósofos, teólogos, poetas… hablan de ello. Los religiosos de cualquier tipo confían en un dios o en varios, o en la propia energía de la vida que se transforma. Se me viene entonces la imagen de personas a las que he querido un mundo y ya no están; y no sé si desear que estén “en el cielo velando por los suyos” (porque a todos nos gusta sentir la seguridad de que “hay alguien ahí” que nos cuida) o que se reencarnen en otra persona para ver si pueden seguir arreglando la humanidad un poquito más, como lo hacían antes. Si es verdad que ya de ellos no queda nada, menudo desperdicio de talento. (¿Y la humanidad tiene acaso arreglo? ¿Estamos acaso rotos? ¿Qué nos pasa que solo unos pocos hablan verdades y nadie quiere escuchar?) Y ahora veo a mi abuela, y toda la familia “esperando”. Siento el dolor de todos conmigo.
  • Y eso me lleva a desear que ojalá exista de verdad esa otra vida para todos, para los que han sido “buenos” porque realmente se merecen una recompensa; y para los que han sido “malos” porque de verdad necesitan una buena lección. Unos lo llaman cielo e infierno, otros reencarnación, otros inexistencia. Llámalo como quieras, yo sólo espero que de verdad haya “algo” que equilibre lo que hacemos y dejamos de hacer.
  • Así que eso ahora me hace pensar en los buenos y en los malos, en quién carajo somos nosotros para juzgar a nadie si nosotros mismos no sabemos siquiera dar respuesta a nuestros propios comportamientos. ¿Por qué buscamos la paja en el ojo ajeno sin quitarnos primero la propia? Nadie realmente conoce el conjunto de porqués que han llevado a una persona a hacer una determinada acción.
  • Me acuerdo de inmediato de todas las personas que se han cruzado por mi vida y que ya no están porque en una determinada ocasión ellos o yo tomamos la decisión de juzgar que en ese momento no era lo adecuado.
  • Y así me reconcilio con mi pasado, con todas esas personas, les perdono por haberme juzgado, y espero que ellos me sepan perdonar. Recuerdo discusiones estúpidas y pienso en lo tontos que somos todos los humanos.
  • Lo que me lleva a pensar en mi futuro, y a decirme “María por favor recuerda esto, es importante, te ayudará “.

Ahora el avión despega. Me encanta sentir esa sensación de que el estómago se echa para atrás con el impulso. Veo las nubes por la ventana, las montañas, el sol me refleja en los ojos y me molesta, levanto la vista de la pantalla. Se me taponan los oídos, muevo la mandíbula, echo las orejas para atrás. Mi compañera se ha quedado dormida. Siempre me ha maravillado esta gente capaz de dormirse en cualquier parte en un minuto.

Hace un día precioso, me fascinan las nubes flotando sobre las montañas, veo las casas diminutas, el río que recorre las tierras. Vuelvo a sentir la sensación de que no somos nada. En parte me tranquiliza, me quita responsabilidad, siento que es “ahora o nunca” para ser yo.

Siento frío, ¿por qué hace tanto frío siempre en los aviones? Lo leí hace poco porque me hice la misma pregunta y la busqué, pero la verdad es que no recuerdo la respuesta. Tengo muy mala memoria para según qué cosas. Y las azafatas en manga corta, ¡madre mía!

De repente me acuerdo de un favor que me ha pedido una amiga. Pienso que no seré capaz de cumplir, pero voy a esforzarme por hacerlo. No sé hacer nada mediocre, o se hace bien o no se hace, otro pensamiento es simplemente impensable. Y eso me lleva a recordarme que debo exigirme menos y decir más “no”.

Todo esto y el avión solo acaba de despegar. No te he descrito mi mañana desde que me he despertado, ni el paseo por la ciudad antes de ir al aeropuerto, ni la llegada a este, ni la comida basura en el embarque abarrotado. Ni voy a contarte tampoco el resto del día que me queda. Esto es tan solo lo que pasa por mi mente en ¿15 minutos? desde que me he sentado en el avión y este ha despegado. Imagina la cantidad de preguntas que me hago durante el día.

Muchas veces a lo largo de mi vida me han dicho cosas como:

“Eres muy complicada”

“Piensas demasiado”

“Relájate”

… No entienden que a mí esas preguntas no me causan estrés, sino que, por el contrario, me relaja divagar sobre ellas e incluso mejor si puedo reflejarlas de alguna manera (compartirlas en una conversación, crear debate, ilustrarlas en un dibujo, volcarlas en un escrito…)

Y así te dejo. Si has llegado hasta aquí, dime, ¿cuánto has tardado en leer la entrada? ¿15 minutos? Voy a ponerme música, a ver si así veo melodías en mis divagaciones.

