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dos manos entrelazadas

Cómo explicar… I: Te quiero. / Come spiegare… I: Ti amo.

Te quiero sin quererlo, sin buscarlo, sin haberlo imaginado, como se ama al mar y se siente al viento. Como se admira un volcán y se respeta al trueno.

Te quiero sin pensarlo, sin comerlo ni beberlo, sin pretensiones ni aspiraciones, sin víctimas ni cuestiones ni miedos ni falacias ni falsos credos atribuidos a manchas de tinta pasada en el diario roto de tu infancia. Te quiero con todas las letras de tu alfabeto interno, incluso las que no están en mi idioma. Con todos los puntos y comas, con todos los espacios, los tachones, los borrones, los paréntesis y los puntos y finales. Te quiero con todos tus amantes, tus desamores, tus afectos, tus pasiones, tus batallas, tus fatigas, tus frustraciones, tus Excalibures, tus Minotauros y tus barcos de papel. No quitaría ni uno solo, ni uno. Y te doy las gracias por haber pasado por cada uno de ellos, por cada nimio detalle que haya atravesado aunque uno solo fuera de los poros de tu piel, y por haberlos digerido con tal porte que hoy me hacen quererte de esta suerte.

Te quiero fuerte -como el café-, intensa -como el sol andaluz-, pausada -como las dunas- y descaradamente -como los niños-. Te quiero sin berridos, sin palabras insulsas ni gestos resentidos. Sin peros.

Te quiero sin más, como se ama a una mirada, como se esparcen las alas del mirlo al echar a volar, sin más. Sin alarmas ni sobresaltos, desaprendiendo todo lo que creía entender para comprenderte en cada recoveco de tu existencia.

Te quiero porque contigo lo aprendido no sirve de nada y lo nuevo se vuelve obsoleto en un microsegundo de besos.

Te quiero, sin miramientos.

Te quiero, como si nada.

COME SPIEGARE… TI AMO.

Ti amo senza volerlo, senza cercarlo, senza averlo immaginato, come si ama il mare e si sente il vento. Come si ammira un vulcano e si rispetta al tuono.

Ti amo senza pensarlo, senza perché, senza pretese né aspirazioni, senza vittime o problemi o paure o fallacie o false credenze attribuite alle macchie d’inchiostro sul diario rotto della tua infanzia. Ti amo con tutte le lettere del tuo alfabeto interiore, anche quelle che non esistono nella mia lingua. Con tutti i punti e le virgole, con tutti gli spazi, le correzioni, le cancellature, le parentesi, i punti e i punti finali. Ti amo con tutti i tuoi amanti, il tuo cuore spezzato, i tuoi affetti, le tue passioni, le tue battaglie, le tue avversità, le tue frustrazioni, le tue Excalibur, i tuoi Minotauri e le tue barchette di carta. Non toglierei niente nemmeno uno. E ti ringrazio per aver vissuto ogni attimo, per ogni minimo dettaglio che abbia attraversato anche se solo uno fosse dei pori della tua pelle, e per aver sopportato con una dimensione tale che oggi mi fa amarti in questo modo.

Ti amo forte – come il caffè -, intenso – come il sole di Andalusia-, in calma – come le dune – apertamente – come i bambini -. Ti amo senza urlare, senza parole insulse o gesti risentiti. Senza scuse.

Ti amo e basta, come si ama uno sguardo, come si aprono le ali del merlo quando prendono il volo, semplicemente così. Niente allarmi né spaventi, disimparando tutto ciò che pensavo di aver capito per capirti in ogni angolo della tua esistenza.
Ti amo perché con te quello che ho imparato è inutile e il nuovo diventa obsoleto in un microsecondo di baci.

Ti amo, senza riguardo.

Ti amo, come se niente fosse.

 
 
Ilustración de hombre joven rubio de ojos verdes

Relatos III: Leo.

Me llamo Leo. Tengo 30 años pero la gente me suele echar 24 o 25. Tengo los ojos verdes, algo rasgados; la nariz aguileña y los labios carnosos. Tengo el pelo entre rubio y castaño, mido 1.82m y soy de complexión ancha pero no estoy especialmente fuerte. Tampoco creo que sea especialmente guapo.

Normalmente no me describiría físicamente pero me parece que es necesario para ilustrar lo que voy a contar.

Hoy me han pasado una serie de cosas que me suelen ocurrir casi a diario. De hecho, me pasan con tanta asiduidad que no les doy importancia y ya no son ni si quiera anécdotas que contar. Normalmente, son situaciones de las que me río y de las que paso soberanamente. Pero hoy no. Hoy me han hecho pensar, porque últimamente se debate mucho el tema en las esferas públicas y empiezo a plantearme si no debería yo reaccionar de forma más agresiva cuando se me presenten estas situaciones.

