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Colores en acción

Relatos V: 15 minutos en mi mente

¿Quieres saber qué pasa un día cualquiera en mi cabeza? Sólo 15 minutos, prometo que no será más.

Estoy ahora mismo en el primer avión de vuelta a Sevilla, aún me quedan dos vuelos más. Salgo desde Liubliana, donde he tenido reunión de trabajo para cerrar un proyecto europeo.

Tengo en el asiento de al lado a mi compañera de trabajo, el avión aún no ha despegado. Me he puesto los cascos con “cancelador de ruido” (que no lo llega a cancelar del todo porque no son BOSE y si sabes de qué hablo, sabes que esa marca hace honor a su nombre) simplemente por no oír tanto bullicio en el avión. No sirven de mucho porque igualmente estoy escuchando la conversación de la pareja de delante, las risas del de atrás a mi izquierda, las carcajadas de unos adolescentes tres filas más atrás, otros adolescentes hablando 5 filas por delante, un hombre trabaja con su portátil en la fila delantera a mi izquierda y oigo también el sonido de sus manos sobre las teclas, oigo el ruido de fondo del motor del avión, las azafatas yendo y viniendo, el frufrú de sus faldas, las compuertas de las maletas cerrándose. Todas esas conversaciones no son en español, pero las percibo todas, con mucho sonido de “sh”, “s” y “j”; y doy gracias de que no sea en mi idioma y no las entienda.


Veo a mi compañera de reojo con el móvil, tiene cara de cansada y comparto su cansancio. Al otro lado veo un señor enchaquetado jugando a un crucigrama en el móvil, la pantalla es verde, la veo de reojo pero percibo su color. Acabo de mirar, efectivamente es verde. Miro hacia delante y veo el pelo blanco, los ojos azules y los labios rojos de la señora mayor que se sienta en la fila de delante, a la derecha, que habla con otro hombre más joven que se ríe. A la izquierda de este, veo de reojo la camisa roja y blanca de cuadros de ese hombre que trabaja con su portátil, ese que te he dicho del sonido de las teclas.


Estoy escribiendo esto desde el móvil. Levanto la mirada de la pantalla y veo un mar de cabezas por delante, la mayoría hombres, adolescentes, afroamericanos con pelo largo y rizado; algunos nórdicos rubios de ojos azules. Los veo a todos y miro mis manos escribiendo en el móvil, mis piernas, siento los gemelos cargados y la postura de los pies que no siento cómoda. Y al vernos a todos, ¿sabes qué pienso? En esto:

  • En la fragilidad de la vida: porque si este avión se va al carajo nos vamos todos con él en menos de lo que pasa un segundo, sólo espero que sea rápido y no nos enteremos. Ello inmediatamente me hace imaginar la posibilidad de caer en mitad del océano y que alguno sobreviva, nos veo con los flotadores estos naranjas y pienso que se me da bien nadar y preferiría no llevarlo. Imagino el horror que se debe sentir, el miedo, la desesperación. No quiero más, estaba muy tranquila. Borro la visión de mi cabeza.
  • Y así una palabra surge “paradoja”: la paradoja de la vida entre la riqueza inmensa que supone por un lado; y su gran futilidad por el otro: porque al fin y al cabo, todas estas personas están aquí con una historia a sus espaldas, son padres, hijos, hermanos, amantes… todos piensan que hacen sus vidas y toman elecciones por unos motivos concretos; pero si al final todos vamos a morir, ¿dónde quedará todo eso? Nos veo entonces como hormigas, porque al final somos todos animales y aunque hagamos, digamos y justifiquemos nuestras acciones y nuestra existencia, no somos dueños absolutamente de nada, ni siquiera elegimos nuestro nacimiento o nuestra muerte. Y así, nos siento muy lejanos a todos de algo que nos supera y que no creo que nadie de verdad entienda ni conozca. Filósofos, teólogos, poetas… hablan de ello. Los religiosos de cualquier tipo confían en un dios o en varios, o en la propia energía de la vida que se transforma. Se me viene entonces la imagen de personas a las que he querido un mundo y ya no están; y no sé si desear que estén “en el cielo velando por los suyos” (porque a todos nos gusta sentir la seguridad de que “hay alguien ahí” que nos cuida) o que se reencarnen en otra persona para ver si pueden seguir arreglando la humanidad un poquito más, como lo hacían antes. Si es verdad que ya de ellos no queda nada, menudo desperdicio de talento. (¿Y la humanidad tiene acaso arreglo? ¿Estamos acaso rotos? ¿Qué nos pasa que solo unos pocos hablan verdades y nadie quiere escuchar?) Y ahora veo a mi abuela, y toda la familia “esperando”. Siento el dolor de todos conmigo.
  • Y eso me lleva a desear que ojalá exista de verdad esa otra vida para todos, para los que han sido “buenos” porque realmente se merecen una recompensa; y para los que han sido “malos” porque de verdad necesitan una buena lección. Unos lo llaman cielo e infierno, otros reencarnación, otros inexistencia. Llámalo como quieras, yo sólo espero que de verdad haya “algo” que equilibre lo que hacemos y dejamos de hacer.
  • Así que eso ahora me hace pensar en los buenos y en los malos, en quién carajo somos nosotros para juzgar a nadie si nosotros mismos no sabemos siquiera dar respuesta a nuestros propios comportamientos. ¿Por qué buscamos la paja en el ojo ajeno sin quitarnos primero la propia? Nadie realmente conoce el conjunto de porqués que han llevado a una persona a hacer una determinada acción.
  • Me acuerdo de inmediato de todas las personas que se han cruzado por mi vida y que ya no están porque en una determinada ocasión ellos o yo tomamos la decisión de juzgar que en ese momento no era lo adecuado.
  • Y así me reconcilio con mi pasado, con todas esas personas, les perdono por haberme juzgado, y espero que ellos me sepan perdonar. Recuerdo discusiones estúpidas y pienso en lo tontos que somos todos los humanos.
  • Lo que me lleva a pensar en mi futuro, y a decirme “María por favor recuerda esto, es importante, te ayudará “.