Por cierto, ¿de qué color es el miércoles ?
Para mí, blanco.

El lunes es naranja.
El martes, verde.
El miércoles, blanco.
El jueves, azul.
El viernes, morado.
El sábado, azul y blanco.
El domingo, negro.
No me preguntes por qué.

¿Y a qué suena el amarillo?
A canario, a campanas y a flauta.

¿Qué forma tiene la inteligencia?
La de una caracola, por el número áureo.

¿A qué sabe la libertad?
A agua de mar salpicándome en la cara.

Por favor, siéntete libre de dejar tus comentarios 🙂

P.D: la imagen tiene y no tiene que ver con el relato, te explico: no tiene que ver en cuanto al contenido; pero sí tiene que ver porque es la ilustración que diseñé el resto del viaje. ¿Qué interpretas tú de ella? Si te interesa, puedes encontrarla en lámina haciendo clic aquí

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Una escalera en la arena que sube al cielo estrellado

Versos Libres IV: Arena y estrellas. // Free verse IV: Sand and stars.

Sentado a la orilla del Mediterráneo,  te preguntas qué son las estrellas y por qué no puedes alcanzarlas.Mientras tanto, la arena te golpea en la cara, inconsciente, nerviosa. El viento es fuerte y ella revolotea a tu alrededor, despeinándote, colándose en las entretelas de tu ropa, haciéndose dueña de los recovecos de tu pensamiento.
Y tú, mientras, te preguntas por qué tu escalera, esa de madera que construiste con tanto esfuerzo, no es útil para subir a las estrellas. ¿Por qué el último escalón acaba siempre en el aire?

….¿Es que no te das cuenta de que las estrellas son inalcanzables y que ni siquiera los astronautas pueden tocarlas… porque arden?…

Y, mientras tu mirada deambula por el horizonte, la arena sigue azotándote. La arena… que es como las mismas estrellas que ahora observas. No puedes sostenerla: se escapa entre tus dedos, vuela… Y a la vez está tan cerca… Puede acariciarte o hacerte cosquillas y hacer que sea un placer sentirla. O puede incordiarte, escocerte, y hacer que la odies. Y, incluso si guardas un puñado de arena en un tarro, nunca podrás poseer las toneladas y toneladas que aguardan en los desiertos, en las playas, en el fondo de los océanos. Nadie puede alcanzar las estrellas, nadie puede poseer la arena.
Una escalera y un tarro no son suficientes.

Pero si yo encuentro en tus ojos la profundidad del mar, ¿por qué no podrías tú contemplar las estrellas reflejadas en  los míos? ¿O sentir la arena en mi piel? Al fin y al cabo, ¿acaso no estamos hechos de polvo de estrellas?

*Si te interesa, puedes conseguir la lámina que acompaña esta entrada en este enlace.

Free verse IV: Sand and stars.

Sat by the Mediterranean seashore, you wonder what are the stars and why you can’t reach them. Meanwhile, the sand beats your face, unconscious, nervous… The wind is strong and she revolves around messing your hair, slipping through your clothes, taking over the nooks of your thought. And you, in the meantime, wonder why your ladder, that wooden ladder you built with such a big effort, is not useful to reach the stars: why does the last step always end in the air?

…. Don’t you realize that they are unreachable and that not even the astronauts can touch them… because they burn…?

And while your glance wanders through the horizon, the sand keeps beating you. The sand… which is like the very same stars that you glance. You cannot hold her: she sneaks through your fingers, she flies… But she is so close… She can caress or tickle you and make it a pleasure to feel her. Or she can bother you, sting you and make you hate her. And, even though you keep a handful of sand in a jar, you could not ever possess the tonnes and tonnes that await in the desserts, in the beaches, in the bottom of the oceans…
No one can reach the stars, no one can possess the sand.
A ladder and a jar are not enough.

But if I find in your eyes the deepness of the sea, why couldn’t you in mines see the stars reflected? Or feel the sand in my skin? At the end, aren’t we star dust?

*If you are interested, you may find the printing of this post following this link.

Ilustración de una mujer joven pelirroja de ojos verdes que sonríe

Reflexiones V: Equilibrio. // Reflections V: Balance.

El equilibrio es aquello que consigues cuando en la balanza pesan tanto las tormentas como los momentos de calma.
Es esa línea danzarina que serpentea traviesa en el borde entre el más absoluto caos y el orden extremo.
Es aquello que sientes cuando miras a los ojos a un viejo amigo.