Por la mañana, en la oficina, han entrado en mi despacho Lola, mi jefa, y otra mujer:

-Leo, esta señora es Victoria, trabaja conmigo en la tienda. Victoria, este es Leo, nuestro nuevo fichaje.
-Hola Victoria, encantado.
-Ah, sí, sí, hola Leo, pero ya nos conocemos, ¿no? ¿No fuiste a la tienda a hablar con Lola…?
-Ah, sí, es verdad .
-Hombre, claro, esos ojos verdes no se olvidan.- Lo suelta así, como sin nada.
-…Ah, vaya. – Sonrío, sin saber muy bien qué responder. Había ido tan solo una vez a hablar con Lola a su tienda, hacía dos meses de aquello. Yo no recordaba la cara de esta mujer.

Más tarde, caminando al mediodía hacia casa para el almuerzo, he cruzado por una carretera donde no había paso de cebra. Un coche que venía a lo lejos, despacio, ha frenado para dejarme terminar de cruzar. He dado un brinco y he acelerado los tres últimos pasos que me quedaban para llegar a la acera, haciéndole un gesto con la mano a la conductora en señal de agradecimiento. Mientras cruzaba, la he visto por el rabillo del ojo avanzando lentamente tras de mí y, cuando por fin me ha sobrepasado estando yo ya en la acera, se ha parado en seco, ha bajado la ventanilla y me ha dicho: “¡qué pena que no te pillo!”. Y yo me pregunto: ¿piensa de verdad que eso es un piropo? ¿Quizás cree que me va a subir la autoestima? ¿Lo ve gracioso? ¿Se cree buena gente por decirme algo así?

Ni cinco minutos más tarde, pasando por el bar de la esquina dos calles más allá de mi casa, las dos camareras que hacían el turno del mediodía me han visto llegar de lejos y se han colocado la una junto a la otra, una con los brazos cruzados, la otra con las manos en los bolsillos. Al pasar a su lado, he visto de reojo cómo se daban codazos y me hacían un repaso de arriba abajo. Les he visto girar la cabeza siguiendo la dirección de mis pasos. No, no tenían 15 años; pasarían la cuarentena al menos.

Paso por delante de ese bar todos los días al menos tres veces al día y no puedo evitar el camino, ¿de verdad tengo que aguantar ese comportamiento porque sí? He notado arderme las mejillas de furia y vergüenza; ardor que ha subido aún más cuando he pasado por delante del taller que está en la paralela a mi calle y las tres mecánicas han parado su trabajo para mirarme pasar. Una de ellas ha gritado un “¡¡¡hala!!!” que ha hecho a un chaval que estaba apoyado en la pared de enfrente levantar la mirada de la pantalla de su móvil. He llegado a casa en camiseta de manga corta, con el brazo cargando bufanda, jersey y abrigo. Estábamos a 9º, pero yo me sentía a 40º.

Pero la cosa no termina aquí. A las nueve de la noche, cuando salía de la facultad, se ha repetido algo parecido. Estaba escuchando un audio de whatsapp cuando he pasado por delante de un grupo de mujeres y sus cabezas han ido moviéndose de arriba abajo inspeccionándome entero. Cinco calles más adelante, en un semáforo, una trabajadora de la limpieza le ha hecho un gesto con la mirada a su compañera cuando me he parado detrás suya; la otra me ha observado descaradamente a pesar de su intento disimulado y se han intercambiado miradas de aprobación. Estupendo. ¿Es que acaso soy una mercancía a aprobar?

Eso sólo ha sido hoy. Cada día me ocurren situaciones parecidas. Antes me lo solía tomar a broma, no le daba importancia, sobre todo porque nunca me he considerado objeto digno de contemplación. Simplemente, no le echaba cuenta. Incluso he llegado a pararme y dar las gracias en alguna ocasión en que me han echado un piropo con arte.

Pero hoy, no. Hoy me ha llamado la atención que una mujer que me vio hace dos meses se acordara del color de mis ojos: para ver los detalles hay que fijarse muy bien. Hoy me he sentido observado y, por primera vez, me he sentido violento caminando por lo que es mi paseo rutinario entre la oficina, mi casa y la facultad; incómodo, sabiendo que aquella que se ha fijado en mis ojos al verme de frente se ha dado la vuelta para mirarme el culo después.