Ahora el avión despega. Me encanta sentir esa sensación de que el estómago se echa para atrás con el impulso. Veo las nubes por la ventana, las montañas, el sol me refleja en los ojos y me molesta, levanto la vista de la pantalla. Se me taponan los oídos, muevo la mandíbula, echo las orejas para atrás. Mi compañera se ha quedado dormida. Siempre me ha maravillado esta gente capaz de dormirse en cualquier parte en un minuto.

Hace un día precioso, me fascinan las nubes flotando sobre las montañas, veo las casas diminutas, el río que recorre las tierras. Vuelvo a sentir la sensación de que no somos nada. En parte me tranquiliza, me quita responsabilidad, siento que es “ahora o nunca” para ser yo.

Siento frío, ¿por qué hace tanto frío siempre en los aviones? Lo leí hace poco porque me hice la misma pregunta y la busqué, pero la verdad es que no recuerdo la respuesta. Tengo muy mala memoria para según qué cosas. Y las azafatas en manga corta, ¡madre mía!

De repente me acuerdo de un favor que me ha pedido una amiga. Pienso que no seré capaz de cumplir, pero voy a esforzarme por hacerlo. No sé hacer nada mediocre, o se hace bien o no se hace, otro pensamiento es simplemente impensable. Y eso me lleva a recordarme que debo exigirme menos y decir más “no”.

Todo esto y el avión solo acaba de despegar. No te he descrito mi mañana desde que me he despertado, ni el paseo por la ciudad antes de ir al aeropuerto, ni la llegada a este, ni la comida basura en el embarque abarrotado. Ni voy a contarte tampoco el resto del día que me queda. Esto es tan solo lo que pasa por mi mente en ¿15 minutos? desde que me he sentado en el avión y este ha despegado. Imagina la cantidad de preguntas que me hago durante el día.

Muchas veces a lo largo de mi vida me han dicho cosas como:

“Eres muy complicada”

“Piensas demasiado”

“Relájate”

… No entienden que a mí esas preguntas no me causan estrés, sino que, por el contrario, me relaja divagar sobre ellas e incluso mejor si puedo reflejarlas de alguna manera (compartirlas en una conversación, crear debate, ilustrarlas en un dibujo, volcarlas en un escrito…)

Y así te dejo. Si has llegado hasta aquí, dime, ¿cuánto has tardado en leer la entrada? ¿15 minutos? Voy a ponerme música, a ver si así veo melodías en mis divagaciones.

Por cierto, ¿de qué color es el miércoles ?
Para mí, blanco.

El lunes es naranja.
El martes, verde.
El miércoles, blanco.
El jueves, azul.
El viernes, morado.
El sábado, azul y blanco.
El domingo, negro.
No me preguntes por qué.