Equilibrio es una cerveza a las ocho de la tarde en una terraza, con unas aceitunas y una servilleta de homenaje al Vaporcito en un lluvioso domingo de primavera.
Es un vaso de agua tras una copa de vino. Una sonrisa cruzada en el autobús. Un paseo en la medianoche de un ajetreado lunes. Unos ojos negros comiéndose a suspiros a otros oliva.

Es una tormenta de verano y un te quiero sollozando; una caricia que se escapa sin pensarlo; y un escalofrío placentero.
Equilibrio es reconocer que te equivocaste y obtener por respuesta una sonrisa.
Equilibrio es cuando sobran las palabras.
Es ese espontáneo regocijo que se siente cuando ese alguien se quita las lentillas y te dice: “nunca me habías visto con gafas, ¿verdad?”
Equilibrio es descubrir el misterio y que surja otro acertijo.
Equilibrio es que alguien responda tu pregunta con una canción.
Equilibrio es saberse entero después de haberse roto por completo.

Somos ensayo y error constante. Eso es el equilibrio. Nosotros somos el equilibrio.

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REFLECTIONS V: BALANCE

Balance is what you get when the storm and the quietness weight the same.
It is the dancing line which meanders naughtily in the border between the absolute chaos and the extreme order.
It is what you feel when looking at the eyes of an old friend.
Balance is a 8 p.m beer in a terrace, at any rainy Sunday of Spring, with some olives and a handkerchief in honor to El Vaporcito.
It is a glass of water after a glass of wine. A exchanged smile in the bus. A walk in the midnight of a busy Monday. A pair of olive eyes been devoured by the sigh of other black ones.
It is a summer storm and a crying “I love you “; a spontaneous caress given without thought; and a pleasant shiver.
Balance is to ask for forgiveness and to be answered with a smile.
Balance is when there is no need to say anything.
It is the sudden delight felt when someone takes off the contact lens and says: “you’ve never seen me with glasses, right?”
Balance is to uncover the mystery and let another riddle rise up.
Balance is when someone answers your question with a song.
Balance is to know that you are complete after having been broken entirely.

We are a constant trial-and-error. That is the balance. We are the balance.

Reflexiones IV: El amor. // Reflections IV: Love.

¿Qué es el amor?

Cometemos el error de pensar que, cuando estamos destinados a conocer a alguien –¿estamos destinados a conocer a ALGUIEN?– es para estar en una relación romántica. ¿No podemos estar destinados a conocernos porque nuestras almas se buscan y se encuentran para hacerse crecer mutuamente? Tendemos a idealizar el amor como la única manera de estar con la persona que amamos, como si el verbo amar fuera solo posible por, para y entre dos personas en relación exclusiva de reciprocidad absoluta.

Cometemos el error de encorsetarlo (al amor), de hacer de él un molde y esperar que cumpla una serie de características y que suba hasta un determinado volumen, con una temperatura controlada y un tiempo determinado.

El amor es mucho más que eso, es mucho más grande que nuestro poder para controlarlo –ah, ¿pero es que acaso tenemos algún poder sobre él?-. ¿Cómo podemos pretender centrar toda nuestra energía en una sola persona? ¿Y cómo podemos exigirle no solo a esa persona sino a la vida misma –¡¡a la vida!!– que esa concentración de energía y atención sea correspondida y, encima, no solo para siempre –¡¡para siempre!!– sino, además, única y exclusivamente en una relación de dos, de manera recíproca y exclusiva, sin opción si quiera a pensar que exista otra posibilidad?

El amor no entiende el egoísmo en que nos encerramos y nos empeñamos en creer que “TIENE QUE SER ASÍ”. El amor no puede encorsetarse, no entiende de límites, no comprende las fronteras, las atraviesa como un fantasma que ni si quiera se percata de que están ahí esos muros que nos levantamos nosotros mismos.

El amor es tan grande que te trasciende, manejándote como quiere sin importarle tus prejuicios ni tus falsos conocimientos –eso que tienes que aprender a desaprender– y te pone delante a diferentes personas para que experimentes cuantas puedas de todas sus facetas: una madre, un padre, un hijo, un hermano mayor y otro pequeño, un abuelo, un primo, un maestro, un amigo, un primer beso, un segundo, un quinto ya acostumbrado a besar;  hasta un último que sabe a primero cada vez que lo das. Y es también una mascota, una guitarra, el mar, la arena, una mano desinteresada que te ayuda cuando andas desamparado para tornarse entonces en ángel guardián…

Y esta, creo, es la función del amor porque, ¿qué hace si no un padre, un hermano, un abuelo, un amigo, un perro, una melodía o la misma primavera sino velar nuestro camino, amparándonos –protegiéndonos– como guardianes de nuestra dicha y nuestra propia inseguridad? Porque, cuando amamos y nos sentimos amados, crecemos en estima, sentimos una cándida alegría que nos completa – nos llena– y nos envalentona para hacer frente a la realidad que nos abruma. Cada uno en la manera y medida que le corresponde, abriéndose así en abanico las diferentes manifestaciones del amor. Y, tanto es así, que podemos enamorarnos con solo una mirada o con el roce de unos dedos en nuestra piel –y no hablo del amor romántico-.