Me pregunto cómo sería si esto le ocurriera a las mujeres. Nunca he escuchado a ninguna de mis amigas quejarse por que alguien le dijera nada por la calle. Me pregunto si esto es simplemente “porque las mujeres son así, impulsivas”, o si es parte del matriarcado sexista en el que hemos crecido y no nos damos cuenta.

Ser consciente de que mi sola presencia es motivo de juicio, valoración o excitación me hace sentir tremendamente incómodo. Y no entiendo por qué he de sentirme vulnerable caminando por dos calles más allá de la mía, saliendo de la universidad o en mi propia oficina. ¿Es problema mío, de las mujeres, de la sociedad…? ¿Soy yo el que hace un mundo de nimiedades? ¿O quizás deberíamos ponernos de acuerdo todos los hombres y reaccionar de manera más cortante y agresiva ante situaciones así? Con el pretexto de que somos el sexo fuerte, las mujeres nos han tenido siempre bajo su látigo, haciéndonos sumisos para que no usemos la fuerza contra ellas. En lo que va de año, 45 hombres se han suicidado, víctimas del maltrato matriarcal. ¿Cuándo vamos a parar esto?

Ya basta.

*Si te interesa, puedes conseguir la lámina de Leo en este enlace.

Mirada profunda de hombre mayor

Microrrelatos VIII: La respuesta. // Short stories VIII: The answer.

¿Qué estoy haciendo? Me lanzo a los brazos de cualquiera como si tuvieran la respuesta a mis dudas. Me engaño diciéndome a mi mismo que sólo el paso del tiempo tiene la respuesta. La tengo yo, en mi mano. La he sentido digerirse en mis entrañas, la he rumiado como las vacas y, al escupirla, la he agarrado con mis dedos, encerrándola en un puño. ¿Por qué no quiero verla? Quizás sea más fácil esconderse entre historias de botellas perdidas en alta mar y de barcas que no llegaron a anclar…

Pero todo es mentira. La respuesta está ante mis ojos, la tengo bien sujeta en mi puño. Pero me da miedo abrirlo y contemplarla tal y como es. ¿Por qué puede doler tanto? Quizás la clave esté en aceptarse. ¿Qué hice mal? Yo lo sé. Quizás sea hora de pedir perdón.

*El retrato ilustrado que me inspiró este micro relato se titula “La infinita mirada”. Puedes conseguir la lámina en este enlace.

Short stories VIII: The answer.

What am I doing? I throw myself to falling into the arms of anyone like if they handled the answers to my doubts. I lie to myself saying that only in the passage of time I’ll find the answer… I am the one handling it, in my hand. I felt it being digested in my guts, I had ruminated it like a cow, and at the very same moment in which I spit it out, I grabbed it with my fingers confining it within my fist. Why don’t I want to see? Maybe it is easier to hide among stories of long lost bottles in the open sea and of boats that never got to be anchored…


But everything is a lie. The answer lies in front of my eyes, I have it very well clutched between my fingers. But I fear opening up my fist and gazing my own truth as it is. Why can it hurt so much? Maybe the key is to accept oneself. What did I do wrong? I know it. Maybe it is time to ask for forgiveness.

*The illustrated portrait that inspired this short story is titled “La infinita mirada”. You may find it on this link.

Microrrelatos VII: 3 en raya// Short stories VII: tick-tack-toe

Mientras algunos se empeñan en tener una vida perfecta, otros tratamos de jugar al 3 en raya con bolígrafos no pintan.

*Puedes encontrar la ilustración que inspiró este micro relato en este enlace

Short stories VII: tick-tack-toe

While some people devote themselves to have THE perfect life, some of us simply try to play tick-tack-toe with a wasted pen.

*You may find the illustration inspired by this short story following this link

Reflexiones III: Libertad & Castigo / Reflections III: Freedom & Punishment.

La libertad es el mayor regalo de la vida y, a la vez, el peor castigo.

La libertad no es tan solo poder hacer lo que quieras, decir lo que piensas o elegir lo que más te gusta. También es decidir cuando las cosas son difíciles. Si no fuéramos libres, todo sería más fácil: toda nuestra vida giraría en torno a unas normas establecidas que serían la base para decidirlo todo, hasta el café para tomarte a las cuatro de la tarde. Y así, sin tener que decidirse por nada, todo sería más fácil.

Pero eso no es libertad. Libertad es tener la capacidad de elegir una opción dolorosa en una situación complicada, no porque sea precisamente lo más cómodo sino porque es lo más necesario. Y eso duele. La libertad puede doler demasiado. Pero si no fuéramos libres, toda nuestra existencia sería una mentira.

Así que no tengas miedo de sufrir por tener la libertad de decidir algo doloroso. Más vale ser libres que pasar una vida atado a normas que solo existen en el pensamiento colectivo.