¿Y a qué suena el amarillo?
A canario, a campanas y a flauta.

¿Qué forma tiene la inteligencia?
La de una caracola, por el número áureo.

¿A qué sabe la libertad?
A agua de mar salpicándome en la cara.

Por favor, siéntete libre de dejar tus comentarios 🙂

P.D: la imagen tiene y no tiene que ver con el relato, te explico: no tiene que ver en cuanto al contenido; pero sí tiene que ver porque es la ilustración que diseñé el resto del viaje. ¿Qué interpretas tú de ella? Si te interesa, puedes encontrarla en lámina haciendo clic aquí

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Ilustración de una mujer joven pelirroja de ojos verdes que sonríe

Reflexiones V: Equilibrio. // Reflections V: Balance.

El equilibrio es aquello que consigues cuando en la balanza pesan tanto las tormentas como los momentos de calma.
Es esa línea danzarina que serpentea traviesa en el borde entre el más absoluto caos y el orden extremo.
Es aquello que sientes cuando miras a los ojos a un viejo amigo.

Equilibrio es una cerveza a las ocho de la tarde en una terraza, con unas aceitunas y una servilleta de homenaje al Vaporcito en un lluvioso domingo de primavera.
Es un vaso de agua tras una copa de vino. Una sonrisa cruzada en el autobús. Un paseo en la medianoche de un ajetreado lunes. Unos ojos negros comiéndose a suspiros a otros oliva.

Es una tormenta de verano y un te quiero sollozando; una caricia que se escapa sin pensarlo; y un escalofrío placentero.
Equilibrio es reconocer que te equivocaste y obtener por respuesta una sonrisa.
Equilibrio es cuando sobran las palabras.
Es ese espontáneo regocijo que se siente cuando ese alguien se quita las lentillas y te dice: “nunca me habías visto con gafas, ¿verdad?”
Equilibrio es descubrir el misterio y que surja otro acertijo.
Equilibrio es que alguien responda tu pregunta con una canción.
Equilibrio es saberse entero después de haberse roto por completo.

Somos ensayo y error constante. Eso es el equilibrio. Nosotros somos el equilibrio.

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REFLECTIONS V: BALANCE

Balance is what you get when the storm and the quietness weight the same.
It is the dancing line which meanders naughtily in the border between the absolute chaos and the extreme order.
It is what you feel when looking at the eyes of an old friend.
Balance is a 8 p.m beer in a terrace, at any rainy Sunday of Spring, with some olives and a handkerchief in honor to El Vaporcito.
It is a glass of water after a glass of wine. A exchanged smile in the bus. A walk in the midnight of a busy Monday. A pair of olive eyes been devoured by the sigh of other black ones.
It is a summer storm and a crying “I love you “; a spontaneous caress given without thought; and a pleasant shiver.
Balance is to ask for forgiveness and to be answered with a smile.
Balance is when there is no need to say anything.
It is the sudden delight felt when someone takes off the contact lens and says: “you’ve never seen me with glasses, right?”
Balance is to uncover the mystery and let another riddle rise up.
Balance is when someone answers your question with a song.
Balance is to know that you are complete after having been broken entirely.

We are a constant trial-and-error. That is the balance. We are the balance.

silueta de un hombre sobre fondo negro

Versos libres III: Había olvidado que. / Free verse III: I had forgotten.

Había olvidado completamente que tenía una vida para mí, que yo era vida en sí misma.
Estaba tan alienado por este mundo que se desmorona que me había hundido en el vacío de la emoción, un vacío de existencia.
Había olvidado que una vez había estado lleno de vida, lleno de palabras que contaban las maravillas de las cosas que se quedan por decir y que celebraban los colores del silencio y del ser.
Había olvidado mi pluma, mi lengua, que tenía una mente propia.
Ya no más.

*Puedes encontrar la ilustración original en este enlace.

Free verse III: I had forgotten.

I had completely forgotten that I had a life for myself, that I was life itself.
I was so alienated by this crumbling world that I had drowned myself into the emptiness of emotion, a vacuum of existence.
I had forgotten that I was once full of life, filled with words that told the wonders of the unspoken things and celebrated the colors of silence and being.
I had forgotten my pen, my tongue, that I had a mind for myself.
Not anymore.

*You may find the original illustration on this link.

Reflexiones IV: El amor. // Reflections IV: Love.

¿Qué es el amor?