Y, ¿qué hacemos entonces cuando creíamos que estábamos destinados a conocer a una persona, cuando por un momento pensábamos que aquel sería nuestro único amor para luego descubrir que las circunstancias no son las que deseábamos que fueran y sentimos que la otra persona ha cortado el hilo que nos unía…?

Entonces, nos sentimos rotos y creemos ver en las manos del otro las tijeras que cortaron aquel hilo rojo y, sin pararnos por un momento a pensarlo, rechazamos inmediatamente la idea de que exista alguna otra –cualquier otra– relación con esa persona, nos damos la vuelta y nos marchamos, sin ver que estamos rodeados de hilos que se entrelazan, balanceándose en la brisa propia que emanamos, yendo por distintos caminos, enlazándonos con cientos de almas; y sin ver tampoco que esa persona a la que le pintamos unas tijeras en las manos solo estaba intentando deshacer un enredo que se había formado con tanto hilo.

Cometemos el error de creer que solo hay un hilo que nos une y, por lo tanto, solo habrá una – UNA– persona esperando impaciente al otro lado. Yo creo que tenemos siete veces siete hilos por cada tipo variopinto y distinto de amor que podemos sentir. Cometemos –me repito– el error de pensar que tiene que ser –TIENE QUE– un tipo de amor concreto –UNO SOLO– con una persona especial –UNA SOLA– y, cuando no es así –Y NO SUELE SERLO– rechazamos cualquier otro tipo de amor con dicha persona. ¿Por qué?

El amor no entiende esas exquisiteces. No hablo de “el amor de verdad” porque el amor es verdad en sí mismo, no se concibe de otra manera, no se empequeñece en términos angostos construidos con el material de nuestra propia ignorancia; ni se clasifica su veracidad en niveles. –No se puede coger un “amómetro” y ponértelo en la axila y que te indique: 8º de amor a tu tortuga, 20º a la sinfonía X de Beethoven y 3345º a tu yaya. El amor es puro en todas sus caras y, como tal es veraz y verdadero en todos sus papeles.-

Pero volvamos a las exquisiteces. No, el amor no las entiende. Y es por eso que, cuando el hilo que veíamos carmesí en un momento de fuego interno se torna morado tras la asfixia del incendio, el exquisito lo dejará desvanecerse con las cenizas, ennegreciéndose con el paso del tiempo, sintiendo cómo le tira para atrás de vez en cuando… Solo cuando deje de ser exquisito y egoísta, solo cuando entienda que al amor no le importa su rechazo –porque no entiende de rechazos– solo entonces podrá el inocente sacudir las cenizas del hilo que parecía púrpura agonizante para admirar y extasiarse con el índigo que brota de su fibra, como un haz resplandeciente que, con su calidez, le hace sentir como en casa.

Porque eso es el amor, al fin y al cabo, ¿no?: sentirte en casa en el corazón, sin preguntarte cómo ni por qué, ni dónde ni con quién.

*Si has llegado hasta aquí y te gustaría felicitar a alguien por San Valentín o simplemente decirle que le quieres, puedes descargar esta imagen y enviarla 😉

Reflections IV: Love.

What is love?

We make the mistake of thinking that, when we are destined to meet someone – are we destined to meet ANYONE?– it is in order to be in a romantic relationship. Can’t we be destined to know each other just because our souls look for themselves and they find others to flourish mutually? We tend to idealize love as the only manner to be with the person we love, like if the verb “to love” was only possible by, for and between two people in an exclusive relationship of mutual reciprocity.

We make the mistake of restraining it (love), of making a mold of it hoping that it complies with a specific set of characteristics and that it rises until a certain volume with a controlled temperature and within a given time.

Love is so much more than that, much bigger than our power to control it –oh, do we have by any chance any power over it?-. How can we even try to focus all our energy in one single person? How can we ask not only that person but life itself – life!!– that concentration of energy and attention be reciprocated and, in addition, not only forever –forever!!– but also solely and entirely within a relationship of two people, in a reciprocal and exclusive way, without even the option of thinking that there exists another possibility?