Tarde o temprano, te lo agradecerás a ti mismo.
___________________

Reflections III: Freedom & Punishment.

Freedom is life’s most precious gift and, at the same time, its worst punishment.

Freedom is not only to be able to do whatever you want, to say whatever you think, or to choose whatever you like the most. It is also to decide when things get difficult. If we were not free, everything would be easier: our entire life would revolve around some established rules that would conform the base upon which everything is decided, even the kind of coffee you drink at 4 p.m. And so, with nothing to decide for, everything would be just easier.

But that is not freedom. Freedom means to be able to choose a painful decision in a difficult situation, not precisely because it’s the most comfortable thing but because it’s the most necessary. And that hurts. Freedom can hurt immensely. But if we were not free, all our existence would be a lie.

So, don’t be afraid of suffering for having the freedom to choose something painful. It is worthier to be free than spending a life upon rules that only exist in the collective mind. 

Sooner or later, you’ll be thankful to yourself.

Reflexiones II: Tú mismo. / Reflections II: You, yourself.

Te miro, te veo, te siento, te pienso.

¿Qué hacer cuando estás tan cerca y a la vez tan lejos?
No lo sé, quisiera saber cómo salir de mí para meterme en ti. Meterme en ti y ser tú y que tú seas yo y así salir de ti mismo, volar a lo alto, verte desde fuera, quererte un rato.
Que te mires, que te veas, que te sientas, que te pienses.
¿Qué hacer si no quieres afrontarlo?

Sigo aquí, tú te fuiste hace ya tiempo a burlar tus demonios con esmero… o sin él, qué más da, al menos lo intentas. ¿Eso es tener fortaleza? Hay que ser aún más fuerte para enfrentarse a uno mismo y acoger al miedo con los brazos abiertos y decirle: ¡ya no te huyo! Y ser tú mismo. Sonreír con la mirada y abarcar el todo y la nada.

Al fin y al cabo, yo te sigo amando. ¿Por qué tú no ibas a hacerlo?Amarte, digo, a ti mismo.

¿Y qué más dará el qué dirán? En esta vida, si uno no se quiere, ni siente ni piensa ni quiere al que tiene al lado.

Ojalá lo vieras y te quisieras. Solo un poco, solo un rato, para verte desde dentro y poder enorgullecerte por lo que has hecho, por lo que eres, por lo que quieres. Porque la empresa más difícil de levantar es la auto-conciencia. Porque no hay acto más noble que abrazar tus entrañas para ensanchar el alma.

*La imagen representa ese abrazo a los propios demonios internos y la aceptación del yo. De ahí la figura que se aproxima al remolino con los brazos abiertos. Si te fijas, en la parte baja del remolino las dos figuras tienen cuernos: son esos demonios de los que hablo. Cuando el hombre (la figura externa) se enfrenta a ellos, los acoge y deja de huirles, va saliendo de su propio torbellino, de ahí que la primera figura del remolino ya no tenga cuernos.


Reflections II: You, yourself.

I look at you, I see you, I feel you, I think of you.

What is there to do when you are all at once so close and so far?
I don’t know, I wish I knew how to go out of myself to get inside of you. To get inside and to become you, so you’d become me to go out of yourself, to fly far above, to see yourself from the outside, to love yourself for a while.
To look at yourself, to see yourself, to feel yourself, to think of yourself.
What is there to do if you don’t want to confront it?

I’m still here. It’s been a while since you left to outwit your demons thoughtfully… or not, who cares, at least you try. Is that strength? You must be stronger to face yourself and to receive your fear with open arms and to tell him: I don’t flee you anymore! To become yourself. To smile with full eyes and to encompass the all and the nothing at the same time.

After all, I still love you. Why aren’t you going to do so? Loving you, I mean, yourself.

And who cares about what people will say? In this life, if one doesn’t love oneself, he doesn’t feel or think or love the one next to him.

I wish you saw it and loved you. Only a bit, only for a little while, to see yourself from the inside and be proud of what you’ve done, of who you are, of what you want. Because the most difficult enterprise to raise is self-awareness. Because there is no higher act of nobility than to embrace your bowels so as to broaden your soul.

*The image represents the embracement of our own inner demons and the acceptance of the self. Therefore, the figure approaching the swirl with open arms. If you pay attention, in the lower part of the swirl the two figures have horns: those are the demons I talk about. When the man (the external figure) faces them, embraces them, and stops fleeing them; then he achieves to go out of his inner whirlwind, which explains why the face at the upper part of the swirl doesn’t have horns.

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