Cometemos el error de pensar que, cuando estamos destinados a conocer a alguien –¿estamos destinados a conocer a ALGUIEN?– es para estar en una relación romántica. ¿No podemos estar destinados a conocernos porque nuestras almas se buscan y se encuentran para hacerse crecer mutuamente? Tendemos a idealizar el amor como la única manera de estar con la persona que amamos, como si el verbo amar fuera solo posible por, para y entre dos personas en relación exclusiva de reciprocidad absoluta.

Cometemos el error de encorsetarlo (al amor), de hacer de él un molde y esperar que cumpla una serie de características y que suba hasta un determinado volumen, con una temperatura controlada y un tiempo determinado.

El amor es mucho más que eso, es mucho más grande que nuestro poder para controlarlo –ah, ¿pero es que acaso tenemos algún poder sobre él?-. ¿Cómo podemos pretender centrar toda nuestra energía en una sola persona? ¿Y cómo podemos exigirle no solo a esa persona sino a la vida misma –¡¡a la vida!!– que esa concentración de energía y atención sea correspondida y, encima, no solo para siempre –¡¡para siempre!!– sino, además, única y exclusivamente en una relación de dos, de manera recíproca y exclusiva, sin opción si quiera a pensar que exista otra posibilidad?

El amor no entiende el egoísmo en que nos encerramos y nos empeñamos en creer que “TIENE QUE SER ASÍ”. El amor no puede encorsetarse, no entiende de límites, no comprende las fronteras, las atraviesa como un fantasma que ni si quiera se percata de que están ahí esos muros que nos levantamos nosotros mismos.

El amor es tan grande que te trasciende, manejándote como quiere sin importarle tus prejuicios ni tus falsos conocimientos –eso que tienes que aprender a desaprender– y te pone delante a diferentes personas para que experimentes cuantas puedas de todas sus facetas: una madre, un padre, un hijo, un hermano mayor y otro pequeño, un abuelo, un primo, un maestro, un amigo, un primer beso, un segundo, un quinto ya acostumbrado a besar;  hasta un último que sabe a primero cada vez que lo das. Y es también una mascota, una guitarra, el mar, la arena, una mano desinteresada que te ayuda cuando andas desamparado para tornarse entonces en ángel guardián…

Y esta, creo, es la función del amor porque, ¿qué hace si no un padre, un hermano, un abuelo, un amigo, un perro, una melodía o la misma primavera sino velar nuestro camino, amparándonos –protegiéndonos– como guardianes de nuestra dicha y nuestra propia inseguridad? Porque, cuando amamos y nos sentimos amados, crecemos en estima, sentimos una cándida alegría que nos completa – nos llena– y nos envalentona para hacer frente a la realidad que nos abruma. Cada uno en la manera y medida que le corresponde, abriéndose así en abanico las diferentes manifestaciones del amor. Y, tanto es así, que podemos enamorarnos con solo una mirada o con el roce de unos dedos en nuestra piel –y no hablo del amor romántico-.

Y, ¿qué hacemos entonces cuando creíamos que estábamos destinados a conocer a una persona, cuando por un momento pensábamos que aquel sería nuestro único amor para luego descubrir que las circunstancias no son las que deseábamos que fueran y sentimos que la otra persona ha cortado el hilo que nos unía…?

Entonces, nos sentimos rotos y creemos ver en las manos del otro las tijeras que cortaron aquel hilo rojo y, sin pararnos por un momento a pensarlo, rechazamos inmediatamente la idea de que exista alguna otra –cualquier otra– relación con esa persona, nos damos la vuelta y nos marchamos, sin ver que estamos rodeados de hilos que se entrelazan, balanceándose en la brisa propia que emanamos, yendo por distintos caminos, enlazándonos con cientos de almas; y sin ver tampoco que esa persona a la que le pintamos unas tijeras en las manos solo estaba intentando deshacer un enredo que se había formado con tanto hilo.

Cometemos el error de creer que solo hay un hilo que nos une y, por lo tanto, solo habrá una – UNA– persona esperando impaciente al otro lado. Yo creo que tenemos siete veces siete hilos por cada tipo variopinto y distinto de amor que podemos sentir. Cometemos –me repito– el error de pensar que tiene que ser –TIENE QUE– un tipo de amor concreto –UNO SOLO– con una persona especial –UNA SOLA– y, cuando no es así –Y NO SUELE SERLO– rechazamos cualquier otro tipo de amor con dicha persona. ¿Por qué?