Love is much bigger than all that. It doesn’t understand the selfishness or egotism which we lock ourselves in while we insist on believing that “IT HAS TO BE THIS WAY”. Love cannot be constrained, it doesn’t understand limits, it does not comprehend frontiers, it goes through them like a ghost who doesn’t even perceive the walls we built by our own.

Love is so huge that it cuts across your mind, driving your being at its will without caring about your prejudices or your fake knowledge- that one you should learn to unlearn– and it places different people right in front of you so you experience as many as you can of all its facets: a mother, a father, a big brother and a little one, a grandpa, a cousin, a teacher, a friend, a first kiss, a second one, a fifth one already used to kiss, and even a last one that tastes like the first one every time you give it. And it is also a puppet, a guitar, the sea, the sand, a selfless hand that helps you when you walk lost to end up turning into a guardian angel… 

And this is, I believe, the function of love. Because otherwise, what does a father, a brother, a grandpa, a friend, a dog, a melody or the spring herself do but watching over our path, giving us shelter –protecting us– like guardians of our happiness and our own insecurity? Because, when we love and feel loved, we grow in esteem, we feel a warm joy that completes us – fills us– and emboldens us to confront the overwhelming reality we live in. Each of them in their corresponding manner and measure, giving freedom that way to the different manifestations of love for opening out into your world. And so much so, that we can fall in love with just a glance or a caress –and I am not talking about romantic love-.

So, what do we do then, when we believed that we were destined to meet a person, when for a moment we thought that s/he would be our only love and then we discover that circumstances are not the ones we desired to be and we feel that the other person has cut the thread that tied us…? Then, we feel broken and we think we’ve seen in her/his hands those scissors that cut that red strand… And, without giving it a single thought, we reject immediately the idea of there being another – any other – kind of relationship with that person. We turn around and leave, without seeing that we are surrounded by intertwined strands that swing with the breeze emanating from ourselves in our to-ing and fro-ing, weaving hundreds of souls, and without seeing that the person we saw holding the scissors was simply trying to disentangle a knot that had been formed with so much thread. 

We make the mistake of thinking that there is only one strand tying us and, therefore, there will be only one –ONE– person waiting impatiently at the other side. I believe that we have seven times seven strands for each different and motley kind of love that we can feel. We make – I repeat – the mistake of thinking that it has to be – IT NEEDS TO – one very specific kind of love – ONLY ONE – with one special person –ONLY ONE– and, when it happens otherwise –AS USUAL– we reject any other type of love with that person. Why?

Love doesn’t understand that exquisiteness. I don’t say “true love” because love is truth by itself, it cannot be conceived in any other way, it doesn’t shrink within narrow terms built with the material of our own ignorance; nor can we classify its veracity by levels –You cannot take a “therlovemeter” and put it under your armpit so it indicates: 8º of love to your turtle, 20º to Beethoven’s 10th Symphony, and 3345º to your nana. Love is pure in all its faces and, as such, it is truthful and genuine in all its roles-.

But let’s go back to the exquisiteness. No, love doesn’t understand that. And this is why, when a strand that we thought to be crimson in a moment of inner fire turns purple when the passion suffocates, the refined one will leave it vanishing with the ashes, darkening with the passage of time, feeling how it pulls him back from time to time… Only when he stops being exquisite and selfish, only when he understands that love does not care about his rejection –because it does not understand about rejection– only then will the innocent shake the ashes off the thread that seemed of an agonizing suffocating purple, to contemplate and be astonished by the indigo that sprouts from its fiber, like a glowing beam that makes him feel at home with its candor.

Because that is love: to feel at home in your heart without asking how, why, where or with whom.

*If you’ve read until here and you’d like to say “I love you” to someone, you may download this image and send it with love 😉

Microrrelatos III: El dragón del caos / Short stories III: The Dragon of chaos

Al fin y al cabo, no somos más que niños intentando controlar ese caballero armado que nos defenderá ante el dragón de nuestros miedos.

Vamos por la vida como si no pasara nada, como si solo tuviéramos que andar para que nuestros pasos nos lleven hacia delante sin más. Como si todo esto no significara nada, como si la vida fuera tan solo una fugaz existencia entre el cielo y la tierra, un rayo instantáneo en una tormenta de verano, una tormenta de arena africana en plena primavera europea… Y qué más da, ¿no? Solo hay que caminar.


Se equivocan. ¿Cómo carajo vamos a caminar si nuestro tobillo está doblado, nuestra cadera desequilibrada y nuestra vista nublada? ¿Qué camino es el que pisamos cuando estamos volando sobre el abismo y un mar revuelto se agita bajo nuestro paso? ¿No es contradictorio pensar que tan solo hay que andar, cuando hay que poner en marcha toda una maquinaria de músculos e intenciones para que el paso llegue a suelo sin tambalearse y resbalar? 

Yo me he enfrentado a mi miedo. Me he visto completamente paralizada ante él, atemorizada, sin aliento, con el corazón en un puño y lágrimas de pura angustia recorriendo en tropel mis mejillas. Me he visto sola, muy sola, ante una puerta enorme, tan alta que se perdía en el infinito, abierta a una oscuridad tan profunda que no se oía absolutamente nada más que vacío saliendo de ella, absorbiendo toda energía como un agujero negro. Me he visto ahí plantada, totalmente incapaz de moverme. Llorando. He llorado mucho, como una niña pequeña sin consuelo, sin abrazos, sin porqués. Percibiendo al dragón al otro lado… 

Y he cerrado los ojos, he hecho acopio de todo mi valor y he dado un paso adelante. He atravesado la puerta y me he visto en una sala oscura, tan infinita como el vacío. Llevaba una espada en la mano, más grande que mi cuerpo de niña de 6 años, más grande, 100 veces más, que el lazo rojo de mi cabeza. He buscado al dragón, aunque no ha hecho falta dar muchas vueltas, él solito ha aparecido ante mí, riéndose de mi diminuta e insignificante existencia, y de mi espada de ilusiones de colores que se derretía ante su sola presencia… Y entonces he tirado mi espada al suelo. Le he gritado “¡¡¡no te temo!!!” y he corrido llorando hacia él, abrazándome a una de sus patas con tanta ternura como solo los niños pueden demostrar en momentos tan misteriosamente magníficos y perturbadores como este… Y el dragón ha bajado su cuello, dejándome trepar por él. Y hemos volado por el infinito, tornándose la sala oscura en una vasta llanura llena de flores silvestres, aire puro, fresco aroma de flores recién nacidas; oía el cantar de los pájaros y el zumbido de las abejas, rumor de agua corriendo cerca, sintiendo la lluvia en mi cara y el rayo de sol calentándome la espalda…

Para descubrir que todo pasaba dentro de mí.  

Solo cuando nos enfrentamos al dragón y comprendemos que nuestro miedo no es más que un caballero intentando protegernos y abrazamos nuestras bestias internas como parte de aquello que nos hace crecer… Solo entonces podemos volar sobre la bestia alada, agarrando las riendas de nuestra vida, con el mundo a nuestros pies… 

¿Lo intentamos?

Al fin y al cabo, todo eso no son más que marionetas en las manos de nuestras almas de niños. Almas que, quizás, crecieron demasiado pronto. O se negaron a hacerlo, ¿quién sabe por qué?

*Puedes encontrar la ilustración original que acompaña este relato haciendo clic aquí

Short stories III: The Dragon of chaos

In the end, we are nothing more than kids trying to control that armed knight who will protect us against the dragon of our fears.

We go through life like nothing happened, like if we only needed to walk so our steps could take us ahead without further ado. Like if all this didn’t mean anything, like if life was just a fleeting existence between the sky and the earth, a momentary lightning in a summer storm, an African sand storm in the height of the European Spring… And what does it matter, right? We just need to walk.

They are wrong. How the hell are we going to walk if our ankle is twisted, our hip unbalanced, and our sight blurred? Which path is that we walk on when we are flying over the abyss and a rough sea shakes under our steps? Isn’t it conflicting to think that we only have to walk, when we need to turn on a whole machinery of muscles and intentions for our step to arrive to land without staggering and slipping?  

I faced my fear. I saw myself completely paralyzed in front of him, terrified, breathless, with my heart hunched over, and tears of pure anxiety running in droves down my cheeks. I saw myself lonely, very lonely, in front of a huge door, so tall that it got lost into the infinity, open to such a deep darkness that I could hear nothing but emptiness coming out of it, absorbing all energy like a black hole. I saw myself standing up there, totally unable to move. Crying. I’ve cried very much, like a little girl without comfort, or hugs, or reasons. Being aware of the dragon at the other side…
And I’ve closed my eyes, I’ve plucked up all my courage and I’ve stepped forward. I’ve gone through the door and I saw myself in a dark room, so infinite as the emptiness. I was holding a sword in my hand bigger than my 6 year-old-like-body, bigger 100 times than the red bow on my head. I’ve searched for the dragon, although it wasn’t necessary to search for very long, he himself has ran into me, laughing at my tiny and insignificant existence, and at my sword of colorful hopes that melted with its only presence… And then, I’ve thrown my sword to the ground. I’ve shouted: “I don’t fear you!!!” and I’ve ran, crying, towards him, hugging one of his legs with such tenderness as only children can show in so mysteriously magnificent and disturbing moments as this… And the dragon has taken down his neck for me to climb. And we have flown through the infinity, the room turning into a vast field filled with wild flowers, fresh air, fresh scent of newborn flowers; I heard the birds singing and the bees buzzing, murmur of water running near by; I felt the rain on my face and the sunlight warming up my back…