El amor no entiende esas exquisiteces. No hablo de “el amor de verdad” porque el amor es verdad en sí mismo, no se concibe de otra manera, no se empequeñece en términos angostos construidos con el material de nuestra propia ignorancia; ni se clasifica su veracidad en niveles. –No se puede coger un “amómetro” y ponértelo en la axila y que te indique: 8º de amor a tu tortuga, 20º a la sinfonía X de Beethoven y 3345º a tu yaya. El amor es puro en todas sus caras y, como tal es veraz y verdadero en todos sus papeles.-

Pero volvamos a las exquisiteces. No, el amor no las entiende. Y es por eso que, cuando el hilo que veíamos carmesí en un momento de fuego interno se torna morado tras la asfixia del incendio, el exquisito lo dejará desvanecerse con las cenizas, ennegreciéndose con el paso del tiempo, sintiendo cómo le tira para atrás de vez en cuando… Solo cuando deje de ser exquisito y egoísta, solo cuando entienda que al amor no le importa su rechazo –porque no entiende de rechazos– solo entonces podrá el inocente sacudir las cenizas del hilo que parecía púrpura agonizante para admirar y extasiarse con el índigo que brota de su fibra, como un haz resplandeciente que, con su calidez, le hace sentir como en casa.

Porque eso es el amor, al fin y al cabo, ¿no?: sentirte en casa en el corazón, sin preguntarte cómo ni por qué, ni dónde ni con quién.

*Si has llegado hasta aquí y te gustaría felicitar a alguien por San Valentín o simplemente decirle que le quieres, puedes descargar esta imagen y enviarla 😉

Reflections IV: Love.

What is love?

We make the mistake of thinking that, when we are destined to meet someone – are we destined to meet ANYONE?– it is in order to be in a romantic relationship. Can’t we be destined to know each other just because our souls look for themselves and they find others to flourish mutually? We tend to idealize love as the only manner to be with the person we love, like if the verb “to love” was only possible by, for and between two people in an exclusive relationship of mutual reciprocity.

We make the mistake of restraining it (love), of making a mold of it hoping that it complies with a specific set of characteristics and that it rises until a certain volume with a controlled temperature and within a given time.

Love is so much more than that, much bigger than our power to control it –oh, do we have by any chance any power over it?-. How can we even try to focus all our energy in one single person? How can we ask not only that person but life itself – life!!– that concentration of energy and attention be reciprocated and, in addition, not only forever –forever!!– but also solely and entirely within a relationship of two people, in a reciprocal and exclusive way, without even the option of thinking that there exists another possibility?

Love is much bigger than all that. It doesn’t understand the selfishness or egotism which we lock ourselves in while we insist on believing that “IT HAS TO BE THIS WAY”. Love cannot be constrained, it doesn’t understand limits, it does not comprehend frontiers, it goes through them like a ghost who doesn’t even perceive the walls we built by our own.

Love is so huge that it cuts across your mind, driving your being at its will without caring about your prejudices or your fake knowledge- that one you should learn to unlearn– and it places different people right in front of you so you experience as many as you can of all its facets: a mother, a father, a big brother and a little one, a grandpa, a cousin, a teacher, a friend, a first kiss, a second one, a fifth one already used to kiss, and even a last one that tastes like the first one every time you give it. And it is also a puppet, a guitar, the sea, the sand, a selfless hand that helps you when you walk lost to end up turning into a guardian angel… 

And this is, I believe, the function of love. Because otherwise, what does a father, a brother, a grandpa, a friend, a dog, a melody or the spring herself do but watching over our path, giving us shelter –protecting us– like guardians of our happiness and our own insecurity? Because, when we love and feel loved, we grow in esteem, we feel a warm joy that completes us – fills us– and emboldens us to confront the overwhelming reality we live in. Each of them in their corresponding manner and measure, giving freedom that way to the different manifestations of love for opening out into your world. And so much so, that we can fall in love with just a glance or a caress –and I am not talking about romantic love-.

So, what do we do then, when we believed that we were destined to meet a person, when for a moment we thought that s/he would be our only love and then we discover that circumstances are not the ones we desired to be and we feel that the other person has cut the thread that tied us…? Then, we feel broken and we think we’ve seen in her/his hands those scissors that cut that red strand… And, without giving it a single thought, we reject immediately the idea of there being another – any other – kind of relationship with that person. We turn around and leave, without seeing that we are surrounded by intertwined strands that swing with the breeze emanating from ourselves in our to-ing and fro-ing, weaving hundreds of souls, and without seeing that the person we saw holding the scissors was simply trying to disentangle a knot that had been formed with so much thread. 