To discover that all that was happening inside me.

Only when we face the dragon and we understand that our fear is nothing else than a knight trying to protect us, and we embrace our inner beasts as part of that which makes us grow.. Only then we can fly upon the winged beast, holding the reins of our life, with the world at our feet…

Shall we try?

In the end, all that is nothing else than puppets in the hands of our child-like souls. Souls that perhaps grew up too soon. Or they refused to, who knows why?

*You may find the original illustration that goes with this story by clicking here

Microrrelatos II: La mente es como un paracaídas / Short stories II: Minds are like parachutes.

– La mente es como un paracaídas.
– ¿Qué?
– Solo funciona cuando está abierta.
– Madre mía. ¿Otra vez? ¿Otra vez estás con eso de las citas? Por favor, ¡déjalo ya! Me estás volviendo loca.
– ¿Qué problema tienes? ¿No te gustaban estas cosas de las citas célebres de personajes famosos?
– Si tú lo dices… ¿Y quién dijo esa graaaaan cita?
– Thomas Robert Dewar.
– Toma ya, tan famoso como Stephen King.
– No seas tan irónica. Me gusta más cuando simplemente te ríes. – se pausa por un momento, reflexivo; ella aguarda con los labios entreabiertos, el gesto de haberse quedado con la palabra en la boca – Eres tan linda como un bebé cuando ríes…
– ¿Quién está siendo irónico ahora?
– ¡No es broma! Me encanta tu risa. Esas marquitas alrededor de tus labios y tus ojos que me hacen saber que eres feliz… Y no sé, simplemente adoro eso, y me siento agradecido por verte así y tenerte a mi lado.
– Vas a hacer que me derrita… No sé qué contestar…
– Tampoco era una pregunta.

Después de unos minutos en silencio, finalmente ella le coge la mano y dice:
– ¿Qué estabas diciendo sobre… paracaídas? Incluso aunque no vaya a entenderte, me gustaría intentarlo. Quisiera saberlo si es importante para ti.
– Dewar tenía razón. Ahora tu mente está abierta, ahora tu mente está funcionando. Justo como un paracaídas.
____________________________

Short stories II: Minds are like parachutes.

– Minds are like parachutes.
What!?
They only function when they are open.
Oh my God! Again? Are you again with that quotation thing? Please, stop it! You are driving me crazy!
What’s the matter? Don’t you like those things about quoting famous people?
If you think so… And who said that great quotation?
– Lord Thomas Robert Dewar.
Oh! He is as famous a writer as Stephen King!
– Don’t be so ironic. I prefer it when you just laugh… – he pauses for a second, thoughtful. She awaits with her lips half open, with the gesture of having been left cut off – You are as lovely as a baby when you laugh.
-Now, who is being ironic?
– I’m not joking! I love the way you laugh. Those little marks around your lips and your eyes which let me know that you are happy… I don’t know, I just adore that and I’m grateful for being with you.
Now you are melting me… I have no words to answer…
It wasn’t a question either.
After a few minutes in silence , she holds his hands and says:
-What were you saying about parachutes? Even if I’m not going to understand you, I’d like to try. I’d like to know it if it’s important for you.
-Dewar was right. Now your mind is open, now your mind is working. Just like a parachute.

Microrrelatos I: Un campo de minas que explota en una lluvia de margaritas / Short stories I: A minefield exploding in a shower of daisies

– No temas mi vida, estoy contigo.
Y ella se relajó. Le abrazó, cerró los ojos y dejó volar su pensamiento. Sabía que le amaba. Gracias a él había aprendido que el amor es más que una reacción química: el amor es lo que queda cuando la química desaparece.
De repente, se sonrojó. El sonido de los pasos acercándose le recordó a aquel día cuando él corrió más rápido que nunca para agarrarla justo en el momento en el que se estaba cayendo. Y ahora que había tocado fondo y era hora de levantar cabeza de nuevo, ahí estaba él sujetando su mano y tirando de ella hacia arriba. Sí, eso es amor: cuando tu cuerpo ya ni siquiera te pertenece pero él sigue abrazando tus ideas con tanta ternura que podría hacer explotar un campo de minas en una lluvia de margaritas. En la vida, cómo muestras tu amor lo es todo.


Short stories I: A minefield exploding in a shower of daisies

– Don’t fear honey, I’m with you.
And she relaxed. She hugged him, closed her eyes and let her thoughts flow. She knew he loved her. Thanks to him she learnt that love is not just a chemical reaction: love is what remains when chemistry disappears.
Suddenly, she blushed. The sound of footsteps reminded her of that day when he ran faster than ever to catch her at that very moment she was falling down. And now that she had bottomed out and it was time to get up, he was there holding her hand and pulling her up. Yeah, that’s love: when your body doesn’t belong to you anymore but he’s still embracing your ideas with such tenderness that it could make a minefield explode in a shower of daisies. In life, how you show your love means everything.

Reflexiones II: Tú mismo. / Reflections II: You, yourself.

Te miro, te veo, te siento, te pienso.

¿Qué hacer cuando estás tan cerca y a la vez tan lejos?
No lo sé, quisiera saber cómo salir de mí para meterme en ti. Meterme en ti y ser tú y que tú seas yo y así salir de ti mismo, volar a lo alto, verte desde fuera, quererte un rato.
Que te mires, que te veas, que te sientas, que te pienses.
¿Qué hacer si no quieres afrontarlo?

Sigo aquí, tú te fuiste hace ya tiempo a burlar tus demonios con esmero… o sin él, qué más da, al menos lo intentas. ¿Eso es tener fortaleza? Hay que ser aún más fuerte para enfrentarse a uno mismo y acoger al miedo con los brazos abiertos y decirle: ¡ya no te huyo! Y ser tú mismo. Sonreír con la mirada y abarcar el todo y la nada.

Al fin y al cabo, yo te sigo amando. ¿Por qué tú no ibas a hacerlo?Amarte, digo, a ti mismo.

¿Y qué más dará el qué dirán? En esta vida, si uno no se quiere, ni siente ni piensa ni quiere al que tiene al lado.

Ojalá lo vieras y te quisieras. Solo un poco, solo un rato, para verte desde dentro y poder enorgullecerte por lo que has hecho, por lo que eres, por lo que quieres. Porque la empresa más difícil de levantar es la auto-conciencia. Porque no hay acto más noble que abrazar tus entrañas para ensanchar el alma.

*La imagen representa ese abrazo a los propios demonios internos y la aceptación del yo. De ahí la figura que se aproxima al remolino con los brazos abiertos. Si te fijas, en la parte baja del remolino las dos figuras tienen cuernos: son esos demonios de los que hablo. Cuando el hombre (la figura externa) se enfrenta a ellos, los acoge y deja de huirles, va saliendo de su propio torbellino, de ahí que la primera figura del remolino ya no tenga cuernos.


Reflections II: You, yourself.

I look at you, I see you, I feel you, I think of you.

What is there to do when you are all at once so close and so far?
I don’t know, I wish I knew how to go out of myself to get inside of you. To get inside and to become you, so you’d become me to go out of yourself, to fly far above, to see yourself from the outside, to love yourself for a while.
To look at yourself, to see yourself, to feel yourself, to think of yourself.
What is there to do if you don’t want to confront it?

I’m still here. It’s been a while since you left to outwit your demons thoughtfully… or not, who cares, at least you try. Is that strength? You must be stronger to face yourself and to receive your fear with open arms and to tell him: I don’t flee you anymore! To become yourself. To smile with full eyes and to encompass the all and the nothing at the same time.

After all, I still love you. Why aren’t you going to do so? Loving you, I mean, yourself.

And who cares about what people will say? In this life, if one doesn’t love oneself, he doesn’t feel or think or love the one next to him.

I wish you saw it and loved you. Only a bit, only for a little while, to see yourself from the inside and be proud of what you’ve done, of who you are, of what you want. Because the most difficult enterprise to raise is self-awareness. Because there is no higher act of nobility than to embrace your bowels so as to broaden your soul.

*The image represents the embracement of our own inner demons and the acceptance of the self. Therefore, the figure approaching the swirl with open arms. If you pay attention, in the lower part of the swirl the two figures have horns: those are the demons I talk about. When the man (the external figure) faces them, embraces them, and stops fleeing them; then he achieves to go out of his inner whirlwind, which explains why the face at the upper part of the swirl doesn’t have horns.

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