We make the mistake of thinking that there is only one strand tying us and, therefore, there will be only one –ONE– person waiting impatiently at the other side. I believe that we have seven times seven strands for each different and motley kind of love that we can feel. We make – I repeat – the mistake of thinking that it has to be – IT NEEDS TO – one very specific kind of love – ONLY ONE – with one special person –ONLY ONE– and, when it happens otherwise –AS USUAL– we reject any other type of love with that person. Why?

Love doesn’t understand that exquisiteness. I don’t say “true love” because love is truth by itself, it cannot be conceived in any other way, it doesn’t shrink within narrow terms built with the material of our own ignorance; nor can we classify its veracity by levels –You cannot take a “therlovemeter” and put it under your armpit so it indicates: 8º of love to your turtle, 20º to Beethoven’s 10th Symphony, and 3345º to your nana. Love is pure in all its faces and, as such, it is truthful and genuine in all its roles-.

But let’s go back to the exquisiteness. No, love doesn’t understand that. And this is why, when a strand that we thought to be crimson in a moment of inner fire turns purple when the passion suffocates, the refined one will leave it vanishing with the ashes, darkening with the passage of time, feeling how it pulls him back from time to time… Only when he stops being exquisite and selfish, only when he understands that love does not care about his rejection –because it does not understand about rejection– only then will the innocent shake the ashes off the thread that seemed of an agonizing suffocating purple, to contemplate and be astonished by the indigo that sprouts from its fiber, like a glowing beam that makes him feel at home with its candor.

Because that is love: to feel at home in your heart without asking how, why, where or with whom.

*If you’ve read until here and you’d like to say “I love you” to someone, you may download this image and send it with love 😉

Mirada profunda de hombre mayor

Microrrelatos VIII: La respuesta. // Short stories VIII: The answer.

¿Qué estoy haciendo? Me lanzo a los brazos de cualquiera como si tuvieran la respuesta a mis dudas. Me engaño diciéndome a mi mismo que sólo el paso del tiempo tiene la respuesta. La tengo yo, en mi mano. La he sentido digerirse en mis entrañas, la he rumiado como las vacas y, al escupirla, la he agarrado con mis dedos, encerrándola en un puño. ¿Por qué no quiero verla? Quizás sea más fácil esconderse entre historias de botellas perdidas en alta mar y de barcas que no llegaron a anclar…

Pero todo es mentira. La respuesta está ante mis ojos, la tengo bien sujeta en mi puño. Pero me da miedo abrirlo y contemplarla tal y como es. ¿Por qué puede doler tanto? Quizás la clave esté en aceptarse. ¿Qué hice mal? Yo lo sé. Quizás sea hora de pedir perdón.

*El retrato ilustrado que me inspiró este micro relato se titula “La infinita mirada”. Puedes conseguir la lámina en este enlace.

Short stories VIII: The answer.

What am I doing? I throw myself to falling into the arms of anyone like if they handled the answers to my doubts. I lie to myself saying that only in the passage of time I’ll find the answer… I am the one handling it, in my hand. I felt it being digested in my guts, I had ruminated it like a cow, and at the very same moment in which I spit it out, I grabbed it with my fingers confining it within my fist. Why don’t I want to see? Maybe it is easier to hide among stories of long lost bottles in the open sea and of boats that never got to be anchored…


But everything is a lie. The answer lies in front of my eyes, I have it very well clutched between my fingers. But I fear opening up my fist and gazing my own truth as it is. Why can it hurt so much? Maybe the key is to accept oneself. What did I do wrong? I know it. Maybe it is time to ask for forgiveness.

*The illustrated portrait that inspired this short story is titled “La infinita mirada”. You may find it on this link.

Microrrelatos VII: 3 en raya// Short stories VII: tick-tack-toe

Mientras algunos se empeñan en tener una vida perfecta, otros tratamos de jugar al 3 en raya con bolígrafos no pintan.

*Puedes encontrar la ilustración que inspiró este micro relato en este enlace

Short stories VII: tick-tack-toe

While some people devote themselves to have THE perfect life, some of us simply try to play tick-tack-toe with a wasted pen.

*You may find the illustration inspired by this short story following this link

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